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El capitán de la selección senegalesa, Sadio Mané, el 18 de enero, en el estadio Príncipe Moulay Abdellah, en Marruecos.

Foto: Franck Fife, AFP

Senegal conquistó su segunda Copa África en una final inolvidable

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En una final sin precedentes, los Leones de la Teranga vencieron a Marruecos por 1-0 tras amagar con abandonar el campo de juego. Édouard Mendy fue el héroe al detener un penal agónico a Brahim Díaz y Sadio Mané se alzó como el MVP del continente.

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En una noche para la historia, la selección de Senegal se consagró campeona de la Copa Africana de Naciones 2025 tras derrotar 1-0 al locatario, Marruecos. El encuentro, disputado en el estadio Príncipe Moulay Abdellah, quedará en el recuerdo no sólo por el fútbol, sino por un escándalo reglamentario que mantuvo al continente en vilo durante más de 20 minutos.

Intento de motín

El partido transcurría 0-0, pero bastante movido hasta el minuto 90, cuando estalló el conflicto. Tras un gol anulado a Senegal por una falta polémica, minutos después el VAR intervino para conceder un penal a favor de Marruecos. La indignación fue tal que el técnico senegalés, Pape Thiaw, ordenó a sus jugadores abandonar la cancha.

Durante 20 minutos de incertidumbre y negociaciones a pie de campo, fue Sadio Mané quien hizo las veces de mediador con sus propios compañeros. El capitán convenció a los senegaleses de regresar para enfrentar el destino desde los 11 pasos.

Pero no quedó ahí. La justicia poética, o quizás los nervios, jugaron su papel al minuto 90+24: sí, iban más de veinte minutos de tiempo adicional, no había empezado el alargue. Brahim Díaz, goleador del torneo, fue quien se hizo cargo del penal. Era meterlo y terminaba el partido con título para Marruecos. Pero no, el de Real Madrid intentó definir el título picándola, pero el arquero Édouard Mendy leyó la intención, se quedó al medio del arco y embolsó la pelota con facilidad, silenciando a los miles de marroquíes presentes.

Con el impulso anímico a su favor, Senegal golpeó apenas iniciado el alargue. Al minuto 94, Pape Gueye metió un zurdazo desde fuera del área que se coló en el ángulo de Yassine Bono. Fue el único grito sagrado de una final que terminó con lluvia de objetos y una fuerte presencia policial para contener el desborde en las tribunas.

Con la victoria, Senegal alcanzó su segunda estrella continental, consolidándose como potencia del fútbol africano en la última década.

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