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Alex Carlen.

Foto: S/d de autor

Poder político, derechos humanos y FIFA: Alex Carlen, de FairSquare, alerta sobre los riesgos de celebrar el Mundial 2026 en Estados Unidos

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El especialista en derechos humanos y actual gerente de investigación e incidencia de FairSquare analiza cómo la política mundial influye en los grandes torneos, señala la relación entre Gianni Infantino y Donald Trump, y advierte sobre los desafíos éticos del Mundial 2026.

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Alex Carlen es hincha de Reading, aquel equipo a franjas azules horizontales que algún consumidor de Premier League puede recordar por ese par de temporadas jugadas entre 2006 y 2008, las únicas en su historia en la máxima categoría inglesa. Los días de partido es común verlo en algunas de las tribunas del Madejski Stadium. El resto de los días es el responsable de Investigación e Incidencia de una ONG llamada FairSquare, la misma que le solicitó a la FIFA que investigue si Gianni Infantino no violó el principio de neutralidad política de la organización al dar su apoyo público a Donald Trump.

A una década del arribo de Infantino a la presidencia de la FIFA, el fútbol mundial vive una tensión llamativa entre política, derechos humanos y negocios. FairSquare, organización dedicada a exponer abusos laborales, represión política y falta de rendición de cuentas en el deporte, viene advirtiendo sobre el carácter autoritario del organismo. Carlen accedió a responder a la diaria algunas preguntas, en las que reflexiona sobre el vínculo Infantino-Trump, los riesgos que enfrenta el próximo Mundial y la capacidad transformadora del fútbol si los hinchas y los jugadores deciden alzar la voz.

¿Cómo llegaste a convertirte en coordinador de derechos en FairSquare?

Comencé mi carrera en derechos humanos en el Bahrain Institute for Rights and Democracy, una ONG especializada en Baréin, donde adquirí experiencia trabajando sobre política exterior de Reino Unido y la región del Golfo. Ya conocía el trabajo de FairSquare, especialmente en materia de derechos laborales en el Golfo, y se dio la oportunidad perfecta para unirme al equipo. Llevo dos años y medio allí y recientemente asumí un nuevo puesto como gerente de investigación e incidencia.

¿Cómo explicarías lo que hace FairSquare?

Somos una pequeña organización de derechos humanos con tres áreas principales: represión política, derechos laborales y rendición de cuentas en el deporte. Producimos investigaciones originales y realizamos campañas relacionadas con estos temas. Durante gran parte de mi tiempo en FairSquare, he trabajado en casos de detenciones arbitrarias en la región MENA.

Infantino lleva diez años al frente de la FIFA. ¿Cuál ha sido su legado hasta ahora?

Infantino ha intentado transformar la FIFA –una organización que debería servir al juego, a sus jugadores y a sus aficionados– en un vehículo personal para su propio avance político. Ha pasado su gestión acercándose a líderes autoritarios: primero Mohammed bin Salman y Vladimir Putin, y ahora Donald Trump. Sus recientes muestras de lealtad hacia Trump han alarmado a millones de aficionados que aman el fútbol sin apoyar su agenda política. Torneos como el Mundial de Clubes son ejemplos claros de cómo persigue objetivos personales más que el bien del deporte.

En 2024, FairSquare publicó Substitute: the case for the external reform of FIFA, un informe que sostenía que la FIFA no estaba en condiciones de gobernar el fútbol mundial y detallaba los daños sociales y violaciones de derechos humanos que agrava. Todo lo que Infantino ha hecho desde entonces solo refuerza ese argumento.

En 2016, el rival de Infantino era el jeque Salman bin Ebrahim al-Khalifa. ¿Hubiera sido diferente bajo su liderazgo?

Es una buena pregunta. Pese a todas las críticas merecidas a Infantino, que son muchas, él llegó al poder en parte por la herencia personal de su oponente. Hay que recordar que el jeque Salman presidía un comité encargado de identificar a atletas, incluidos futbolistas, que participaron en el levantamiento prodemocrático de Baréin en 2011. Esos mismos deportistas fueron luego arrestados, encarcelados y, algunos, torturados. Con ese antecedente, es difícil sostener que las cosas habrían sido mucho mejores bajo su mando.

¿Cuáles son los principales problemas de Estados Unidos como anfitrión del próximo Mundial?

Hay varios problemas evidentes, pero puedo resumirlos en tres. Primero, las prohibiciones de viaje: no está claro cómo un país puede ser un anfitrión adecuado cuando hinchas de naciones clasificadas, como Haití, Costa de Marfil, Irán o Senegal, no podrán ingresar debido a vetos discriminatorios. Segundo, la actuación del ICE, la agencia de control migratorio, que ha causado muertes de ciudadanos estadounidenses y representa una amenaza para la seguridad de quienes asistan al torneo. Tercero, el papel internacional de Estados Unidos bajo Trump, que ha alimentado guerras y violaciones a los derechos humanos. Después de apoyar durante dos años el genocidio en Gaza, el país ha lanzado una guerra de agresión contra Irán, participante del torneo, generando un conflicto regional con millones de vidas en riesgo. El Mundial ofrece una plataforma para encubrir y glorificar esa agenda.

¿Por qué Infantino ha estado tan cerca de Trump, siendo un invitado frecuente del presidente estadounidense?

El Mundial es esencial para el modelo económico de la FIFA y requiere mucho de los países anfitriones en términos de seguridad y beneficios fiscales. Infantino no quiere que Trump perciba que está haciendo un mal negocio, así que está utilizando la FIFA para promover, de hecho, la agenda política y económica del presidente.

¿Qué papel deberían asumir los hinchas y los jugadores de las selecciones en estos temas?

Tienen que desempeñar un papel fundamental. Ha habido muchos ejemplos de jugadores y aficionados que intervinieron en asuntos políticos importantes: quizá el más recordado sea el llamado a la paz de la selección de Costa de Marfil durante la guerra civil de 2005. Me preocupa mucho la posible represión de la libertad de expresión en Estados Unidos durante el torneo. Creo que muchos hinchas y jugadores querrán manifestarse contra las políticas de Trump y otros temas, y es esencial que se respete su derecho a hacerlo.

¿Existe la posibilidad de organizar un sistema de selecciones nacionales diferente al actual?

Por supuesto. Nada garantiza que la FIFA deba ser como es hoy. Solo tiene el poder que tiene gracias al amor global por el fútbol. Creo que es responsabilidad de los aficionados apoyar y construir un sistema alternativo que realmente priorice el crecimiento y la protección del juego, y no las agendas personales de los dirigentes y sus aliados políticos.

¿Tiene el fútbol el poder de cambiar la realidad?

El fútbol ofrece un espacio de organización colectiva y cambio social que a menudo no existe en otros ámbitos. En Reino Unido, por ejemplo, hay grupos de aficionados que se han unido –gente de todas las clases– para hacer cosas positivas, como apoyar a refugiados o administrar bancos de alimentos.

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