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Uruguay ganó en la altura ante Bolivia y sigue en carrera por llegar al Mundial

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Las mujeres celestes consiguieron una gran victoria con dos goles de la figura del partido, Esperanza Pizarro.

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Triunfazo, recontratriunfazo de las uruguayas en los 4.000 metros de altura de El Alto para seguir soñando con el camino a Brasil 2027. Con una impostura maravillosa, plantándose como mujeres hechas y derechas ante la enorme complejidad de las circunstancias, Uruguay derrotó a Bolivia 2-1 con dos goles de la pequeña pero enorme Esperanza Pizarro, determinante, igual que todas sus compañeras, para conseguir un resultado que necesitaban para seguir alimentando expectativas de, por lo menos, arrimarse a los puestos de repechaje. Las uruguayas, que increíblemente no habían ganado hasta ahora, a pesar de que en los cuatro partidos jugados habían hecho los méritos suficientes para sumar de a tres puntos, empezaron la cuenta regresiva de la clasificatoria sumando de a tres cuando quedan 12 unidades por jugar. El sábado se cierra esta triple ventana en el Centenario con las muchachas celestes enfrentando a Chile.

Estas mujeres son el orgullo de sus pares y de todos los uruguayos futboleros, representando a la celeste con todo lo que hay que poner y que no venden en la farmacia –que, para el caso, se sabe que no son genitales masculinos–.

La tensión de los 4.000 metros

Jugar en El Alto es, para cualquier selección, un ejercicio de supervivencia sociocultural y deportiva. No es solo el esfuerzo físico; es el cálculo técnico de una pelota que no dobla –Passarella dixit– y una resistencia que se agota en cada pique. La celeste femenina llegó con el estudio de campo hecho, sabiendo que el error se paga con el doble de fatiga.

La baja de Laura Felipe, tras la expulsión contra el combinado peruano, trastocó los planes de Longo. Sin la lateral, el dibujo táctico perdía una vía de escape por banda. La suspensión obligó a una reestructura que no solo atiende a los nombres, sino a la fisonomía de su defensa, que debía estar más junta que nunca para evitar que las bolivianas aprovecharan los espacios que generaba el cansancio.

Con la previsión de las celestes, que jugaban de blanco en El Alto, comenzó el partido, mientras las bolivianas se lanzaron con todo, buscando privilegiar esa situación del fútbol en condiciones distintas a las normales, con todo lo que tiene que ver con la respuesta física de las jugadoras y con la respuesta física, pero de la materia, de la pelota y sus envíos. Uruguay, consciente de que en la altura la globa viaja a otra velocidad, se plantó con una fisonomía de equipo corto y abroquelado. Fue un vendaval de pocos minutos, en el que el combinado local intentó que el ahogo hiciera mella antes de que las nuestras pudieran acomodar el cuerpo al vacío del altiplano.

Después de tres o cuatro carreras agudas sobre el arco uruguayo, el equipo de Ariel Longo logró asentarse en el campo y, utilizando sus herramientas de habilidad y delanteras incisivas, llegó a generar dos o tres claras situaciones de gol que, por centímetros, no pudieron llegar a la red boliviana. En ese tramo, Uruguay le perdió el respeto a la altitud y empezó a tratar el útil con la prolijidad de quien sabe que cada carrera de más se paga con oxígeno. El equipo uruguayo intentó tener el control de la pelota y, de esa forma, evitar el desgaste y procurar encontrar un pase largo o una combinación que culminara con una acción ofensiva de peligro. En la exposición de ambos equipos se notó claramente la brecha entre el vértigo algo desordenado de las locales y la pausa inteligente de la selección uruguaya, que buscó asociar sus piezas para saltar líneas sin rifar el físico.

Uruguay nomá

Para el segundo tiempo el equipo uruguayo mantuvo la idea de trabajo, aunque a sabiendas de que lo corría el reloj. No hubo desesperación ni volantazos anímicos; la celeste salió a jugar el complemento con la convicción de que el orden es el único camino cuando el físico empieza a pasar la factura. Y en esa contrarreloj estaba la carrera contra sí mismas para poder seguir manteniendo las esperanzas de poder llegar, aunque más no fuere, a posiciones de repechaje para llegar al Mundial. En El Alto, el cansancio no es solo físico; es un peso dramático que nubla la vista y enlentece el pensamiento, obligando a jugar a pulmón.

Entonces, cuando el reloj en El Alto marcaba los 15 minutos del segundo tiempo, una pelota larga para Wendy Carballo, ingresando por derecha, le permitió desbordar y meterse en el área para servir la globa al centro de la ilusión, donde la esperanza palmirense, Pizarro, definió con una técnica maravillosa. Haciendo lo que hacen los y las mejores centrodelanteres del mundo, recibió de espaldas, controló, roló sobre sí misma y definió: golazo de Esperanza para Uruguay.

Tras el grito sagrado, el equipo uruguayo siguió plasmando en el campo su superioridad; lo hizo como colectivo y también de manera individual, por ejemplo, en la figura de Pizarro, que nuevamente estuvo a punto de anotar en una hermosa arrancada por izquierda, cuando Carballo arrastró las marcas de las centrales bolivianas y definió con un remate abananado que pasó llorando al lado del vertical izquierdo de Bolivia.

Pero, sin embargo, la excursión al triunfo de las uruguayas pinchó en el minuto 30 del segundo tiempo cuando, después de una pelota quieta por una falta lejana que permitió un centro al segundo palo, terminaron en dos cabezazos en el área –que también en el fútbol femenino son gol– y Cielo Veizaga anotó el empate de las verdolagas, que mereció una larga y exhaustiva revisión del VAR por la posición de la primera cabeceadora. Parecía que el esfuerzo se diluía entre la bronca y el beso al escudo, pero Uruguay tenía un destino de ilusión o de esperanza y, mientras Pizarro esté en la cancha, siempre hay y está Esperanza.

Tras una pifia en media cancha de las bolivianas, Pizarro arrancó en expreso hacia el arco y, cuando se acercó al área chica, intentó poner el pase para Wendy; la defensa cerró a tiempo, pero la pelota quedó ahí y Pizarro le metió un puntazo de derecha que casi rompe las redes para poner el 2-1 para las uruguayas. La gurisa palmirense, la del Puerto de los Sueños, nos condujo a la victoria.

Los 15 minutos finales fueron un infierno, como suele pasar con los equipos uruguayos en la altura, pero las celestes defendieron muy bien, metiendo tantos dedazos para la tribuna como fue posible y aguantando todas las atropelladas bolivianas. El final tuvo tintes de película de Hitchcock cuando la jueza peruana fue al VAR a revisar un posible penal para las bolivianas que no podía darse de ninguna manera, porque Pizarro, también jugando en su área, había defendido perfecto y recibido un foul del ataque boliviano. Al final, la justicia técnica prevaleció y Uruguay se trajo del cielo un triunfo que alimenta el sueño del Mundial.

Detalles

Liga de Naciones femenina Conmebol - Eliminatorias para Brasil 2027 /Fecha 6
estadio El Alto, pregón de La Paz, Bolivia
Árbitras: Elizabeth Tintaya, Mariana Aquino y Vera Yupanqui. Milagros Arruela (Perú)

Uruguay (2): Agustina Sánchez; Ángela Gómez, Stephanie Lacoste (90' Camila Baccaro), Fátima Barone, Juliana Viera (55' Fátima Traversaro); Wendy Carballo, Karol Bermúdez (90' Sindy Ramírez), Pamela González; Esperanza Pizarro, Sofía Oxandabarat (90' Pilar González), Belén Aquino (69' Alaides Paz). DT: Ariel Longo.

Bolivia (1): Jodi Medina; Karen Rodríguez, Aide Mendiola (71' Nashmi Segovia), Ruth Raquel Soliz, Cielo Veizaga; Olivia Yoshi Tamaki, Ana Paula Rojas, Samantha Alurralde, Carla Méndez (Brandy Flores); Sonia Tarihuano (46' Wendy Baltazar), Abigail Quiroz. DT: Jury Villarroel.

Goles: 61' y 87’ Esperanza Pizarro (U), 77' Cielo Veizaga (B).

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