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Lanzamiento del programa Pelota al Medio a la Esperanza en la escuela 271 Ana Frank, de Cerro Norte, el miércoles 22.

Foto: Rodrigo Viera Amaral

Pelota al Medio a la Esperanza: su relanzamiento, la “guerra a la esquina” y su apuesta por duplicar el alcance en el quinquenio

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El programa del Ministerio del Interior trabaja todas las semanas con 4.500 escolares y ahora se propone actividades de integración y formación para sus familias.

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El calendario del curso marca que la clase será sobre cocina italiana. El docente es el reconocido Nilson Viazzo, el primer ganador de Masterchef Uruguay, que es funcionario del Ministerio del Interior (MI) y desde que resultó victorioso en ese concurso empezó a dar talleres de cocina en distintas partes del país. A partir del recetario que se entregó a los estudiantes, todos adultos referentes de niños de la escuela 271 Ana Frank, de Cerro Norte, en la clase se concentrarán en dos platos: un carpaccio, que consiste en una preparación de fetas de carne roja que se consume sin pasar por el fuego, y distintas pastas laminadas, es decir, sin relleno.

Es un espacio gratuito en el marco del programa Pelota al Medio a la Esperanza, que también interviene en la escuela directamente con los niños a través del proyecto Moña, implementado en coordinación con la Dirección General de Educación Inicial y Primaria (DGEIP). Andrea Nudo, una de las participantes del taller de cocina, cuenta que las clases les dejan un doble aporte: por un lado, se llevan un montón de recetas que pueden hacer en casa; por otro, les acercan conocimientos sobre el funcionamiento de una cocina profesional.

Uno de los valores de estas propuestas de formación, que duran un par de meses y van rotando en distintos territorios en los que se implementa el proyecto Moña, es que cuentan con el acompañamiento de un docente de UTU que, al final, realiza una instancia de evaluación con la que los participantes logran una acreditación de saberes. De esa forma pueden culminar con un diploma en gastronomía-cocina que se convierte en una herramienta a la hora de buscar un trabajo en el sector.

Así se hizo el año pasado en Casavalle. Allí, los talleres de los viernes hasta las 21.00 mantuvieron la participación constante de 25 adultos durante los dos meses de duración. Luego de su culminación en Cerro Norte, se realizará en otro barrio de los que abarca el programa. Está previsto que la entrega de diplomas se haga en el Palacio Legislativo, igual que en 2025, cuando las familias se pusieron sus mejores ropas y en muchos casos pasaron por la peluquería como muestra de la importancia de una actividad de esas características.

Foto: Rodrigo Viera Amaral

Nudo contó que la participación en el taller propició una nueva forma de relacionamiento entre las familias. “Algunos nos conocíamos de antes, otros no. Esto ha servido también para interactuar más entre nosotros, conocernos un poco más, porque hay padres que son más reservados que otros”, resumió. Comentó que la participación en el taller, que se da los miércoles a las 16.00, después de que termina el turno escolar, también permite seguir profundizando el vínculo con el centro educativo, ubicado en Cerro Norte, una de las zonas en las que el gobierno ha priorizado la intervención para mejorar las condiciones de vida y de convivencia en el barrio.

Eduardo Camejo es el director de la escuela 271 y es consciente de los problemas de seguridad que atraviesa el barrio, que, por supuesto, de forma indirecta inciden en el clima educativo. De todas formas, se refirió al esfuerzo de todo el equipo docente por lograr que la escuela sea “otro mundo”, algo que hasta el momento vienen logrando. En ese sentido, habló del proyecto de convivencia del centro educativo, que se plantea como abierto a la comunidad, lo que incluye el interés de que las familias sean parte de la educación de sus hijos.

“Acá en la escuela pasan cosas muy lindas. Los niños aprenden, disfrutan de la escuela y pasan sensacional como cualquier niño de otra escuela. Así que estamos sumamente orgullosos y contentos por la escuela que tenemos”, afirmó. Se trata de un centro educativo que desde setiembre del año pasado es de tiempo completo, al que asisten unos 150 niños desde grupos de 4 año de educación inicial hasta sexto de primaria.

Las actividades extracurriculares, entre ellas las que propone Pelota al Medio a la Esperanza, calzan a la perfección con el proyecto del centro educativo. Según contó Camejo, las propuestas deportivas y culturales que desarrolla el programa y el estrecho vínculo con las familias han sido clave para mejorar la asistencia de las niñas y niños, que este año se ubican en promedio en el entorno del 90%. En concreto, a la escuela concurren dos recreadores todos los jueves y también hay talleres de percusión y de hip hop, y desde Pelota al Medio a la Esperanza también se busca brindar locomoción para salidas didácticas; a esa causa también colaboran otras instituciones, como el Colegio Inglés, y distintos talleristas que concurren semanalmente a la escuela.

Nilson Viazzo, tallerista del programa durante la actividad.

Foto: Rodrigo Viera Amaral

El relanzamiento del programa en 2025 y su estrecho vínculo con la ANEP

El programa Pelota al Medio a la Esperanza se creó en 2010, cuando Eduardo Bonomi era ministro del Interior, bajo el supuesto de que la práctica deportiva es una herramienta fundamental para contribuir a la mejora de la convivencia ciudadana, sobre todo aquella que se hace en equipo y que promueve valores de cooperación. Si bien en el quinquenio anterior el programa continuó existiendo, bajó notoriamente su perfil y su despliegue territorial.

Agustín Iparraguirre coordinó el programa durante años y, luego de la interrupción durante los cinco años de administración de la Coalición Republicana, retomó ese rol en 2025, con la vuelta del Frente Amplio al gobierno nacional. En diálogo con la diaria, contó que, en términos institucionales, en 2025 se definió que el programa pasara a ser una dirección nacional dentro del MI, lo que implica una mayor fortaleza y una dependencia directa de la Dirección General de Secretaría, actualmente a cargo de Gerardo Siri.

El programa acompaña la gestión del MI, que tiene la construcción de convivencia como uno de sus ejes. De hecho, desde la cartera definen los territorios de intervención a partir de la definición de “puntos de calor”, con base en datos que marcan dónde se concentran en mayor medida las situaciones de violencia.

Iparraguirre contó que, en función de las zonas definidas como prioritarias para la intervención, se diseñaron distintos dispositivos de actuación. Uno de ellos se generó en estrecho vínculo con las autoridades de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP). Recordó que cuando el actual presidente del ente, Pablo Caggiani, asumió en el cargo, pidió la participación del programa en el abordaje de la convivencia en centros educativos. Una de las principales líneas de acción en ese sentido se lleva a cabo a través del proyecto Moña, con el que actualmente trabajan en 33 escuelas públicas de la zona metropolitana, lo que implica tener presencia en 18 barrios y atender a 4.500 escolares cada semana.

Otra de las líneas de intervención de Pelota al Medio a la Esperanza en el sistema educativo es en la enseñanza media, tanto en Secundaria como en UTU, con la organización de campeonatos de fútbol que apuntan a la convivencia. Para eso, contó Iparraguirre, algunos colegios privados, en su mayoría católicos, les ceden canchas deportivas para la realización de los torneos, tanto en modalidad masculina como femenina. Además, señaló que desde el programa implementan talleres de resolución de conflictos, en coordinación con otras áreas del MI, y que también se trabaja en conjunto con la Policía Comunitaria y con las jefaturas de distintos departamentos.

Consultado sobre el impacto del programa desde su relanzamiento, Iparaguirre dijo que está entre los objetivos de corto plazo la realización de una evaluación profesional de sus acciones. De todas formas, señaló que lo que les devuelven docentes y equipos directivos de los centros educativos con los que trabajan es que colabora para que “empiece a cambiar un poco la dinámica dentro de la clase”. “Hay más armonía para el trabajo, los chiquilines han bajado la intensidad de ansiedad y de violencia en algunos casos”, resumió.

Por otra parte, mencionó la línea de trabajo en conjunto con la Liga Universitaria, por la que equipos de liceales de distintas categorías participan en la competición de fútbol masculino. Dijo que en esos casos los adolescentes deben mantener el vínculo con el liceo o la escuela técnica para seguir adelante con la práctica del deporte, requisito que ha mostrado excelentes resultados como incentivo a la continuidad en los estudios.

Foto: Rodrigo Viera Amaral

La apuesta por seguir creciendo

El programa también interviene por fuera del sistema educativo formal y, por ejemplo, ofrece distintas formaciones a jóvenes que ya cumplieron o están cerca de cumplir 18 años y se están insertando en el mercado laboral. Al respecto, Iparraguirre contó que se dan talleres sobre educación financiera en conjunto con la Fundación Banco República.

Otra de las líneas de acción se lleva adelante junto con el Instituto Nacional de Rehabilitación; en ese marco se inscribe el trabajo con la práctica del rugby en centros de reclusión como la cárcel de Punta de Rieles, la cárcel de mujeres o el ex Comcar. Según resumió el director del programa, el rugby es “un deporte de mucho compañerismo, tiene mucho de ser muy leal a las reglas, de ser respetuoso con el árbitro”.

Iparraguirre señaló que en el actual período de gobierno la intención del programa es duplicar su alcance, pero espera que eso se deba a un aumento de las solicitudes de intervención, porque se evalúa que funciona. En ese sentido, dijo que si Pelota al Medio a la Esperanza crece, es importante “mantener la calidad” de las intervenciones.

Según resumió el director, el programa hace “una guerra a la esquina” del barrio, de forma de evitar que los jóvenes pasen su tiempo ahí, sin encontrar lugar en otros espacios. Precisamente, consideró que las actividades de Pelota al Medio a la Esperanza tratan de buscarles lugar para que “puedan sentirse de otra manera” y “parte de la sociedad”.

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