Hace cinco años, un 4 de febrero, a todos y todas se nos moría el Morro Santiago García. El futbolista, surgido en Nacional, donde echó raíces y dejó una marca, se suicidó en su apartamento de Mendoza.
García había sido separado del plantel de Godoy Cruz, donde también se convirtió en ídolo. El club alegó problemas de salud mental, pero los trascendidos también hablaron de una mala relación con el entonces presidente del Tomba, José Mansur.
“No hay razones ni razonamientos en un suicidio. Tampoco explicaciones que coincidan con la lógica de la vida”, escribió Rómulo Martínez Chenlo en la diaria cuando el Morro se fue. Y continuó: “Hay apenas pistas y una certeza, la de la vulnerabilidad extrema de la salud mental de quien decide que su salida es la muerte”.
Los partidos se jugaron igual, el fútbol siempre siguió. En las tribunas y en las canchas, propios y ajenos supieron llorarlo. El Morro se había quitado la vida. Atrás, la formación en Nacional, su estirpe tricolor, el brillo también en la sub 20 celeste. Con los años se convirtieron en una constante las críticas relacionadas con su estado físico. Sufrió además un doping positivo que él consideró fallido.
En Nacional dejó una grieta. Por sus goles, por la forma en la que quiso a la camiseta y por cómo jugó los clásicos. En el Morro, hinchas de Nacional que aman en silencio se vieron identificados e identificadas. Cuando un hincha juega, la hinchada, su gente vive en él. Hay luces que no volvieron a prenderse.
En Godoy Cruz también fue ídolo. Respiró el aire del Tomba antes de partir. Había llegado a Mendoza luego de recalar en River Plate de Uruguay, donde se destacó como goleador, como lo que siempre fue. En Godoy Cruz hizo tantos goles que se convirtió en el máximo artillero de la historia del club en Primera División.
Jugó 119 partidos en cinco años y gritó gol 51 veces. Fue el goleador de la Superliga 2017-2018 y con esos goles el club mendocino quedó segundo, a dos puntos de Boca, que ese año gritó campeón. Pero, además, sus goles llevaron a sus hinchas por primera vez a los octavos de final de la Copa Libertadores. A soñar con ella. A sentir el nombre de su club más allá de las fronteras de su propio corazón.
Con la muerte del Morro explotó el debate sobre la salud mental de los futbolistas. Incluso, Nacional acompañó su posteo homenaje con distintas líneas de atención para personas que necesiten ayuda ante este tipo de situaciones, gratuitas y 24 horas abiertas: la Línea de apoyo emocional (0800 1920) y la Línea de prevención del suicidio (0800 0767 o por celular al *0767). Pero el debate aún no está saldado.
Al mismo tiempo que hacía un tratamiento psiquiátrico que lo alejó de las primeras filas del club mendocino, la pandemia lo distanció de su casa en Montevideo y de su hija. En una recordada entrevista con Radio Nihuil, García alcanzó a declarar una frase que hasta el día de hoy carece de respuestas para las miles de preguntas que plantea: “Los jugadores no somos robots, no estamos hechos de acero. Varios problemas personales fueron influyendo en mi rendimiento. No fue fácil para mí. No son excusas. Quiero volver a ser el goleador, sentirme bien”.
Un sábado, el Morro García fue encontrado sin vida en su domicilio de Mendoza. Hacía días que no contestaba el teléfono.
“No somos robots. No estamos hechos de acero. Nos pasan cosas y eso hace que el rendimiento dentro del campo de juego no sea el óptimo”.
— Santiago Morro García