En el partido más importante de la historia de Juventud, el equipo pedrense consiguió lo que había ido a buscar y en Asunción venció 2-1 a Guaraní. Con ese resultado, ganó el global de la serie (en Montevideo había empatado 0-0), avanzó a la fase 3 de la Libertadores, sumó 600.000 dólares más y quedó en la puerta de la fase de grupos, pero con la seguridad de que si no logra doblegar a Deportivo Independiente de Medellín, su rival en la próxima fase, tendrá el piso de seis partidos más en la Copa Sudamericana.
Una maravilla lo que consiguió el viejo ILDU con los goles al principio del segundo tiempo y al final del partido, de Federico Barrandeguy y Ramiro Peralta. El empate parcial de los paraguayos fue obra del golero argentino Gastón Servio, que remató el penal que le cobraron por mano a Martín Cáceres.
Fue el peor de los cuatro partidos que jugó Juventud en la Libertadores, pero ¿tengo que trasladar ese concepto como crítica para el día que los pedrenses consiguieron su resultado más trascendente? No, no y no. Valoremos la postura, las ganas y hasta la templanza de este club que apenas tiene cuatro partidos en la larguísima historia de este torneo y que pasó de ignoto desconocido para el mundo del fútbol internacional a lograr la clasificación fase tras fase con enormes triunfos de visitante.
Una maravilla sentirse representado como fútbol uruguayo por equipos y futbolistas que se entregan así. Una maravilla, Juventud.
Hoy hay que ganar
El partido comenzó con una buena postura y una mejor exposición de Juventud, que jugando por primera vez en el mítico Defensores del Chaco, pudo volcar en los primeros diez minutos el juego a campo de Guaraní, incluso con jugadas que propiciaron algunos errores no forzados que pudieron haber terminado en gol.
Al revés de lo que había sucedido en Montevideo, el equipo de Las Piedras generó acciones ofensivas en ese primer cuarto de hora. En realidad, fue el espejo invertido de lo que sucedió en el Viera, porque aquella noche en el Prado montevideano el dominio del primer tiempo también había sido visitante, pero en ese caso los que estaban en otras tierras eran los paraguayos.
A pesar de las finalizaciones fallidas y de las frustraciones de algunos ataques que no florecieron como debían, a pesar de que hubo momentos en que ambos contendientes reventaban la pelota para un lado y para el otro, siempre fue Juventud el que demostró y proyectó buenas posibilidades.
Pasada la media hora, el elenco paraguayo empezó a articularse de buena manera en el ataque y eso generó acciones de peligro para Sebastián Sosa, que estuvo impecable en sus contenciones. A ello debe sumarse la salida del zaguero central argentino Patricio Pernicone, que quedó medio noqueado tras recibir un golpe de puño accidental de Sosa cuando pretendió despejar un envío aéreo, y el ingreso de Martín Cáceres, que por más que la carpeteó muy bien, aún no está para un partido de tal intensidad.
Un golpe que pareció de nocaut
El arranque de la segunda parte mostró una variante fundamental. No fue un cambio de jugadores, sino que a los dos minutos una pelota larga a la carrera para el canario Bruno Larregui generó una peligrosísima acción que terminó con la expulsión de Sebastián Zaracho cuando el Mueca se metía al área. En el tiro libre, Barrandeguy la puso al ángulo, anotando un golazo y poniendo en ventaja a Juventud.
Un golpe que parecía de nocaut: la expulsión de Guaraní y el gol de Juventud en la misma jugada, con todo un tiempo por disputar. Sin embargo, cuatro minutos después, en una aguda acción ofensiva de los paraguayos, la pelota le quedó en el centro del área a Richard Torales, que de inmediato ensayó el remate, y en el intento de defensa de Cáceres, la pelota dio en su brazo abierto y el árbitro sancionó penal, que el golero argentino de los paraguayos, Servio, pateó fuertísimo para convertirlo en el gol del empate. En seis minutos todo había cambiado y de un equipo en ventaja en goles y en futbolistas pasamos a tener un empate y la sensación de que seguían 11 contra 11, a pesar de que Guaraní tenía 10.
Era difícil de explicar, por lo que había sido el partido hasta ese momento y por la diferencia numérica, pero desde el empate de Guaraní para adelante el elenco paraguayo casi que pasó por arriba por varios minutos a Juventud, que no encontraba respuesta y parecía el equipo que tenía menos hombres en la cancha.
Fue todo un real sufrimiento. Hubo acciones en las que parecía que Juventud perdería el partido. Sin embargo, en el cuarto minuto de descuento, otra vez como le pasó en Quito, en una jugada en la que los pedrenses cuidaron bien la pelota, en el ataque fueron generando una acción que terminó en los pies de Agustín Alaniz, volcado sobre el vértice del área por izquierda. Allí, el delantero eligió meter un centro pasado en diagonal para el ingreso de Gonzalo Gómez, que definió, pero el arquero Servio llegó a manotear, y entrando contra el segundo palo, a centímetros de la línea, Ramiro Peralta la empujó al gol y condujo al viejo ILDU a la gloria.
Una maravilla, ¡Juventud nomá!