Ilustración: Ramiro Alonso

Bajá esa bandera

El offside semiautomático del Mundial y el anticipo de ficción de 40 años atrás de Roberto Fontanarrosa.

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El funcionamiento del fuera de juego semiautomático 2.0 para el Mundial 2026 es una combinación de ingeniería óptica y precisión electrónica que busca eliminar la incertidumbre milimétrica del ojo humano.

La clave está en la guinda oficial, la Adidas Trionda, que lleva en su interior un sensor de tecnología Ultra-Wideband (UWB). Este chip transmite datos a una frecuencia de 500 Hz, lo que significa que envía información 500 veces por segundo. Gracias a esa altísima frecuencia, el sistema registra el instante exacto en que un jugador toca el balón. Esto permite “congelar” la imagen en el momento preciso del pase, algo fundamental para determinar la posición de los jugadores en un fuera de juego.

Mientras el chip del balón informa sobre el contacto, una red de entre 14 y 22 cámaras de alta velocidad, instaladas bajo el techo del estadio, rastrea 29 puntos anatómicos clave de cada futbolista (codos, hombros, rodillas, pies) 50 veces por segundo. La información del chip y la de las cámaras se sincronizan en tiempo real. Una IA procesa estos datos utilizando redes neuronales para calcular las líneas geométricas y los desfases entre los jugadores. Si el sistema detecta una posición prohibida, envía una alerta visual automática a los jueces en la sala de video en menos de 15 segundos.

Aunque la tecnología es “semiautomática”, la palabra final es del juez: la IA asiste al VAR, pero el árbitro humano es quien debe validar la infracción y realizar la señalización en el campo. Además de los fueras de juego, este chip en el balón permite identificar toques milimétricos que antes eran imposibles de ver, ayudando a resolver dudas sobre manos o desvíos casi imperceptibles. Es, en esencia, poner la precisión del silicio al servicio de la guinda.

Los párrafos que anteceden podrían ser parte del cuento de Roberto Fontanarrosa “Fútbol y ciencia”, publicado en 1990 en el libro del autor rosarino El mayor de mis defectos y otros cuentos, pero no lo son. “Cientoveintisiete pantallas de televisión, prolijamente alineadas, emiten su mensaje desde las paredes levemente curvadas del salón. En frente de ellas, en medio de ellas, tres hombres, tres profesionales del difícil arte del referato futbolístico, recepcionan hasta el más mínimo detalle de cuanto ocurre sobre el campo de juego”.

El Negro imaginaba un partido el 15 de enero de 1988 en el que “los curiosos asistentes al match tampoco podían adivinar que, bajo sus pies, una intrincada maraña de cables, sensores electrónicos, filamentos inalámbricos y terminales computadorizadas unían el estadio propiamente dicho con la torre de referato”. Casi 40 años atrás, como un Ray Bradbury de los años 80, el escritor, humorista y dibujante argentino adelantaba ideas no tan alejadas de lo que viviremos en este Mundial: “Si la jugada no ha sido clara o si la infracción es dudosa, el colegiado cuenta con otro valioso recurso para calmar y convencer, en forma palmaria, al bando que se considera perjudicado: con otro simple botón desplegará sobre las dos inmensas pantallas electrónicas colocadas en ambas cabeceras del estadio la escena repetida, con detención de imagen y ampliación de los ángulos necesarios para refrendar con sólidas razones la penalidad adoptada. Cualquiera podría suponer que esa maniobra requeriría dos o tres minutos en concretarse, con el consiguiente retraso y ruptura del ritmo del partido. Pero no es así, ya que la memoria computarizada seleccionará entre los centenares de enfoques de la misma acción las cuatro o cinco que considera más gráficas y contundentes, brindando al juez, en una fracción de segundo, la posibilidad de poner frente al público las que juzgue más válidas”.

Increíble, pero cierto.

Pero hay más, y habrá que revisar quiénes eran los integrantes de la comisión técnica de la IFAB que promovió estos cambios, o ver en quién abrevan los contenidos de ficción de Fontanarrosa, porque estos párrafos del cuento son evidencia de algo: “Más simple aún, para el nuevo sistema de referato, es eliminar cuanta duda pueda presentarse respecto de balones fuera de juego, balones ingresados o no tras la línea de la portería o bien, incluso, ante la siempre controvertida ‘ley del offside’. Un sistema televisivo tipo fotochart turfístico elimina cualquier clase de duda, ya que el ojo eléctrico que patrulla la línea del último defensor captará, precisará y denunciará a quien reciba el balón en posición prohibida. En los casos de un discutido hand, por ejemplo, donde ni siquiera la visión televisiva puede dictaminar en un ciento por ciento el contacto del balón con la mano del defensor, también la insospechable computación vendrá en auxilio del señor árbitro, puesto que las pantallas mostrarán la acción, agregando un luminoso pespunte verde, hilo de coordenadas y flechas indicatorias que avalan la posibilidad, o la imposibilidad, de que dicho contacto haya tenido lugar”.

Fabuloso, Fontanarrosa.