En 2024 se estrenó Esto podría haber sido un mail. La obra escrita y dirigida por Leticia Magallanes se alimentó de un montón de textos que ella había mandado y recibido durante una relación con una fuerte carga epistolar, hasta convertirse en una autoficción protagonizada por Romina Capezzuto en el papel de Elisa, acompañada por la pianista Matilde Alonso.
“La gente quedó enganchada con ese monólogo. Creo que las temáticas de duelo siempre enganchan bien porque resuenan en todas las personas, y ahí surge la excusa de qué pasaría con ese personaje”, cuenta Magallanes a la diaria a pocos días del estreno de Toda la ternura del mundo, que funciona como secuela, pero a la vez es una historia independiente.
Lo que sí quedó por el camino fue el peso de lo autoficcional. “Había algo de juego, pero después de que hicimos un montón de funciones eso se fue diluyendo y dejé de ser yo; empecé a ver a ese personaje como un personaje, lo que me ayudó a distanciarme de eso, porque si no era un montonazo. Y empecé a ver qué pasaría si le doy vida propia, porque lo que sigue ahora tiene muy poco que ver con cómo siguió mi historia. Me parecía más interesante la ficción, o quizás definitivamente tuve ganas de distanciarme del personaje”, reflexiona la directora.
“La obra anterior terminaba con Elisa transitando varios duelos al mismo tiempo. Charlando con las chiquilinas pensamos quién podría acompañarla después de estos duelos y puede que lo obvio hubiese sido ir por un romance, pero decidimos ir por la idea de la amistad. ¿Quién vendría realmente a acompañarla? Una amiga. Al fin y al cabo, son las que terminan estando en las situaciones más difíciles. Y jugamos con la idea de que fuera una amiga nuestra también de verdad, con eso de que jugamos con la mentira y la verdad todo el tiempo, pero aquí es un personaje totalmente ficcionado que viene a acompañarla a ella”, explica Magallanes sobre la llegada de Camila Souto en el rol de Cristina. “Como Romi y yo somos muy amigas y compartimos muchísimos años trabajando juntas, sumar a alguien que también tuviera ese recorrido con nosotras era recontra interesante”.
Además de un segundo personaje, la dramaturga cuenta que también cambia la ambientación sonora. “En un momento iba a haber música en vivo, como en la primera parte, pero al construir el texto nos dimos cuenta de que algo no terminaba de cerrarnos. Esto está ambientado en el apartamento de Elisa, algo mucho más realista que la obra anterior, que era un viaje onírico y no sabías bien dónde estaba. La verdad es que tampoco pudimos coincidir con la pianista y si no era ella no iba a ser otra. Pero esta vez tenemos una música original escrita por personas muy especiales para este proceso: Elisa tiene su propia canción”.
Que sea una secuela no significa que el texto deje a parte del público afuera, enfatiza Magallanes. “Si viste Esto podría haber sido un mail, hay cosas que vas a sacar, pero podés verla sin haber visto la anterior. Hay referencias a la primera parte, pero son obras independientes y eso también fue parte del proceso de dramaturgia. Creo que estamos conformes con eso de que si la viste, buenísimo, pero si no, está todo bien”.
“La obra engancha con el final de la primera obra. Elisa termina en el velorio de su padre y esta segunda arranca en el entierro de su padre. La madre de Elisa le avisa a una amiga y ella decide venir a acompañarla. Es una amiga que llega del interior del país y a quien Elisa no ve hace al menos diez años. Entonces dos personajes que vivieron una vida juntas de mucha confianza y de mucha intimidad se encuentran por primera vez en el cementerio después de tanto tiempo, y por diversas razones y de una manera un poco forzada terminan conviviendo sin desearlo”, adelanta la directora. “Lo que vemos es como un zoom a la amistad. Cómo estas dos personas totalmente opuestas habitan la vida y se acompañan en sus diferentes duelos”.
De paso, adelanta que, pese a eso, la obra es más alegre que la anterior. “Creo que te podés reír. También creo que ves a Elisa desde otro punto de vista, porque la primera obra era la versión de ella. La veías con una perspectiva en la que empatizabas mucho con ella y su dolor. Acá por momentos un poco la querés matar y entendés por qué aquel la dejó en aquel momento. Está re loca, pero la querés igual”.
Magallanes compara el trabajo previo en ambas obras y explica por qué esta le resultó más compleja. “Para el monólogo me tomé como dos años, y la autoficción a mí me resulta más fácil en algún punto. Llegamos al estreno con cuatro o cinco meses, habiendo pasado toda la obra varias veces, aburridas de pasarla. Esta vez empezamos a ensayar en verano y la obra la terminé de escribir en ese proceso de ensayo. Evidentemente fue más difícil, y que venga otro personaje a hacer algo más disruptivo lo hizo más complejo. Fue difícil porque había que mantener algo de la esencia de la primera obra y por los tiempos. Las vueltas de la vida hicieron que llegáramos con estos tiempos y estamos muy contentas igual”.
Toda la ternura del mundo, de Leticia Magallanes. Desde el 14 de agosto hasta el 25 de setiembre, los viernes a las 21.00 en La Incorrecta (Gonzalo Ramírez 1595 esquina Lorenzo Carnelli). 2x1 para Comunidad la diaria.