“Tengo una ansiedad galopante. Es tipo: ‘Necesito que hagamos un disco ya mismo’. Y me encerré hasta que estuvo pronto”, confiesa Federico Cáceres para explicar por qué su banda, Incluso Si Es Un Susurro Soviético, saca no menos de un disco por año y decidió acelerar la grabación de su sexto LP, de inminente estreno.
El disco abre con “Naive Naif Kitsch”, un abrazo a sus fans de todas las horas con una dosis clásica de surf y dream pop y un pico de guitarras saturadas. Sigue con el corte de adelanto, “Tristeza Uruguaya”: pospunk con sintetizadores al frente y las voces de Cáceres y Julia Lunar, el dúo compositivo fundamental del grupo, intercambiando versos. Una mezcla perfecta de The Cure y Los Iracundos inunda la pegadiza “La noche se hizo para llorar”: “Qué mal la paso / Casi todos los días de enero”, canta Cáceres, y la pareja llama a “estar conscientes de la tristeza”.
El álbum lleva el sello de Little Butterfly Records y fue mezclado por Ezequiel Rivero (Carmen Sandiego, La Hermana Menor).
La bruma
El cantante, guitarrista y multiinstrumentista menciona al español Marcos Crespo (Depresión Sonora) y a los bielorrusos Molchat Doma como dos influencias sonoras del nuevo material de la banda y resalta la figura de Pablo Torres, invitado en el tema “Las casas silenciosas”: “El feat de Pablito me encanta. Viene de Alucinaciones en Familia y Tres Pecados, que son las bandas que nos formaron en el indie”, reconoce desde Tacuarembó en un Zoom con la diaria.
“La canción tiene un sample de Depresión Sonora y lo bajamos para que quedara más grave, o no me acuerdo bien. Y, de hecho, el nombre de la canción es la traducción de Molchat Doma, o eso creo”, duda.
“Bailaremos cuando todos duerman / sobre las casas silenciosas”, promete Cáceres. “Podés estar bailando con distintas emociones: triste, apático, lo que sea”, dice. “Yo soy muy de estar afuera de madrugada, fumando un cigarro y pensando en cosas, e intenté que la canción hablara de eso. También aprovecho la noche para analizar lo que grabé. Suponete que hice una canción en el día, en esa madrugada la escucho 20 veces”, se explaya.
“Generación disociación” es otra bandera en contra del viento en las manos de Incluso. “A veces estás disociando, aunque no todo el mundo te pueda entender. Con esa canción encontré la forma de describir esa sensación”, asegura el artista.
“Yo atravesé la adolescencia y cierta parte de la adultez en una bruma oscura. Sentía que eso solo me pasaba a mí, que solo yo me deprimía y la pasaba mal. Y con Incluso encontré una manera de expresar todo eso en canciones, y descubrí un montón de gente que le pasaba lo mismo, y que en algún momento me iba a sentir mejor”, desenvuelve.
A cierta altura del proceso de grabación, la vocalista y tecladista Julia Lunar se dio cuenta de que había un hilo en común entre las nuevas composiciones. Así comenzó a tomar forma el primer disco conceptual de Incluso Si Es Un Susurro Soviético.
Lo que al principio les sirvió para adquirir una identidad llamativa dentro de la escena indie local y reírse de sí mismos y de algunos de los patrimonios nacionales –su anterior disco se llama Make Uruguay Depressive Again–, ahora vuelve, dejando el humor a un lado, como postura ideológica contracultural y como homenaje familiar.
Memoria familiar
Las trece canciones de Uruguayan Sadness quedarán disponibles en plataformas en la madrugada del martes 25 de agosto, y no es casualidad. El grupo pretende convertir el día en que se conmemora fecha la independencia uruguaya “en una pregunta sobre memoria, identidad, soberanía y aquello que todavía permanece abierto en nuestra historia”. En vez de tratar a la tristeza como una categoría psiquiátrica, el disco la aborda como “un patrimonio afectivo” y “una sensibilidad que atraviesa generaciones, familias y territorios”. Y encara a la memoria como “un territorio soberano”.
Con esta propuesta, la banda propone pensar en una nueva independencia, bajo el eslogan: “Lo efímero es moda. La memoria es independencia”.
“Nos perdimos todo de vos”, arranca “Tristeza Uruguaya”. “Esa canción está dedicada a mi tío”, relata Cáceres. Habla de Luis Alberto Camacho, oriundo de Paso de los Toros, en Tacuarembó.
Como militante del Movimiento de Liberación Nacional, Camacho fue detenido en setiembre de 1972, cuando tenía 17 años, y trasladado al Consejo del Niño como preso político adolescente. Tras exiliarse en Buenos Aires, fue asesinado el 15 de agosto de 1976, en plena dictadura, al recibir varios impactos de bala en la vía pública. Durante años permaneció como detenido desaparecido hasta que sus restos fueron identificados en 2002, recuperados y repatriados a Uruguay en 2003.
“Mi tío era un guacho cuando lo mataron. Tenía 21 años”, dice Cáceres. “Todo lo que sé es por lo que mi madre me ha contado. Al resto de la familia le cuesta mucho hablar del tema. Mi mamá tenía un año de diferencia con él, o sea, eran muy contemporáneos. Y aunque estaba en la misma, siempre lo defendía”, apunta.
“Con este disco pretendemos poner sobre la mesa cosas que capaz que no todo el mundo tiene tan presentes. Pienso en la generación de treintañeros y más jóvenes. Hay gente que dice: ‘Esto ya pasó, no tengo nada que ver’. Y, en realidad, tenemos una herencia de dolor en el Uruguay, con muchas cosas que no se han cerrado y que no se saben”, reflexiona.
En una de las mejores canciones del disco, “Las espinas de las flores que dejaste para despedirte de mí”, el grupo declara: “Los nombres que nunca debemos olvidar / escritos en el cristal / Nunca nos podrán callar / Nada, nadie / Nunca más”.
Uruguayan Sadness, de Incluso Si Es Un Susurro Soviético. Little Butterfly, 2026. En plataformas.