Mux: 202X
Aunque no lo puedo evitar, me digo que debe estar mal comparar cada novedad de Mux con Mux, su obra maestra de 2016. Sobre todo porque, como desde los comienzos, su deriva natural sigue siendo la de no alejarse del desconcierto y la deformidad.
Tranquilidad: 202X, el nuevo álbum de la banda de Fabrizio Rossi Giordano, trae “Criptonita”, un temazo con el que demuestra de todo lo que es capaz y de lo que rara vez tiene ganas. En ese soul acuático y analógico se mezcla el susurro de Rossi con la voz de Pilar González, en la mejor música nunca escrita para Massive Attack, que incluye “Tarariras”. Pero a Mux no le interesa pegarla con una canción de amor así de redonda. Prefiere que cualquier interpretación del oyente se interrumpa con otra cosa que nada que ver.
Hacen eso cuando comienza “Memorando” y en “Hormiguita”. Solo ellos saben de qué están hablando. Usan cierta maldad, la de las luces malas, y se divierten. Un rompecabezas que no vale la pena armar, pero que conviene escuchar. Un racimo de tiempo cayó / fermentando en el sol / transformó la memoria”, apuntan en “Otra voz”.
Fuerza álla, Ximena Bedó.
Ximena Bedó: Fuerza álla
El cuarto disco de Ximena Bedó comienza con un eco perdido de su voz y no demora en explotar hacia un rock diabólico. En ese carácter poseído, invoca imágenes de un traje y un puño. Luego del breve pero intenso recitado de “Fuerza álla”, lo que sigue logra el efecto de contraste. Los versos o las palabras sueltas de “Mi nombre” apenas si se sostienen en unas notas sueltas y salvajes.
El resto del disco confirma a Fuerza álla como un disco extraño y musicalmente complejo que, sin embargo, resulta amigable y contagioso. La rítmica, la intencional atonalidad y la poesía encendida de la artista uruguaya invocan imágenes de un ritual indígena que recién acaba de comenzar. Ideal para los amantes de Kate Bush y Tori Amos, para los antivacunas y aquellos que estén buscando en qué creer sin dejar de escuchar en sus auriculares música de lo más original.
El éxito de la depresión, Juan Peralta.
Juan Peralta: El éxito de la depresión
Con Barriobot, un experimento solitario y rústico, el promisorio Juan Peralta mostraba su atrevimiento y un montón de talento al servicio de un sonido marginal. Casi diez años después vuelve con un disco mucho más clásico y profesional.
En El éxito de la depresión el cantautor del superunder montevideano mantiene su esencia, suena a Eduardo Darnauchans y Dani Umpi y entrega una dosis de noble indie, acompañado por Nacho Piñas (Fachos Agogó) y subido a su poesía de perdedor urbano. En “Noche depresiva” las vibras de Television, de Tom Verlaine, encuentran su mejor versión oriental. “Las modas” convence desde su texto genuino y sus vueltas de soul low fi. A buscarlo ya mismo a Youtube.
Las Flores de Mal, Invierno.
Las Flores de Mal: Invierno
El veterano José de Olarte, uno de los personajes más inquietos de la escena musical local, dejó atrás una larga carrera de la mano de su banda emblema, Los Oxford, que se animó a jugar al brit-pop, el punk, el noise y el garaje, con suerte dispar. Ahora, recluido en Punta del Diablo e inspirado en Charles Baudelaire, Joselo se presenta bajo el manto de Las Flores del Mal, con cuatro cambios debajo de su habitual energía y su inconfundible impronta de rockstar.
Lejos del glamour de antaño, esta versión del artista se apoya en una psicodelia casera de fogones en la playa. En las composiciones del EP Invierno, firmadas por Alfredo Chole Gianotti, de La Abuela Coca, resalta la precisión y las imágenes simples. “Algunas sensaciones / no siempre van por dentro”, canta Joselo en “Candombe diablo”, la más ruidosa y bipolar de este álbum que mezcla sensibilidades personales y persigue algún tipo de sanación.
Coraza Digital, Leandro Andrés.
Leandro Andrés: Coraza digital
Con este LP el cantante de Lo Naranja de Luz inicia su carrera solista y se da el gusto de hablar de sus heridas con arreglos musicales épicos y exagerados, y dedicarle una canción a Tüssi Dematteis, de La Hermana Menor, al que define como “la piel de Montevideo”. Teclados y guitarras brillantes de pop pretencioso de The Magnetic Fields, rock del estilo Tom Petty, música rutera para finales cinematográficos. Con mucho riesgo y una gran personalidad, Leandro Andrés Itza sigue la tradición de versos largos como los de Fito Páez, Andrés Calamaro y su santo, Bob Dylan, con una tónica reflexiva y esperanzadora y estribillos bailables.
El sábado 3 de octubre se presentará en la sala Ducón (Durazno y Convención) junto con Compost. Entradas a $ 300 en Redtickets.
Año Nuevo, Lucía Caballero.
Lucía Caballero: Año nuevo
“No quiero ver camionetas blancas / en las calles por las que camino”, canta Lucía Caballero en la canción más pegadiza de su disco debut. Con un poco de Pixies, otro de synth pop al estilo Lewis OfMan y una voz muy personal, la cantautora uruguaya logra delinear un universo atractivo de efervescente y dolorosa juventud. Las letras dicen y no dicen.
Algo escondida en la envolvente estrategia de bajos y guitarras desganadas, la protagonista avanza por su ciudad; en “Al este”, con un logrado ritmo de Happy Mondays, menciona “los días que hicimos desastres” y en “Cartas y postales” reprocha: “Vos me dejaste sola en casa / tomando vino en taza”.
Ney: Ney
Si te gustan los Ladyjones, la música de los hermanos Ibarburu y seguís endiosando los discos de Opa, no te olvides de fijarte qué hay en la vuelta en esa sintonía. Además de sacar jugadores de fútbol y analistas políticos a patadas, Uruguay sigue siendo tierra fértil para el virtuosismo jazzero. Los Ney recién salen al mercado y se traen entre manos un disco de pisada fuerte para codearse con los más salados de la ciudad.
Si todo salió de la improvisación, los 50 minutos de Ney son demasiado buenos. Si su manufactura es hija de una premeditada planificación, igual se notan la astucia y las horas de escucha jazzística. No falta el candombe, y cada apuesta se sostiene por sí sola sin la necesidad de esperar el próximo track o la ventaja del acumulado. Abran cancha.
