Saltar a contenido
Cultura Cine, TV, streaming
Resident evil, noche cero.

Resident evil, noche cero.

Resident Evil: Noche Cero: la mejor película inspirada en los videojuegos

El director de Weapons combina a la perfección el horror zombi con sus tradicionales toques de comedia.

Hace más o menos un año, el estreno de Weapons convirtió a Zach Cregger en “el director del momento”, algo que más tarde sucedería con el director de Obsession y con el director de Backrooms. Cregger tuvo su tradicional rondita de prensa y, en conversación con The Hollywood Reporter, reveló que se encontraba en Praga realizando la preproducción de su nueva película: una nueva adaptación de los videojuegos de Resident Evil.

Mi primera reacción, al recordar alguna de las películas anteriores protagonizadas por Milla Jovovich, fue algo como “seguro firmó por este bodrio antes de pegarla”. Meses más tarde, habiendo visto Resident Evil: Noche Cero, estoy dispuesto a ver una película de Tetris escrita y dirigida por Cregger, siempre y cuando le den un mínimo de libertad creativa.

Confieso que no me he acercado a esa saga de videojuegos, que suelen exigir unas habilidades sensomotoras de las que carezco, así que poco me importó el grado de fidelidad. Pero por lejos fue lo mejor que vi en cuanto a aventuras dentro de un mundo asolado por una extraña plaga zombi y con una megacorporación malvada (valga la redundancia) detrás de todo.

El primer tercio de la película es oro puro. Oro negro, no por el petróleo, sino por la noche cerrada en la que transcurre la historia. Todo comienza en un hospital, donde una suerte de Uber de órganos y otro material sensible recibe la orden de llevar un paquete al hospital de Raccoon City, la ciudad que suele llevarse la peor parte en los videojuegos. Para llegar hasta ahí deberá conducir por una ruta nevada en medio de la noche. ¿Qué podría salir mal?

Bryan (Austin Abrams) es el protagonista perfecto para una aventura de este tipo. En primer lugar, por su absoluta falta de instinto de supervivencia. Es verdad que solamente el público sospechará que la mujer que acaba de arrollar con su auto es una zombi, pero continuará cometiendo errores a lo largo de 95 minutos. En segundo lugar, es ideal porque es un tipo inquieto que se pasa hablando solo, y la mayoría del tiempo es el único protagonista “parlante”, ya que los zombis no son muy charlatanes. No es que su monólogo explique lo que está ocurriendo, sino que sus reacciones le agregan otra capa a la historia.

Todo el segmento que transcurre en el medio de la nada (lo mejor de la película) está fotografiado con una maestría que debería avergonzar a la mayoría de los creadores del cine comercial de los últimos años. Las audiencias se han acostumbrado a que en las escenas nocturnas no se vea absolutamente nada, mientras que el director de fotografía Dariusz Wolski, ladero recurrente de Ridley Scott, dice Fuck it (o su equivalente en polaco). Sus noches se ven casi como una historieta en blanco y negro, pintadas eventualmente de rojo y azul por las luces de un patrullero.

Con el correr de los minutos, y de los zombis, Bryan se dará cuenta de que algo anda mal. Sin perder eficacia tanto en el horror como en la comedia, Noche Cero homenajea al medio en el que nació su universo y nos muestra al protagonista actualizando su armamento, contando la munición que le queda y prácticamente subiendo de nivel con escenas encadenadas que podrían ser diferentes “pantallas” de un videojuego, cada una con obstáculos propios y dificultad en ascenso. El homenaje también se hace notable en el uso de la perspectiva en primera persona y en tercera persona, que remiten a la visión que solemos tener del personaje que controlamos.

El guion de Cregger y Hatten somete a Bryan a una sucesión de momentos en los que la tensión se va acumulando y cuando explota nos sacude en el asiento, aunque supiéramos que eso iba a ocurrir. Nuestro pobre protagonista no solamente debe atravesar un túnel espeluznante; el túnel está bloqueado por una autocaravana a la que deberá entrar, para luego salir por la puertita del fondo. ¿Qué es ese ruido? ¡No te acerques! Se acercó. Típico de Bryan. Espero que le vaya mejor en las alcantarillas.

La subtrama de la novia de Bryan no solamente nos provee un costado humano y una limitada interacción, sino también la motivación del personaje para hacer las cosas bien, pero en particular para salir de ahí con vida. Que es un montón.

Sobre todo porque, más allá de los aliados que logre hacer por el camino (y lo poco o mucho que logren ayudarlo en su misión), irá acumulando enemigos cada vez más extraños, que combinan tentáculos casi extraterrestres con fusiones humanas dignas de las peores pesadillas. El nivel final, por supuesto, será el mismísimo hospital al que debe llevar su recado. Y más allá de que los gráficos, por seguir jugando con conceptos del videojuego, ya sean un poco más genéricos, seguirá habiendo miedo y comedia. Porque esta es una película que te sacude del asiento también cuando te reís.

Los últimos minutos me recordaron, emocionalmente, a aquellos últimos minutos de Rogue One en los que los rebeldes se pasaban el pendrive con los planos de la Estrella de la Muerte mientras Darth Vader los iba achicharrando de a uno. Así de mucho me gustó.

La editorial DC Comics atraviesa un resurgimiento creativo gracias a su iniciativa All-In, que básicamente se resume en “dejar que los creadores cuenten la historia que tengan ganas, y luego vemos cómo conecta con la continuidad”. Entre ese ejemplo y lo que acaba de hacer Cregger, es hora de perderle el respeto a las franquicias y los universos compartidos, y volver a contar las mejores historias posibles.

Resident Evil: Noche Cero. 95 minutos. En cines.