la diaria Música

Alfonsina (Archivo, diciembre de 2023)

Foto: Rodrigo Viera Amaral

Alfonsina: “Si sos la misma persona cuando empezaste una canción que cuando la terminaste, no hiciste nada”

La artista presenta Pausa y fogueo este viernes en La Trastienda, y cuenta cómo fue el proceso del álbum, que nació de “buscar un espacio compartido”

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“Tengo un álbum hecho, que está muy lindo y me gusta mucho, pero lo cajoneé”, dice la cantante, guitarrista y compositora Alfonsina, sobre un disco que cataloga como de “soul electrónico, muy experimental” y que quedó grabado a medias porque sintió que no era el momento de publicarlo. Así fue que enfocó todas sus luces creativas en Pausa y fogueo, su cuarto disco de estudio, que fue editado en marzo y presenta este viernes en La Trastienda.

El álbum, que fue producido por la cantante y Alejandro Schmidt, es esencialmente acústico, con canciones que dejan lugar para respirar, y hasta incluye dos pausas –tituladas así–, con pequeños soliloquios a cargo de Alfonsina. “A menudo cuesta entender el rol de la pausa / el silencio es una madre que ríe / crecemos en su regazo”, dice en la primera “Pausa”, sobre una guitarra acústica que esboza un arpegio, un coro angelical y el cantar de los pájaros.

Algunas de las canciones del disco son reversiones de material de sus álbumes anteriores. En entrevista con la diaria, Alfonsina cuenta que las quiso grabar de otra forma –y con otros invitados, varios de los que estarán en la presentación del viernes– porque son “las más humanistas, las que más hablan de la construcción de un nosotros”.

Repasando tu discografía me llamó la atención que en tu perfil de Spotify, al aparecer juntas las portadas de tus últimos dos discos, contrarrestan mucho cromáticamente: en Pausa y fogueo predomina el blanco y en el anterior, La terrible fe(2024), el color negro. Obviamente, también reflejan un cambio musical.

La terrible fe tenía como subtítulo “ocho formas de brillar en la oscuridad”, relacionado con responder a un derrumbe. Fue un disco hecho en la pandemia, etcétera, etcétera, y tuve que navegar en ciertas profundidades y dificultades. Este álbum es una apuesta a todo lo contrario de la oscuridad: en lugar de seguir hurgando en el interior y en los laberintos –que igual me interesa mucho–, buscar un espacio compartido, y para eso necesito que sea transparente y luminoso, y necesito exponerme. El álbum es mucho más vulnerable y mucho más claro.

¿Por eso tomaste la decisión musical de reversionar algunas de tus canciones con guitarras acústicas y que tengan más aire?

Sí, el tema de lo orgánico tiene que ver con que en esta etapa de mi vida siento una revalorización muy fuerte del estar juntos, porque la compu suplió el momento en el que no pudimos estar juntos, ni compartir los escenarios ni un montón de cosas. Se me hizo un aprendizaje muy fuerte y me di cuenta de que lo más impresionante que me ha dado la música han sido las conversaciones rumbo al ensayo, las charlas justo antes de salir al escenario y esas cosas.

Yo preciso espacios para estar sola porque pienso y leo mucho, pero me di cuenta de que no me hago sola, de que todo se lo debo a alguien, desde la vida –tengo que ser agradecida por eso–. Y cada instrumentista que ha tocado conmigo y cada disco que me alcanzaron, que a su vez lo grabaron algunas personas a las que también me debo. Entonces, este disco pone de manifiesto eso, la potencia de la vida en comunidad.

Si bien en La terrible fe abordás la oscuridad, musicalmente tiene un pulso bailable y electrónico, no es oscuridad pura a lo Leonard Cohen. O sea, es como “está todo mal, pero bailemos”.

Totalmente, fue una resistencia a un momento muy triste. ¿Cómo puedo, desde mi lugar, que tengo que salir para delante de este derrumbe, ponerle buena cara a esto? Entonces, surgió en la pandemia, haciendo una canción por día a partir de músicas que pedí que me mandaran por Instagram. Ahí ya empezó esto de salir de Pactos [2017], que es un álbum en el que, aunque estuve acompañada por muchas personas, mi criterio fue el que se estaba construyendo ahí. Después vino la pandemia y me di cuenta: “Somos juntos”. Y ahora doy un paso más: no es que somos juntos, sino que realmente yo no soy nada.

Imagino que el proyecto Filo, la banda que formaron hace poco con el guitarrista Marcelo Fernández, de Buenos Muchachos, te permite descargar tu parte más eléctrica con la guitarra Telecaster.

Exactamente, con Filo tengo la oportunidad de meterle mucho la mano a la oscuridad, a lugares retorcidos, energías agresivas y bellas –no digo que nada de esto sea malo, me encanta, y para eso tengo la guitarra eléctrica–. Gracias a Filo, como guitarrista aprendí a ir a rincones que nunca hubiera ido, y también, un poco como contrapeso, surge Pausa y fogueo. “Pará, y la parte más tierna y amorosa, que quiere cuidar lo que hay, ¿dónde la pongo?”. La puse acá.

“Perder algo de tiempo”, la canción que abre el disco, es una de las que reversionaste y cuenta con Paulinho Moska como invitado, también va a estar en el toque del viernes. ¿Cómo surgió el contacto para grabar con él? Me parece que ambas voces se empastan perfectamente, pero hasta que no grabás la canción no lo podés saber a ciencia cierta.

Está bueno eso que traés porque las voces se empastan perfectamente una vez que está todo hecho, y tu trabajo como artista es hacer algo que luego parezca que nació así, como que era el destino. Sin embargo, detrás de eso hay un montón de trabajo y algo que previamente no había. Ese es el poder de la música: no hay nada o hay cierta situación, y de ahí vamos a sacar algo de alguna manera perfeccionado. Porque la música nos da esa oportunidad, de que en un espacio seguro trabajemos con la densidad de la vida, de la realidad, del sufrimiento interior y del que hay en el mundo, lo que conlleva la vida humana. Entonces, hacemos un trabajo y lo embellecemos hasta que queda como un mojón donde luego podés refugiarte. A la voz de Paulinho la siento maravillosa. En la pandemia, justamente, él me había enviado un audio con una versión de “Perder algo de tiempo”. Yo tenía ese audio en la conversación hacía unos años ya, pero no habíamos hecho nada con eso. Entonces, en el momento en que Pausa y fogueo empieza a querer, pensé en él.

Al inicio de esa canción se escucha el fluir del mar, como una cuestión explícita de mostrar la naturaleza.

Es para no excluir de la música al mundo real, tiene que ver con la práctica de la meditación: no es solamente lo que yo quiero que aparezca, sino también lo que hay si abro las orejas. Entonces, eso, en vez de filtrarlo de mi grabación y borrarlo, lo traigo, como el canto de los pajaritos mientras grababa los pedacitos de poemas y todo eso. Los pajaritos estaban ahí y le pedí a Ale, que estaba grabando, que abriéramos la puerta y los pusiéramos, porque es un gesto para enamorarse de lo que hay, de la cotidianidad.

Estaba pensando en lo que decías sobre el proceso que lleva crear una canción y es todo lo contrario a lo que pasa con la inteligencia artificial (IA), que le pedís esto y lo otro, bien concreto, y lo hace al instante; no hay proceso.

Claro, si la IA la usás como herramienta, le decís “haceme esto”, pero luego eso lo llevo a la banda, llamo a un músico, le pregunto si quiere, tocamos juntos y empezamos a darle vueltas, etcétera, hay un proceso; pero si te quedás con la canción del Chat GPT, no dejaste que tu arte te transforme. Si sos la misma persona cuando empezaste una canción que cuando la terminaste, no hiciste nada.

En “Casas unidas”, otra de las reversionadas, cantás con Laura Canoura.

Eso también fue orgánico y tiene que ver con esto de abrir las orejas y ver lo que hay. Canoura tiene un programa de radio, no solamente es una gran voz y una gran cantante, sino que además es una persona que impulsa cultura. Hizo una investigación de músicas mujeres y entre todo eso me hizo una entrevista. Filtró ciertas canciones, se quedó con algunas para su programa y más adelante me dijo que le gustaba mucho “Casas unidas”, pero fue a raíz de esa investigación. Un día me llegó un audio de Whatsapp de ella cantando la canción y me caí para atrás fuertemente. Ella estaba pensando en incluirla en su repertorio y cuando hizo su último álbum, La mariposa monarca, no la grabó, y quedó en el tintero. Cuando fui a hacer Pausa y fogueo me acordé de Laura y reversioné la canción de este modo.

“Ruido”, la canción en la que toca y canta Nicolás Ibarburu, para mí es la mejor del disco, por el ritmo, la melodía vocal, las guitarras, la atmósfera, etcétera.

Me encanta que digas que es la mejor, me toca el corazón muchísimo. Hay un dato importante: yo me resistí mucho a esa canción. Surgió de mí, pero a mi mente y a mi juicio les daba vergüenza. Me sentía muy expuesta en la canción porque me parece que es bastante tierna, y exponerme en ese lugar capaz que me incomodaba. Tenía mucha dificultad para poner esa canción en el disco, y el productor con el que trabajé, Ale, me insistió y me insistió. Me dijo “no jodas”, y yo estoy totalmente dispuesta a desconfiar de mi criterio. Y a una amiga le mostré todas las canciones y, cuando escuchó esa, se puso a llorar. Entonces, más entiendo mi intrascendencia, y para qué está la música, su rol precioso de generar terreno común, de a veces poner la voz amorosa por delante. Esa canción hoy me alucina por eso.

Recuerdo que hace muchos años, poco después de haber publicado Pactos, comentabas que no podías escuchar tu primer álbum, El bien traerá el bien y el mal traerá canciones [2014]. ¿Hoy te reconciliaste con tu debut discográfico?

Sí, ya tengo la edad como para darme cuenta de que cada etapa merece su respeto. Y tanto me amigué que hay canciones de ese disco que las voy a cantar en este show.

Pero imagino que las vas a hacer arregladas de otra forma.

Eso no lo puedo evitar. Hay hasta canciones de Pausa y fogueo que estoy arreglando de nuevas formas. Eso también tiene que ver con la reflexión que atraviesa el disco, relacionada con la identidad rígida de pensar “yo soy esto”. Este disco tiene dos pasos: yo nunca estuve hecha de nada más que de aportes de los demás, y ese yo cambia, entonces, ¿por qué mis canciones no deberían cambiar? Yo en la música estoy investigando la vida, no haciendo un ejercicio estético.

O sea que si hoy volvieras a grabar este último disco, sería distinto.

Exactamente, y eso es lo que valoro. Las personas que están en este momento, la gente con la que estás charlando, que es esta persona y no otra, que te va a hacer esta pregunta y no otra, la que va a tocar este arreglo y no otro. Y como si todo eso se volviera muy refulgente, hace que valores mucho lo que estás viviendo.

Pausa y fogueo. Presentación: viernes 14 a las 21.00 en La Trastienda (Fernández Crespo y Paysandú). Entradas en Passline, platea alta $ 1.000.

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