Nadie diría que el muchacho de auriculares y campera deportiva que deambula por la calle Río Negro ocupa su tarde tomando notas mentales sobre esta ciudad ajena y sus habitantes y espera hasta la noche para convertirse en un bufón dispuesto a llevar al límite los gestos de su personaje teatral.
El actor y escritor italiano Matthias Martelli (Urbino,1986) estuvo de visita por Montevideo la semana pasada con un proyecto personalísimo. El miércoles, agotó el aforo de la sala Delmira Agustini del Teatro Solís con Mistero Buffo, una versión actualizada del clásico de Dario Fo (1926-2016), Nobel de Literatura 1997, y su pareja, la actriz, escritora y política Franca Rame.
A partir de una propuesta de teatro físico, en la que “la ironía, la poesía y la sátira se convierten en herramientas de narración y contrapoder”, el texto “combina la tradición medieval del bufón con una fuerte tensión contemporánea, entrelazando historia, política, arte y mito”. Para Martelli, un rescatista de la comedia del arte, referente mundial del antiguo género del teatro popular, e histrión que podría recordarnos las destrezas de los uruguayos Eduardo D´Angelo y Luis Orpi, Mistero Buffo no es una obra más.
Con ella recorrió Europa, desembarcó en China y Estados Unidos, acumulando más de 250 actuaciones. Reestrenada en su 50 aniversario en 2019, el periodista Rodolfo Di Gianmarco del diario La Repubblica se refirió a esta versión del monólogo como “un tren de actores” y definió al artista como “un campeón de la dinámica que pesca en la risa”. Por su parte, el periódico La Stampa habló de un intérprete “pirotécnico e irresistible” y una reseña del London Theatre recomendó “una de las experiencias más fascinantes del teatro físico que se pueden presenciar en toda una vida”.
Sobre su gira, su relación con esta obra y el hallazgo de su vocación, Martelli conversó con la diaria.
¿Cómo te lleva esta vida de viajes constantes con la obra? ¿La disfrutas?
Es increíble para mí. Porque me permite descubrir países y culturas diferentes. Creo que es una de las cosas que más me llena. Y cada país me genera mayor curiosidad. Quiero quedarme y preguntar a la gente, ver la historia. Incluso empecé a escribir algo. Yo también soy escritor de mis espectáculos, y esta gira me motivó a empezar un libro sobre estos viajes que estoy haciendo ahora.
¿Como un diario de viaje?
No sé. Creo que es algo más filosófico, que tiene que ver con el sentido de la vida. En cada parte del mundo es diferente, ¿no? Tiene que ver con la historia, con la cultura, con la religión. Entonces, más que un diario de viaje, es una búsqueda de sentido.
¿Qué te ha parecido Montevideo?
Me parece muy tranquila como ciudad y la gente me gusta mucho, porque es amable. Se puede hablar tranquilamente con cualquiera. Y entiendo que hay una cultura parecida a la cultura europea, ¿no? Hay muchísimos italianos y españoles aquí.
Esta ciudad cambia mucho cuando sale el sol.
Estuviste en la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático dando una masterclass. ¿Cómo te fue?
Fue muy interesante porque hay culturas teatrales diferentes y partes que son parecidas. Yo expliqué lo que hago, que es un teatro bastante raro y bastante diferente del teatro oficial. Incluso en Italia no es un teatro que la gente haga a menudo: el teatro del juglar, que sería algo distinto al del bufón que hace reír al rey. Es algo más satírico que tiene que ver con el cuerpo, con la gestualidad y con la mímica, como herramientas para contar todo. Y es que incluye historias de la actualidad y también historias del medioevo que tienen que ver con este presente. Esto es algo que viene de la comedia del arte, de una forma de hacer teatro que tiene casi 500 años.
¿Cómo te hiciste actor?
Primero estudié historia en la universidad. Y luego, en un momento de crisis, en el que no sabía qué hacer, porque me interesaba la investigación en historia, pero no había muchas oportunidades y se me hacía todo muy difícil, llegó una oportunidad para hacer un espectáculo con máscaras de teatro en la calle. Y luego de eso, un colega me dijo: “Tienes que ir a Torino a hacer una escuela increíble de teatro físico”, que tenía una base en el método del francés Jacques Lecoq. Seguí su consejo. Fui a Torino, entré en esa escuela, y después de una semana dije: “Este es mi camino”. Como cuando encuentras algo y dices: “Esto es mío”.
Y antes de llegar a ese momento ¿había algo de la actuación, del cine, o del teatro que te llamaba la atención, o que te generaba curiosidad?
Claro, sí. Cuando tenía 10 años me golpeó mucho el espectáculo de Dario Fo, Mistero Buffo, que hago ahora. Lo vi por primera vez en una transmisión de la televisión italiana. Mis padres me dijeron: “Tienes que ver esto”. Y estaba este tipo, Dario Fo, que jugaba como si fuera un niño y tenía 50 años. Con mímica, con gestos, transformándose en personajes diferentes. Era una manera de acercarse al teatro menos tradicional, un teatro diferente del teatro.
Y al momento de empezar a estudiar actuación, no dudaste en inclinarte hacia la comedia del arte.
Hacia la comedia del arte y el teatro popular que tiene mucho de teatro físico. En la escuela se estudiaba de todo: acrobacias, improvisación, máscaras. Entonces, era una manera de hacer teatro que tenía más que ver con el cuerpo que con las palabras.
¿Dirías que tu aprendizaje teatral fue sencillo o dificultoso?
He tenido que trabajar mucho. Porque a pesar de Dario Fo, yo tenía incorporada una idea del teatro que pertenecía a la lógica, a las palabras. Y en un momento me di cuenta de que había que liberar un tipo de energía dentro del cuerpo, para quitar la vergüenza, y expresarte lo máximo que puedas. Y cuando lo logré, fue increíble, porque descubres tu propia energía, pero no fue fácil.
Conversando ahora este rato, da la sensación de que sos muy diferente al que se sube arriba del escenario.
Completamente. Otra persona.
Un crítico italiano te definió como un “pirotécnico de la actuación”. ¿Qué opinas sobre esa idea?
“Pirotécnico” me gusta, porque cambia la manera de hacer teatro. Uno cambia el timbre, el volumen de la voz, cambia la mímica, el personaje, las posturas. Un pirotécnico sorprende mucho. Así que me parece bien esa manera de ver lo que hago.
Viendo algunos fragmentos de tus obras, pensaba que en la actualidad hay muchos políticos que tienen mucho de bufonesco. A los presidentes Donald Trump y Javier Milei les ha ido muy bien con ese estilo de comunicación. ¿Alguna vez pensaste en convertirte en político?
No, nunca. A mí me gustó muchísimo, por ejemplo, Pepe Mujica, que habéis tenido aquí; sin conocer el caso en profundidad, me parece una persona maravillosa.
Con algunos, no quiero decir que todos los políticos sean iguales, pero si pienso en lo que pasa ahora, estoy muy preocupado. Porque el bufón hace de bufón y luego, cuando vuelve a la vida, es una persona que tiene una seriedad, pero no una seriedad triste, una seriedad en el sentido de que no es un hipócrita, como puede ser en escena. Ahora los políticos son hipócritas y terribles, que hacen y actúan sin emoción, sin empatía. El actor, en cambio, cuando sale al escenario debe tener empatía. Y estos políticos me parece que son bufones sin empatía, que es la peor combinación.
Un video en Youtube te muestra cómo una especialista en el grammelot, un código teatral que usás en la obra que traes a Montevideo. ¿Podés contar de qué se trata?
El grammelot es algo muy interesante, porque es una técnica teatral de los juglares que tomó Dario Fo, y que consiste en la imitación de un idioma que existe, pero sin palabras verdaderas.
Entonces, por ejemplo, puede probar con el grammelot inglés. Tú no estás hablando inglés, pero suena como si supieras. Es un lenguaje de sonidos y de gestos. Tú no dices nada, pero puedes contar historias.
Los juglares usaban el grammelot para actuar. También dentro de la misma Italia, cambias de ciudad, y hay otra manera de hablar. De pronto, no se entendían el de Bolonia con el de Milán, pero a través de este lenguaje todo el mundo puede contar historias sin palabras y compartir un mismo código. Según Darío Fo, los juglares hablaban este idioma, que además es un idioma político, porque no te pueden censurar. En teoría, no estás diciendo nada. Y a mí me sigue sorprendiendo cómo en China la gente se ríe muchísimo con el grammelot.
Misterio Buffo se basa en una serie de monólogos e historias. ¿Podrías detenerte en una de ellas?
Esta obra es multiforme, en el sentido de que está compuesta de juglarías. O sea, trozos cerrados, que empiezan y se acaban en 10 minutos, 15 minutos. Y las juglarías son muchísimas, al punto de que si tuviera que hacerlas todas, la obra duraría como un día y una noche. Yo tengo cuatro horas y media de espectáculo, y cada vez que lo hago, me quedo con una selección. Una de las historias es la de un papa del 1300, que se llamaba Bonifacio VIII, que era un papa rey, un papa rico, que mataba a los heréticos. Y es increíble, porque hablando de Bonifacio VIII, Darío Fo habla de toda la gente que maneja el poder hoy, la misma arrogancia, la misma hipocresía.
¿Pudiste conocer a Darío Fo?
Sí, es una historia que me gusta mucho contar, porque para mí es fundamental. Cuando tenía 23 años, estaba haciendo la escuela de actuación en Torino. Había un examen en el que tenía que contar la vida de un actor, o de un director, muerto o vivo, y lo debía contar dentro de un espectáculo, pero no dejaba de ser un examen. Entonces pensé: “Voy a escribirle a Dario Fo”. Yo tenía 23 años, él 83, y era un Premio Nobel para Literatura, alguien muy famoso en todo el mundo, inalcanzable. Yo quería decirle: “Empecé viendo tu espectáculo cuando tenía 10 años, sé que es imposible, porque tienes un montón de gente que quiere conocerte, pero me gustaría hablar contigo”.
Entonces lo busqué en Google, y encontré una dirección de correo electrónico. Le escribí, pero no me contestó nadie.
Luego insistí otra vez, y después de dos meses, me llegó una respuesta: “El maestro quiere tu número”. Yo envié mi número, y me llamó al móvil. Y me dijo: “Si quieres venir por aquí, hablamos”. Y así lo conocí. Fue increíble, porque creo que esto es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. O sea, si tienes una pasión grande, no hay que tener miedo; prueba, haz algo, también parece imposible que pueda suceder.