El Instituto Cuesta Duarte difundió el martes su análisis anual sobre los salarios sumergidos, considerando bajo este rótulo todo ingreso laboral líquido mensual inferior a 25.000 pesos por 40 horas semanales de trabajo, expresado a valores de noviembre de 2022 (que equivalen a 28.700 pesos a diciembre del año pasado).
Como señala en la introducción, el objetivo de este estudio es aportar insumos para el diseño de medidas que permitan abordar esta problemática, en un contexto donde la desigualdad de ingresos, medida a partir del índice de Gini, aumentó durante el año pasado (el indicador pasó de 0,383 a 0,404).
La situación de los ocupados y los asalariados
Esta es la primera distinción que se presenta para desplegar el análisis, que se realiza considerando cinco franjas de ingresos laborales, tomando como referencia el monto líquido mensual que se corresponde con 40 horas de trabajo semanal.
Entre las personas ocupadas, que son los asalariados y los trabajadores independientes (se incluyen los trabajadores por cuenta propia, los patrones y los cooperativistas), la problemática afecta al 30% del total, que son aproximadamente 512.000 personas. De ese total, hay 160.000 trabajadores que perciben menos de 15.000 pesos, un 9% del total. A esto hay que sumar aquellos cuyos ingresos laborales se ubican entre los 15.000 y los 25.000 pesos, que son unas 352.000 personas (21% del total). En el otro extremo de la categorización, los ocupados con salarios superiores a 50.000 pesos son apenas el 28% (cerca de 463.000 personas).
Entre los asalariados, por su parte, la incidencia de esta problemática es un poco menor, dado que la proporción de veinticincomilpesistas es del 25% (293.000 personas); 4% no llegan a 15.000 pesos (50.000) y 21% ganan entre 15.000 y 25.000 pesos (243.000). De este universo, el 29% (345.000) ganan más de 50.000 pesos.
Evolución reciente
En comparación con el año pasado, el porcentaje de ocupados con salarios sumergidos permaneció relativamente estable en torno al 30%, lo que supone que esta proporción se sitúa dos puntos porcentuales por encima del umbral prepandemia (28%). Lo mismo ocurre en el caso de los asalariados, es decir, la proporción se mantuvo en niveles similares a los de 2024 (25%), que son superiores a los observados en 2019 (23%).
Distribución por sexo
Los datos muestran que los salarios sumergidos afectan más a las mujeres que a los hombres, un fenómeno que ocurre tanto entre las personas ocupadas como entre las asalariadas. Concretamente, entre las personas ocupadas, el 32% de las mujeres percibió salarios sumergidos, tres puntos más con relación a los hombres (29% de los hombres). Entre los asalariados, por otra parte, la proporción ascendió a 26% en el caso de las mujeres y 24% en el de los hombres.
La caracterización de los asalariados
Para este subconjunto de trabajadores, la información procesada se desagrega distinguiendo entre formales e informales, tramos etarios, pertenencia al sector público o privado y entre sectores de actividad.
Registro o no registro a la seguridad social
Como advierte el informe, “la precariedad laboral, reflejada en la falta de registro a la seguridad social, está estrechamente asociada a la presencia de salarios sumergidos”. En efecto, de los 114.000 asalariados informales, 70.000 perciben salarios sumergidos, lo que representa el 62% del total (dentro de este total, 28.000 personas ganan menos de 15.000 pesos). Entre los asalariados formales, la proporción de veinticincomilpesistas se ubicó en torno al 21%, es decir, unas 223.000 personas.
Franjas etarias
Al segmentar el análisis por edad, los datos reafirman el diagnóstico sobre los problemas estructurales que enfrentan los jóvenes al insertarse al mercado laboral. En ese sentido, entre los menores de 25 años, el 52% (68.000 jóvenes) percibió salarios sumergidos durante el año pasado: 10% no llegó a 15.000 pesos (13.000) y el restante 42% (55.000) se ubicó en la franja que va desde esa cifra hasta el umbral de 25.000 pesos. Del otro lado, apenas un 7% de los jóvenes percibió un salario mayor a 50.000 pesos líquidos. En efecto, los datos revelan “otra expresión de la vulnerabilidad” que enfrenta este grupo dentro del mercado laboral.
Por otra parte, agrega el informe, entre los asalariados de 25 a 39 años la problemática afectó al 26% (se redujo), mientras que entre los mayores de 40 años se situó en el entorno del 19%.
Regiones
Al separar las cifras por región, los datos indican que esta es una problemática más acuciante en el interior del país: 29% de los asalariados del interior enfrentan salarios sumergidos, diez puntos porcentuales más que en Montevideo (19%). Dentro de ese total, el 5% de los trabajadores del interior no llega a 25.000 pesos, mientras que esa proporción es de 2% en el caso de la capital.
Sector público y privado
De este criterio surge una diferencia significativa, dado que en el sector privado casi uno de cada tres asalariados se ve afectado por esta problemática, una cifra mucho mayor que la que se observa dentro del sector público (4%). Además, el 58% de los asalariados públicos percibe más de 50.000 pesos, guarismo bastante mayor con respecto al del sector privado (21%).
Ramas de actividad
Finalmente, el análisis del Cuesta Duarte permite desentrañar las diferencias entre los distintos sectores de actividad, que arrojan un panorama bastante heterogéneo. Sobre esta diferenciación, el documento indica que el servicio doméstico “registró la mayor cantidad de asalariadas con ingresos inferiores a 15.000 pesos líquidos mensuales, con unas 12.500 trabajadoras. Le siguió el comercio, con 8.900. En la franja de 15.000 a 25.000 pesos, el servicio doméstico reunió unas 25.000 asalariadas, mientras que en el comercio la cifra ascendió a unas 64.000 personas”.
No obstante, el ordenamiento varía al considerar las proporciones, es decir, al tomar los datos en términos relativos. Desde esta perspectiva, la proporción de salarios sumergidos es mayor en el caso del sector que agrupa el agro, la forestación, la pesca y la minería (44% del total), seguido por servicios domésticos (40%) y comercio (40%).
En el otro extremo del ordenamiento, se destacan los casos de la enseñanza (5%), el sector de información y comunicaciones (7%) y la administración pública (8%).
Salarios sumergidos y pobreza
Si bien existen diferencias metodológicas y conceptuales relevantes para medir ambos fenómenos, el vínculo entre ambos mundos es evidente y muestra cómo en Uruguay conviven ambos mundos, el mundo laboral con el de las privaciones monetarias.
Concretamente, el año pasado eran cerca de 179.000 las personas ocupadas que vivían en hogares pobres, cifra que representa casi la mitad de los adultos en situación de pobreza. Entre ellas, agrega el informe, el 68% percibió ingresos laborales inferiores a 25.000 pesos y el 32% no alcanzó los 15.000.
Lo mismo se observa entre los asalariados y entre los asalariados registrados a la seguridad social (formales). En ese sentido, se destaca que, “entre los asalariados formales que vivían en hogares pobres, el 56% fue veinticincomilpesista, frente al 19% entre quienes no vivían en hogares pobres”.
Como indica el Cuesta Duarte, “estos resultados muestran que, en el marco de los Consejos de Salarios, todavía existe un amplio margen para mejorar la remuneración de los trabajadores más vulnerables y contribuir así a reducir la pobreza”. Si bien los lineamientos de la undécima ronda de negociación colectiva y los incrementos previstos para el salario mínimo nacional van en ese sentido, “su moderación puede limitar el alcance de estas medidas”.