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Gráfico de la semana | Sobre las migraciones sectoriales del trabajo

¿Cómo han cambiado la composición y la estructura del mercado laboral durante las últimas cuatro décadas?

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La composición actual del mercado laboral

En el promedio del período que se extiende entre 2019 y 2024, el comercio, los restaurantes y los hoteles concentraron el 21,2% de los ocupados en Uruguay. Les siguieron la educación, la salud y otros servicios sociales (17,5%), y los servicios financieros y a empresas (11,1%). Luego se ubican la industria manufacturera (10,1%), el servicio doméstico y otros servicios personales (9,5%), las actividades primarias (8,2%), transporte, comunicaciones y electricidad, gas y agua (EGA) (8,1%), la construcción (7,4%) y la administración pública y defensa (6,9%).

En conjunto, las ramas de servicios explican el 74,3% del empleo, mientras que los sectores productores de bienes reúnen el 25,7% restante.

¿Qué cambió respecto de finales de los 90?

Frente al promedio correspondiente al período 1997-1999, la participación de los servicios en el empleo total aumentó 11,3 puntos porcentuales (p.p.). Las mayores caídas se registraron en las actividades primarias (-6,8 p.p.), el servicio doméstico y otros servicios personales (-6,5 p.p.) y la industria manufacturera (-4,9 p.p.). Estos tres sectores reunían el 46% de los ocupados a fines de los 90 y hoy representan el 27,8%.1

En contrapartida, ganaron peso la educación, la salud y otros servicios sociales (+6,5 p.p.) y los servicios financieros y a empresas (+6,1 p.p.), que duplicaron su participación. También ganaron participación comercio, restaurantes y hoteles (+3,2 p.p.) y transporte, comunicaciones y EGA (+2,1 p.p.). La construcción y la administración pública mantuvieron un peso relativo prácticamente estable.

¿Por qué es importante la estructura del empleo?

La distribución de los ocupados por rama de actividad muestra cómo se organiza la economía y qué sectores utilizan con mayor intensidad el factor trabajo. Por lo tanto, indica también cómo se conecta el crecimiento económico con los ingresos de los hogares.

Dado que la productividad, los salarios y el grado de formalidad difieren considerablemente entre sectores, la composición del empleo condiciona tanto el potencial de crecimiento de la economía como la forma en que se distribuyen sus beneficios. Por eso constituye un insumo central para el diseño de políticas, especialmente dentro de la órbita del mercado laboral.

En ese sentido, el traslado del empleo desde las actividades primarias y la industria hacia los servicios es un patrón habitual en los procesos de desarrollo (cambio estructural). Su efecto sobre el crecimiento depende de hacia dónde se desplace el empleo. Si se dirige hacia actividades de mayor productividad que las que pierden peso, el cambio estructural impulsa el crecimiento agregado; si ocurre lo contrario, lo frena.

La composición sectorial también incide en la sensibilidad del empleo ante los vaivenes del ciclo económico. El predominio del comercio y de los servicios implica que una parte importante de los puestos de trabajo depende del consumo interno y, en términos más generales, de la evolución de la demanda agregada.

A su vez, el peso de los sectores que emplean mayoritariamente mano de obra de baja calificación plantea desafíos en materia de calidad del empleo y protección social. Estas actividades suelen estar asociadas a menores salarios, a una menor cobertura de la seguridad social y a condiciones laborales más precarias.

¿Qué implica nuestra estructura del mercado laboral?

La terciarización del empleo no implicó un desplazamiento homogéneo hacia actividades de mayor calidad, y dentro de los servicios se distinguen dos segmentos de peso similar. Por un lado, la educación, la salud y los servicios financieros y a empresas, actividades con mayores requerimientos de calificación, reúnen el 28,6% de los ocupados y casi duplicaron su participación desde fines de los 90 (16%). Por otro lado, el comercio y el servicio doméstico concentran el 30,7% del empleo en actividades que suelen tener menores requerimientos de calificación y mayor rotación, y redujeron su peso desde el 34% registrado en el período 1997-1999.

Los datos de informalidad permiten aproximar esas diferencias de calidad. En el promedio 2015-2024, el comercio, los restaurantes y los hoteles registraron una proporción de ocupados no registrados en la seguridad social de 28,9%. En los servicios a empresas, esa proporción fue de 23,2%, un nivel cercano al promedio de la economía, que refleja que en esa categoría conviven actividades como la informática y los servicios profesionales con servicios de apoyo como limpieza y seguridad. En el otro extremo se situaron transporte y comunicaciones (11,2%) y EGA (0,7%).

La heterogeneidad, de todos modos, no se limita a los servicios. Entre los sectores productores de bienes, la construcción presentó la mayor informalidad de toda la economía (47,7%), mientras que el agro y la minería (28,4%), así como la industria manufacturera (25,7%), se ubicaron en niveles inferiores.

Esta configuración condiciona la estrategia de desarrollo. En efecto, que casi un tercio de los ocupados se concentre en actividades de baja calificación y elevada informalidad limita la posibilidad de mejoras sostenidas en los ingresos laborales y hace más compleja la distribución de los beneficios del crecimiento.

¿El cambio estructural elevó la productividad?

La recomposición del empleo hacia los servicios refleja, en parte, el aumento de la productividad en el agro y la industria, que lograron producir más con menos trabajadores. Si ese desplazamiento elevó además la productividad agregada de la economía, depende de qué actividades absorbieron el empleo. La caída del servicio doméstico y el mayor peso de los servicios más calificados apuntan en ese sentido, mientras que el crecimiento del comercio opera en la dirección contraria.

Hacia adelante, el desafío es doble. Por un lado, facilitar, mediante capacitación y diversificación productiva, el tránsito de trabajadores hacia sectores de mayor productividad. Por el otro, mejorar la calidad del empleo en las actividades que hoy concentran a la mayoría de los ocupados, empezando por la formalización del comercio y la construcción.

Este reporte se basa en el informe 40 años de transformaciones del trabajo en Uruguay: nuevos empleos, viejas desigualdades y desafíos para el futuro, elaborado por Etcétera en cooperación con la Fundación Friedrich Ebert. La versión completa está disponible en nuestra web.


  1. Este desplazamiento forma parte de una tendencia de más largo plazo. Según el informe 40 años de transformaciones del trabajo en Uruguay (FES-Etcétera, 2026), esos mismos tres grupos de actividades concentraban cerca de la mitad del empleo a fines de los años 80. 

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