Desde la crisis de 2002, y especialmente después de la pandemia, Uruguay se caracteriza por una baja penetración del crédito, según el diagnóstico de la Asociación de Bancarios del Uruguay (AEBU). Para el secretario general de la asociación, Martín Ford, el problema no radica únicamente en la disponibilidad de recursos, sino en la falta de instrumentos para canalizarlos hacia proyectos productivos de largo plazo. El sistema financiero cuenta con una “gran liquidez” y “récord de depósitos”, pero existen “trabas” que dificultan que esos recursos se transformen en crédito destinado al desarrollo, sostuvo.
“Tenemos un sistema financiero sólido y solvente, pero que no arriesga. Para decirlo de una manera coloquial: tenemos plata, pero no nos animamos a usarla”, afirmó Ford en diálogo con la diaria. La falta de financiamiento está vinculada con los bajos niveles de inversión y con la “meseta” en la que ha entrado el país en materia de crecimiento, señaló. En su visión, contar con instrumentos de crédito orientados al desarrollo permitiría además aplicar políticas anticíclicas cuando disminuye la inversión extranjera o se desacelera la actividad.
Frente a esta situación, AEBU plantea crear un ecosistema financiero que permita articular el ahorro público, la banca de desarrollo y el sistema financiero privado. La propuesta también contempla, eventualmente, la participación de organismos multilaterales de crédito, aunque dentro de una estrategia nacional de desarrollo con lineamientos políticos definidos. No obstante, Ford dijo que este proyecto necesita la “audacia política del gobierno” y acuerdos nacionales más amplios. “Si no trabajamos en desarrollo y no apostamos a mejorar la productividad y el empleo, seguramente habrá años complicados en el futuro”, alertó.
¿Cuál es el principal problema que identifica AEBU en el funcionamiento del sistema financiero uruguayo?
Desde la crisis de 2002, y especialmente en los años posteriores a la pandemia, vemos que el crédito tiene una penetración muy baja. Uruguay es uno de los países de la región con menor relación entre crédito y PIB: desde hace años se ubica entre el 25% y el 30% del PIB, mientras que otras economías de la región llegan al 50% o 60% y las desarrolladas rondan el 150%. Esto responde principalmente a dos factores. Por un lado, están los resabios de las crisis, particularmente el miedo al endeudamiento. Pero, sobre todo, faltan instrumentos para el crédito productivo y de largo plazo. La banca privada se orienta hacia el crédito a las familias, más seguro, de corto plazo, bajo riesgo y retorno rápido.
La banca pública, especialmente el Banco República, sí ofrece líneas de crédito de desarrollo, pero al no existir políticas de desarrollo y tener algunas limitaciones de plazo y riesgo, no está cumpliendo completamente esa función. Es el único que tiene presencia en todo el país, con más de 130 sucursales, y, de alguna manera, es el que promueve el desarrollo. Pero creemos que hay trabas en el sistema; tenemos un sistema con gran liquidez y un récord de depósitos, pero no hay productos suficientes para canalizar esos recursos. Por eso estamos promoviendo la creación de un ecosistema financiero y una banca de desarrollo de segundo piso (una institución que no otorga créditos de forma directa a las personas o empresas, sino que canaliza sus recursos a través de otros intermediarios financieros), que hoy no existe en el país.
¿Hacia dónde se está dirigiendo actualmente el ahorro uruguayo y por qué no llega a la inversión productiva?
No hay productos atractivos para los ahorristas. Uruguay tiene una economía muy dolarizada y la mayor parte de los ahorros están en dólares. Esto incluso lo viene señalando públicamente el presidente del Banco Central [Guillermo Tolosa], en el sentido de que, con los bajos niveles de inflación y la fortaleza de la moneda, es necesario intentar cambiar esa forma de ahorro. Pero faltan productos atractivos que permitan hacerlo.
“A esto se suma que la banca privada tampoco genera productos ni demuestra interés suficiente en este tipo de financiamiento. Tenemos, entonces, un sistema financiero fuerte, con altos niveles de liquidez y reservas, pero con una bajísima penetración del crédito. Y eso es un problema”. Este planteo lo venimos haciendo desde hace décadas como institución. Sin embargo, vuelve a cobrar relevancia ahora porque estamos participando, junto con la central de trabajadores, el PIT-CNT, en la estrategia nacional para el desarrollo. Estamos convencidos de que parte de las dificultades para avanzar en el desarrollo productivo están vinculadas al financiamiento.
Más allá de que existan buenos proyectos y de que el país tenga –que no los tiene– lineamientos claros de desarrollo y producción, el financiamiento es siempre un factor fundamental. Creemos que existen condiciones para construir un esquema de financiamiento mixto, que combine el ahorro público, la banca de desarrollo y el aporte de los bancos privados a esos fondos. Si se quisiera avanzar como lo han hecho otros países, también podría incorporarse el aporte de organismos multilaterales de crédito.
¿En qué consiste la propuesta de AEBU para modificar esta situación?
AEBU identifica una combinación de factores: gran liquidez, baja penetración del crédito y un sistema financiero que ha tenido rentabilidades importantes, pero que no cuenta con estrategias suficientes para financiar el desarrollo. Creemos que existe una institucionalidad pública capaz de generar, dentro de un ecosistema financiero, las condiciones para este tipo de financiamiento. No es lo mismo financiar a una familia o el consumo que a proyectos productivos. Estas iniciativas pueden implicar mayor riesgo, porque pueden incluir líneas exploratorias o de investigación, requieren plazos más largos, tasas más competitivas y un seguimiento técnico que permita que se desarrollen adecuadamente.
Esto no es un invento de AEBU ni de Uruguay. Los bancos de desarrollo existen en distintos países. Corea del Sur y Japón son algunos de los ejemplos, pero también Brasil, donde el banco de desarrollo contribuyó al crecimiento de determinadas industrias.
En Uruguay ya existe una institucionalidad que podría interactuar en un ecosistema de este tipo: el Banco República, el Banco de Seguros, el Banco Hipotecario, la Corporación Nacional para el Desarrollo y las distintas instituciones vinculadas al sistema financiero público. La idea es que puedan generar un financiamiento diferente del comercial, sin dejar de cumplir esa función tradicional.
Hablar de grandes proyectos o de líneas tecnológicas, ambientales, de infraestructura o de vivienda sin un financiamiento establecido hace que queden en diagnósticos o buenos proyectos que no se concreten.
¿La propuesta implica crear una nueva institución o coordinar y transformar instrumentos que ya existen?
Creemos que ya existen instituciones que podrían llevarlo adelante sin necesidad de crear una nueva. En varios países que tienen banca de desarrollo, estos instrumentos comenzaron funcionando dentro de instituciones existentes y luego evolucionaron.
La banca de desarrollo no debe confundirse con la comercial. Tiene otro rol, otros criterios de análisis, otros riesgos y otras líneas. Es necesario establecer políticamente cuáles son los sectores que se deben financiar para impulsar determinada industria o servicio. Por eso proponemos que esas instituciones puedan encargarse de esta línea.
También tenemos un mercado de capitales muy incipiente y débil. Sin embargo, existen experiencias, aunque pequeñas, de instrumentos vinculados a proyectos como los parques eólicos. Hay ahorro uruguayo en el exterior porque no existen productos suficientemente atractivos en el país. Es un problema que el país genere capitales que después deben ser invertidos en otras economías porque acá no tenemos propuestas adecuadas para los grandes ahorristas.
Foto: Rodrigo Viera Amaral
¿Cómo se vincula esta propuesta con el problema de Uruguay de tener una inversión relativamente baja y un crecimiento económico también reducido?
Entendemos que la baja inversión y la meseta en la que ha entrado el país en materia de crecimiento tienen relación con esto. Uruguay depende demasiado de la inversión extranjera, que naturalmente llega cuando existen condiciones tributarias favorables y otros incentivos.
Nosotros planteamos que existen capitales que podrían ser invertidos en el propio país, pero no hay suficiente audacia ni políticas anticíclicas que abran esas oportunidades.
La banca comercial y los bancos públicos tienen buenos números y funcionan relativamente bien, pero aplican políticas procíclicas: cuando hay un buen ciclo económico, aumenta el crédito y ofrecen más productos; cuando la economía se retrae, los bancos retroceden.
Apostar al crédito para el desarrollo permite generar políticas anticíclicas. Cuando baja la inversión extranjera o se desacelera el crecimiento, el crédito destinado al desarrollo puede impulsar medidas que reactiven la economía.
Este proyecto necesita audacia política del gobierno y seguramente acuerdos nacionales más amplios. También hay un problema de gobernanza: las distintas instituciones públicas tienen autoridades políticas de cada período y muchas veces no existe una política común que permita avanzar en conjunto.
Usted mencionaba que eran necesarios acuerdos de largo plazo y voluntad política. ¿Cuál cree que es el principal obstáculo para llevar adelante este cambio?
Creo que ambas cosas: acuerdos de largo plazo y voluntad política. No podemos crear políticas estratégicas de desarrollo si siempre estamos detrás de los avatares electorales.
Pero el obstáculo más doméstico que vemos es que los propios bancos públicos tienen autoridades políticas de cada período y, a pesar de que cuentan con integrantes de otras fuerzas, muchas veces no conversan entre ellos o no llegan a acuerdos amplios.
Necesitamos que el Estado funcione no como compartimentos estancos, donde cada institución cuida su espacio, sino de manera coordinada. La potencialidad existe. Los uruguayos confiamos en el sistema financiero público y eso se demuestra en los números. Sin embargo, no hay políticas suficientemente claras que vayan en esa dirección.
Las políticas deben ser lideradas por el gobierno, porque no pueden depender de cada institución por separado. Tienen que surgir de una estrategia nacional que establezca determinadas líneas de desarrollo.
¿Qué papel juega en esta propuesta la preferencia histórica de los uruguayos por ahorrar en dólares?
Es un problema, porque el dólar ha estado bastante estancado y aun así algunas personas prefieren perder un poco de rentabilidad por la seguridad de tener sus ahorros en esa moneda.
Se pueden generar instrumentos en dólares y en pesos. También existe la unidad indexada, que ha funcionado bien porque acompaña la inflación, pero se utiliza poco y hay escasos productos para ahorrar en unidades indexadas.
Si hubiera instrumentos productivos atractivos, con garantías y rentabilidades adecuadas, sería posible canalizar esos ahorros tanto en dólares como en pesos.
Hay además un componente cultural vinculado a las sucesivas crisis. La crisis de 2002 fue muy traumática y también lo fue la de 1982. Por eso es necesario generar nuevas posibilidades de inversión para que pequeños y grandes inversores puedan posicionarse en pesos, en instrumentos con rentabilidades acordes, y que el mercado de valores uruguayo no se limite a los papeles del Estado.
También sería deseable avanzar hacia una mayor utilización de nuestra moneda y no permanecer permanentemente posicionados en dólares, porque, en definitiva, con eso estamos financiando a la Reserva Federal de Estados Unidos.
¿Han tenido alguna respuesta del gobierno sobre la propuesta de AEBU?
Ya habíamos presentado esta propuesta a los candidatos a la Presidencia antes de las elecciones de 2024 y, posteriormente, tuvimos un encuentro con el presidente de la República, Yamandú Orsi, y con el secretario ejecutivo del PIT-CNT para plantear la creación de una banca de desarrollo.
No hemos tenido una respuesta formal. Sí hemos tenido señales positivas. En un encuentro que organizamos participaron el director de la ANDE [Agencia Nacional de Desarrollo] y el presidente del Banco República. Todos plantearon que la iniciativa les parecía positiva y que tenía lógica para discutirla.
Sabemos que la propuesta ha sido conversada en la OPP [Oficina de Planeamiento y Presupuesto] y que llegó al Ministerio de Economía, pero todavía no hemos tenido una respuesta concreta. La estamos poniendo en la agenda pública para debatirla y la incorporamos a la discusión más amplia sobre una estrategia nacional para el desarrollo.
Estamos en una etapa de construcción y lo vemos como algo positivo. Nos motiva que existan espacios donde el tema se pueda discutir y poner en conversación.
Creemos que no nos podemos quedar en el diagnóstico y tenemos que avanzar hacia un planteo concreto. Queremos que el financiamiento no sea un problema para avanzar en la estrategia de desarrollo.
Tenemos un sistema financiero sólido y solvente, pero que no arriesga. Para decirlo de una manera coloquial: tenemos plata, pero no nos animamos a usarla. Esto contrasta con la necesidad de recurrir permanentemente a organismos multilaterales. Consideramos que existe una oportunidad para avanzar con otra forma de financiamiento aprovechando la potencialidad que tiene el país. Invitamos al gobierno a que sea más audaz.
Si no trabajamos en desarrollo y no apostamos a mejorar la productividad y el empleo, seguramente habrá años complicados en el futuro. Las propuestas de desarrollo no se pueden hacer sin financiamiento. No es lo único: hay que tener ideas, trabajar en formación, educación y otras políticas, pero el financiamiento también es sumamente importante.