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Cultura Música
Maia Castro. · Foto: Rodrigo Viera Amaral

Maia Castro.

Foto: Rodrigo Viera Amaral

“Nunca me consideré una cantante de tango”: Maia Castro celebra 20 años de carrera solista

La artista, que se presenta este sábado en el Solís, recuerda sus épocas junto a El Príncipe y la BCG y revela el origen de sus composiciones más populares.

Maia Castro preferiría no salir a la calle y que el niño que entró a la cafetería y que está sentado en la mesa de al lado dejara de toser. “Si me quedo sin voz es por culpa de ustedes”, nos advierte, en la previa de una noche especial, tapada hasta la cabeza con prendas de lana.

Este sábado de noche, en el teatro Solís, festejará 20 años de trayectoria con una lista de invitados especiales. Entre ellos, Gabriel Peluffo, Tabaré Cardozo, Laura Canoura, Mario Carrero, Alfonsina, Socio, Juan Pablo Chapital y la murga Agarrate Catalina.

Además, la acompañará su banda, integrada por Horacio Di Yorio en piano, Checo Anselmi en contrabajo eléctrico, Abril Farolini en bandoneón, Matías Craciun en violín, Martín Ibarburu en batería y Diego Oyhantçabal en guitarra, más el cuarteto de guitarras conformado por Jacinta Bervejillo, Enzo Fernández, Oyhantçabal y Mauro Hernández.

El espectáculo recorrerá su discografía solista, desde las canciones de su homónimo disco debut, y dedicará un fragmento destacado a su último trabajo, Maia Castro canta a Zitarrosa y Amalia de la Vega.

¿Cómo armaste tu primera banda?

En realidad, fue todo medio casual e intuitivo. Yo empecé a tocar sola con un guitarrista [Mauro Carrero]. Después incorporé al pianista Horacio Di Yiorio. Y me acuerdo de que un día iba caminando por la calle y me crucé con el Checo [Anselmi], a quien conocía de años, de otra banda en la que tocábamos juntos, cuando éramos más chicos, del liceo, de esas vueltas. Él iba caminando con Socio [Federico Lima], que es otro amigo mío, y le digo al Checo: “¿No querés venir a tocarte unos temas? Me parece que estaría bueno meter un bajo”. Me respondió: “Sí, claro, estoy ahí”. Y no sé cómo llegué a dar con Martín [Ibarburu], en qué punto de la vida nos cruzamos y también lo incorporé al grupo. Cuando hicimos la presentación del primer disco, esa banda ya estaba armada.

Antes de iniciar tu carrera solista, grabaste con el grupo Malena Morgan, donde estaba Gustavo Pena, El Príncipe. ¿Qué recordás de esa experiencia?

El Príncipe, en realidad, era el cantante de esa banda. Yo tenía 17, 18 años, y a mí me llamaron para que empezara a ocupar su lugar, porque El Príncipe no iba a cantar más, iba a seguir haciendo canciones para la banda. Pero en realidad él como que nunca se fue de la banda, porque no iba a los ensayos, pero en los shows aparecía y cantaba. Siguió ahí en la vuelta, y tuve la suerte de compartir escenario con él. Era un personaje impresionante.

En el disco ¿Cómo?, de Malena Morgan, cantan alguna canción juntos.

Sí, creo que es “Tarántula”, y hay alguna más. La verdad es que las canciones de esa banda fueron de lo más difícil que canté en mi vida, junto con las de Amalia de la Vega.

¿Quién era El Príncipe que vos conociste?

En ese momento él estaba bastante mal, en realidad. Tenía muchos problemas de salud, diabetes, y no se cuidaba. Estaba pasando un mal momento, pero igual era una persona que te sorprendía por esa cuota creativa y alocada que tenía. Me acuerdo del primer show de esa banda. Habíamos ensayado como un año para poder tocar. Estaba Herman Klang en teclados y voces y el baterista era Diego Bartaburu, que luego iba a tocar con No Te Va Gustar. Incluso llegó a tocar la guitarra Francisco Fattoruso. Era tremenda banda.

Teníamos ese toque en Arteatro –era el gran evento– y cuando estábamos por el tercer tema, ponele, con luces apagadas, en ese teatro chiquito, de repente aparece un foco, y era El Príncipe con una linterna gigante. Entró metiéndose entre la gente y los iluminaba, les ponía la linterna a la cara. Terminó arriba del escenario cantando y cantó casi todo el show.

Eran fines de los años 90. ¿Qué recordás de ese momento de la escena musical uruguaya?

Había muchas bandas de rock que estaban ahí surgiendo. Me acuerdo de La Abuela Coca, siempre en la vuelta. Era una banda que me gustaba mucho y la iba a ver. Y había otras banditas de rock o de rock pop que estaban bien. Lo que siempre me llamaba la atención y me rechinaba mucho era el rol que ocupaban las mujeres en esos grupos. Generalmente eran las que hacían los coritos. No sé por qué estaba como de moda que hubiera un tipo cantando, aunque cantara horrible, pero era el que cantaba, y dos o tres mujeres atrás haciendo coritos. Y yo, que era chica, siempre pensaba: “Yo no voy a hacer eso nunca en mi vida. No quiero hacer coros, yo quiero cantar”.

Al principio esa fue mi lucha: empezar a ocupar ese lugar, siendo que yo no era compositora. Porque en la banda de Herman y El Príncipe, en realidad, yo cantaba la mayor parte de las canciones, pero el compositor era Herman y, de algunas canciones, El Príncipe. Después entré a otra banda que se llamaba Plaza Sésamo, también tremenda, y me pasaba lo mismo. Cantaba algunas canciones, pero no era la voz principal, entonces medio que me aburría un poco ese rol, no era lo que yo quería. Por eso en un momento dije: “Bueno, ya está. Quiero armar mi proyecto, elegir qué canciones quiero cantar, con qué músicos tengo ganas de tocar, qué cosas tengo ganas de hacer y qué cosas no tengo ganas de hacer, dónde quiero tocar y dónde no quiero tocar”. Ahí arrancó todo.

Y fuiste por otro lado en lo musical.

Sí, nada que ver, pero con música que siempre estuvo presente en mi vida. La música folclórica, el tango, la milonga, así como también estaban presentes el rock y otro tipo de músicas que siempre me gustaron y siempre escuché.

Alfredo Zitarrosa, siempre.

Sí, desde niña. Hace poco conté que cuando murió Zitarrosa fue la primera vez que vi llorar a mi padre. Creo que yo tenía 9 años. Bajé una escalera de metal que había en mi casa, y abajo de la escalera estaba sentado mi padre, escuchando las radios y llorando. Le pregunté qué había pasado y me dijo: “Murió Zitarrosa”. Y eso fue toda la charla. Silencio y a seguir escuchando las radios.

Grabaste muchas de sus canciones y además tenés una conexión especial a través del cuarteto de guitarras que te acompaña.

Sí, el último disco es un homenaje a Alfredo Zitarrosa y a Amalia de la Vega. Dos figuras, a mi criterio, fundamentales en la música uruguaya. Ya en mi primer disco grabé “Zamba por vos”. Entonces Zitarrosa siempre estuvo, siempre lo canté, y lo disfruto mucho.

En el cuarteto que participó en la grabación del disco están Santiago Peraza y Jacinta Bervejillo; los dos fueron alumnos de Toto Méndez y terminaron tocando con Toto en su último proyecto. Checo Anselmi, que es mi bajista, era parte del grupo de Toto. Y Diego Oyhantçabal y Mauro Hernández, que son los otros dos guitarristas, también fueron alumnos de Toto. Así que todos tienen esa raíz común y ese respeto por el toque de la guitarra, por la forma de arreglar, y son muy defensores de esa escuela de la guitarra.

¿Cómo se encara la interpretación de una canción de Zitarrosa?

Lo primero que hay que hacer cuando querés interpretar a referentes tan grandes y que la gente los tiene tan presentes –porque si vas a cantar “Zamba por vos”, por ejemplo, la gente ya conoce la canción– es apuntar a lograr una versión propia, personal. Obviamente, vas a respetar el estilo, pero tenés que tratar de apropiarte de la canción. Y para llegar a ese punto es fundamental que en un momento dejes de escuchar la versión original, para que vos sientas que la interpretación que creaste es realmente tuya y que pudiste aportar algo nuevo. Porque no veo qué sentido pueda tener hacer una versión igual a la de Zitarrosa: ya la hizo él y nunca va a ser mejor.

Decías que era también todo un desafío cantar las canciones de Amalia de la Vega.

Es muy difícil desde el punto de vista técnico cantar a Amalia de la Vega. Ella era una cantante técnicamente impresionante. Sus melodías, sus métricas. Si bien, en este caso, tampoco hago las versiones idénticas, de todas formas, fue un gran desafío encarar su repertorio.

¿Cuándo descubriste su música?

De grande, gracias a varios amigos. El primero fue Socio. Él es de Melo, además, igual que Amalia. Un día me dijo: “Che, vos tenés que escuchar a Amalia de la Vega porque tu forma de cantar y la de ella para mí tienen una similitud”. Me acuerdo de ir a su casa y ponernos a escuchar los vinilos, y después colgarme yo con su música; empezar a ir a la feria de Tristán Narvaja a buscar vinilos de Amalia, y seguir investigando su obra, porque no está todo en plataformas digitales. De esa manera realmente empecé a conocer a Amalia de la Vega.

Esa similitud entre la forma de cantar de Amalia y la mía también me la marcó otro amigo, Tabaré Cardozo, que también va a estar en este show, y la directora del teatro Macció, de San José, donde yo fui a cantar, pero cuando todavía no hacía nada de Amalia. Cuando terminé de cantar vino a saludarme y me dijo lo mismo, que cuando me escuchaba le hacía acordar a Amalia de la Vega. Y a mí me parecía raro que tres personas distintas me dijeran lo mismo.

Foto del artículo '“Nunca me consideré una cantante de tango”: Maia Castro celebra 20 años de carrera solista'

Foto: Rodrigo Viera Amaral

Noto que hay una cuestión tímbrica. Ella tenía un timbre grave, pero tenía un registro medio agudo, y mi voz es igual. O sea, yo tengo también un timbre grave pero un registro no tan grave, sino más bien medio agudo. Creo que por ahí está la similitud. También en esa cosa de escuela lírica, que fue mi escuela y claramente la de Amalia. En Amalia creo que se nota muchísimo más que en mí. Yo soy una cantante más popular. O sea, estudié canto lírico, pero al mismo tiempo salía en carnaval: una mezcla que nada que ver. De eso salí yo.

¿Y tu voz solista la encontraste enseguida?

Creo que en el tercer disco [De saltos y otros vientos] logré consolidar mi forma de cantar y mi sonido general. Lo escucho ahora y creo que si lo hiciera ahora, lo haría igual. En cambio, si escucho el segundo y el primero, hoy no los haría igual. El tercero es de 2012, y en ese momento también había mejorado mi forma de interpretar y le había dado tiempo a mi voz para madurar.

¿Siempre escribiste canciones?

Desde adolescente, sí, siempre. Me gustaba mucho escribir. Aunque no fueron canciones, escribía cosas. Y me costó un poco empezar a mostrar esas cosas. Al principio, fue por insistencia de Horacio Di Yorio, mi pianista, que siempre fue muy fan de mis canciones, y de amigos, parejas, que me decían: “Che, pero esa canción está buenísima, ¿por qué no la tocás?”. Y mi primera respuesta era: “No sé, no me termina de gustar”. Siempre boicoteaba un poco mis propias canciones. Pero de a poco me fui animando a mostrarlas y a disfrutarlas también.

El tango y la milonga vienen con una tradición muy pesada, como para agregar algo nuevo, pero te animaste.

Es que es un desafío importante. Los tangos tienen una riqueza musical y a nivel de letras que hacen muy complicado meterse en ese terreno y tratar de estar mínimamente a la altura. Por eso me parece importante que las generaciones nuevas aporten desde la composición en estos géneros. Porque si no, empieza a ser una cosa que queda tan atrás en el tiempo que es muy difícil que las generaciones nuevas se acerquen. Ahí tenés una desconexión que es complicada.

¿Cómo surge “Golpe”?

La hice pensando en un amigo que estaba un poco complicado en su vida, pero hacía tiempo que tenía ganas de componer una milonga ciudadana que fuera como para adelante, y que te engancharan la rítmica y la melodía de la canción. Algunos músicos que tocan conmigo piensan que la introducción, por ejemplo, es parte del arreglo que hizo el guitarrista, y en realidad la hice yo.

¿Se la dedicaste a alguien?

Es una canción de despecho. En el momento en el que la escribí, todo eso era lo que estaba sintiendo, pero con el tiempo... viste que las cosas cambian, por suerte, fue cambiando de significado. Hoy en día me causa mucha gracia cantar esa canción.

Tiene todos los condimentos de la poesía arrabalera.

Sí, totalmente. Desde la música, cuando le ponés batería se vuelve una mezcla entre una cosa tanguera y de rock, que a mí me gusta mucho. Pero bueno, los más puristas a veces ponen un reparo.

¿Ahora cuál es la que más te gusta de tus composiciones?

Estoy haciendo algunas canciones que hacía mucho tiempo que no tocaba y que están volviendo al repertorio por este festejo de los 20 años. Estoy bastante copada con una canción que se llama “Consejos”, que no hice mucho en vivo.

¿Con quién dirías que aprendiste a escribir tangos y milongas?

Es muy difícil responder eso. Siempre escuché tangos. Homero Expósito, obviamente, es una referencia impresionante. Gardel y Lepera, otra referencia impresionante. Y también muchas otras cosas: soy muy fanática de Luis Alberto Spinetta, por ejemplo; me parece que es una poesía alucinante. A nivel compositivo mamo de lugares muy distintos. Alberto Mastra también me gusta mucho como compositor.

Hay un lugar común en el mundo del tango que dice que para escribir bien también hay que vivir intensamente. ¿Tuviste años de bohemia, de noche, de curtir boliches?

Más o menos. Nunca fui muy salidora. Obviamente, durante toda la época que salí en carnaval vivía la noche, pero en su dinámica natural. Terminás los tablados a las cuatro de la mañana y al otro día dormís hasta la una para recuperar la voz. Capaz que, en ese momento, que era más joven también, salía más y metíamos boliche. Pero nunca fui muy salidora, nunca me gustó mucho la noche, no me gustan los lugares con humo. Siempre sufrí mucho todo eso, me hace mal. Entonces no, en ese sentido no tanto. Lo que sí te puedo decir es que desde adolescente andaba por ahí con mis amigos y que viví muchas cosas desde muy chica. Entonces es un poco un mito eso de que con 25 años no podés estar cantando tango porque no viviste nada. Yo, sinceramente, a mis 25 años había vivido un montón de cosas, muchas muy complejas. Seguro que alguna gente que tiene 50 no vivió ni la mitad de las cosas que me pasaron a mí.

¿Qué significó para vos ser parte de Antimurga BCG?

Fue mi gran escuela artística, porque entré a la murga con 15 años y era súper tímida. Sigo siendo una persona tímida, pero imaginate con la adolescencia, más todavía.

Pero te tiraste al agua.

Sí, porque ahí me fui dando cuenta de que mi lugar seguro era el escenario. Y se me iba toda la timidez, se me iba todo. Y aprendí mucho. [Jorge] Esmoris venía de la escuela del teatro y trasladaba mucho de esa escuela a todo lo que pasaba en la BCG. Vos mirabas un espectáculo de la murga y decías: “Qué relajo esto, qué descontrol”. Pero no había nada descontrolado. Todos los movimientos estaban marcados. Todos los tiempos estaban marcados. Y cada uno tenía su lugar en el escenario.

Ensayábamos un montón, y los ensayos eran muy aburridos. La gente que iba a vernos se quería matar. Capaz que estábamos una hora haciendo un solo movimiento. O el Flaco Esmoris nos tiraba una consigna y nosotros teníamos que llevar a cabo esa consigna, y hasta que no nos salía seguíamos así, tres horas igual. Después, arriba del escenario era súper divertido. Capaz que en una noche de tablado era lo más divertido que te podía pasar. Aprendí mucho de esa exigencia de trabajo. Y por eso digo que fue mi escuela artística.

¿Hay algún punto o lugar donde se crucen tu mundo con el de Olga Delgrossi, Nancy De Vita y Nelson Pino?

Creo que también son épocas muy distintas. De las mujeres también. Hoy en día, por suerte, en la sociedad, las mujeres tenemos otro lugar en la música, en el arte en general. Todos esos cantantes, que son más cantantes clásicos de tango, excelentes todos, hacen un repertorio aún más tradicional, y yo me meto con los clásicos aleatoriamente. Hay algunos de esos temas que me gusta cantar y los disfruto mucho. “Lejana tierra mía”, por ejemplo, es una de las canciones que más disfruto cantar y es un gran clásico de Gardel y Lepera. Me pasa con esa canción que hay mucha gente que se emociona mucho. Incluso esa gente que te dice que no le gusta el tango. Esa canción, justo, no es un tango, pero es de Gardel y Lepera.

Yo nunca me encasillé como cantante de tango. Si bien por momentos se me metió en ese cubículo, yo nunca me consideré una cantante de tango. Creo que soy una cantante que canta tangos.

Se me ocurría que podían haberse cruzado en alguna tanguería.

Bueno, Fun Fun fue el primer lugar que me abrió la puerta para cantar. Ahí Gonzalito [Acosta, bisnieto del fundador], un crack. A mí me tocaba como a las once de la noche. Sentía que era una tortura esa hora. Por eso te digo que nunca fui demasiado nochera, a esa hora me quería ir a dormir. Y medio que a los veteranos que cantaban tango ahí no les gustaba mucho lo que yo hacía. Porque, además, yo arrancaba con “Nostalgias”, y después hacía algunas canciones de Fernando Cabrera, otras cosas que nada que ver.

Maia Castro, 20 años. Sábado a las 20.00 en el teatro Solís. Entradas desde $ 600 a 1.500 en Tickantel. 2x1 para la diaria](https://beneficios.ladiaria.com.uy/maia-castro-20-anos/).