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Economía Actividad económica
Archivo, junio de 2026. · Foto: Gianni Schiaffarino

Archivo, junio de 2026.

Foto: Gianni Schiaffarino

Carta de un almacenero a Auder

Respuesta a Marcelo Mula, vicepresidente de la Asociación Uruguaya de Energías Renovables (Auder)

Estimados amigos de Auder:

Hace unos días, su vicepresidente dijo en la diaria Radio que yo hacía “cuentas de almacenero”1. Me dejó pensando. Y cuanto más lo pienso, más me gusta: un buen almacenero sabe cuánto cuesta lo que vende, quién paga los gastos del negocio y cuánto puede fiar sin terminar fundido. No es poca cosa. Así que acepto el delantal y propongo revisar juntos la cuenta.

Se plantea que UTE debería vender electricidad a un gran consumidor a unos 42 dólares por megavatio-hora, porque ese sería su costo medio de generación. No sé de dónde sale ese promedio ni qué incluye. Pero, antes de ponerle precio a la mercadería, conviene revisar todas las facturas.

Empecemos por la eólica, uno de los pilares de nuestra generación eléctrica. Auder tuvo un papel importante en su desarrollo y conoce bien los contratos que hicieron posible esa transformación: contratos con precios que hoy rondan los 70 dólares por megavatio-hora. Y algo muy parecido sucede con los contratos solares y con la generación a partir de residuos de biomasa, cuyos precios superan los 100 dólares por megavatio-hora. Ya tenemos, entonces, tres facturas que no conviene dejar debajo del mostrador.

En la entrevista se menciona el menor precio que podrían ofrecer futuros proyectos solares u eólicos. Los costos de estas tecnologías siguen bajando y esto es una buena noticia, sin duda. ¿Pero la propuesta entonces sería desconocer todos los contratos firmados y empezar de nuevo con los precios de hoy? No olvidemos que esos contratos son los que nos han permitido reducir fuertemente los costos de generación durante estos últimos diez años, y que le siguen permitiendo al país ahorrar 500 millones de dólares todos los años. Y, además, no creo que dejar de honrar contratos pueda ser admisible en Uruguay. Felizmente. Hasta en el almacén sabemos que una oferta nueva no puede borrar las facturas anteriores.

Pero, de todas formas, lamentablemente el sol todavía no atiende el turno de la noche; de hecho, en Uruguay solo aporta, en promedio anual, durante unas cinco horas diarias. El viento sopla un poco más, pero tampoco durante todo el día ni todo el año. Por lo tanto, para poder garantizar la electricidad a todos los consumidores, actuales y futuros, aún quedan por considerar muchas más facturas.

Primero viene el agua. Es cierto que la lluvia no manda factura. Pero las represas, las turbinas y toda la infraestructura necesaria para convertirla en electricidad costaron muchísimo dinero. Los uruguayos llevamos décadas pagando esas inversiones y seguimos pagando su mantenimiento. Que el agua caiga del cielo no significa que la electricidad también.

Por eso, cuando llega un nuevo gran cliente, es razonable darle la bienvenida. Lo que no parece razonable es que los demás clientes sigan pagando el local, las heladeras y los estantes, mientras al recién llegado se le cobre como si nada de eso costara.

Además, una cosa es comprar electricidad cuando sobra y otra es pedir un suministro firme, también cuando no llueve, no hay sol, o no sopla el viento. Para garantizarlo va a ser necesario encender centrales térmicas, cuya generación puede superar los 200 dólares por megavatio hora. Esa factura también debe entrar en la cuenta.

Pero hay algo todavía más importante: nuestras represas tienen una capacidad limitada. Uruguay consiguió reducir mucho el uso de combustibles porque combina el viento y el sol con el agua, que podemos guardar para cuando más la necesitamos.

Pero existe un costo de oportunidad del uso de esa agua. Si incorporamos una gran demanda adicional, esa misma reserva de agua debe alcanzar para garantizar más consumo. El agua se vuelve más valiosa, va a hacer falta encender más las térmicas y por lo tanto va a aumentar el costo de abastecer al conjunto del país.

Por lo tanto, la pregunta no es solamente si el precio ofrecido cubre el promedio real de todos los costos. También hay que preguntar quién paga la infraestructura y quién paga, sobre todo, el aumento de costos que ese nuevo consumidor va a provocar. Si la respuesta es “los demás consumidores”, el descuento tiene dueño: lo financian los hogares y las empresas uruguayas.

Queremos nuevas inversiones y desarrollo. Precisamente por eso conviene hacer la cuenta completa.

Y aquí termino mi primera jornada detrás del mostrador. Los almaceneros tenemos una sana costumbre: antes de anunciar una oferta, comprobamos que el descuento no termine anotado en la libreta del vecino.

Un cordial saludo,

Ramón Méndez, almacenero por designación radial.