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Ernesto Domínguez.

Foto: Alessandro Maradei

Creación del Inaeet: ¿Cómo funcionará el sistema de evaluación y acreditación de la educación terciaria?

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El presidente de la institución, Ernesto Domínguez Misa, señaló que el trabajo del organismo comenzará por conocer el funcionamiento de las instituciones educativas y promover estándares de calidad.

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El Instituto Nacional de Acreditación y Evaluación de la Educación Terciaria (Inaeet) concretó su creación en diciembre de 2019 en el marco de la Ley 19.852, tras varios intentos fallidos. Su puesta en marcha, sin embargo, comenzó recién a partir de diciembre de 2024, cinco años después.

Este instituto es el único que tiene competencia en los niveles de grado y posgrado sobre todas las instituciones de enseñanza terciaria tanto públicas como privadas, universitarias y no universitarias. Entre ellas, se incluyen las formaciones del Ministerio del Interior, el Ministerio de Defensa, la Formación Docente y el Sodre.

El Inaeet funciona de forma autónoma como un organismo público no estatal, aunque está vinculado al Ministerio de Educación y Cultura (MEC). Su consejo directivo está constituido por diez miembros, entre los que hay —además del presidente y el presidente alterno, designados por el MEC— representantes de diferentes instituciones educativas públicas y privadas de nivel terciario del país, como la Universidad de la República (Udelar), la Administración Nacional de Educación Pública —UTU y Formación Docente—, la Universidad Tecnológica, instituciones terciarias policiales y militares, y las cinco universidades privadas instaladas en el país.

El instituto aún atraviesa una etapa de consolidación. Luego de su puesta en marcha, incluso los meses siguientes significaron momentos de reestructura para el organismo. Debido a las dos designaciones propuestas por el MEC, algunos delegados asignados durante el fin de la administración anterior —de Luis Lacalle Pou— fueron modificados, y el proceso de una nueva presidencia comenzó entre setiembre y octubre de 2025 para continuar a cargo de Ernesto Domínguez Misa.

Domínguez puntualizó, en diálogo con la diaria, que el consejo directivo tiene total autonomía técnica de las instituciones que los proponen. La decisión final de la designación de cada integrante del consejo queda a cargo del Poder Ejecutivo en acuerdo con el MEC. “Una vez que Presidencia te nombra, estrictamente sos un delegado con autonomía técnica de las instituciones”, aseguró. La ley busca garantizar la autonomía en las decisiones del instituto. Por eso, una vez designados, los integrantes del consejo no pueden ser removidos por las instituciones que los propusieron, salvo en casos excepcionales previstos por la normativa o a raíz de su propia renuncia.

La primera etapa de trabajo comenzó por establecer contacto con todas las instituciones terciarias del país. Según explicó Domínguez, “a partir de octubre del año pasado, empezamos con el trabajo sustantivo, lo que significó, primero, tomar contacto con todas las instituciones. El consejo directivo tuvo reuniones con todas las directivas de las instituciones terciarias, públicas y privadas”, y aclaró que son casi 40 las instituciones que abarca ese universo.

Las conversaciones permitieron constatar que existía un interés en la comunidad académica uruguaya por contar con un organismo de estas características, algo que, aseguró, resultó “alentador” para los miembros del consejo.

A partir de ese diálogo, el instituto comenzó a desarrollar su plan de trabajo. El primer plan de acción, según relató su presidente, está enfocado en el fortalecimiento de los mecanismos internos de aseguramiento de la calidad dentro de las propias instituciones educativas. En ese sentido, Domínguez remarcó que “las primeras responsables de la calidad son las propias instituciones”, y señaló que ningún organismo externo puede sustituir esos procesos internos. “Sí podemos medirlos y señalar dificultades, pero las instituciones necesitan contar con sus propios mecanismos”, explicó.

Como parte de esa línea de trabajo, el Inaeet inició el martes 5 de mayo un ciclo de formación dirigido a funcionarios y docentes vinculados a la calidad educativa dentro de las instituciones terciarias. La propuesta, que se desarrolla en el Campus Luisi Janicki de la Udelar, será de seis encuentros consecutivos y contará con el apoyo de especialistas de la Unesco, por medio de un convenio.

La primera jornada estuvo centrada en una introducción general a los conceptos vinculados con el aseguramiento de la calidad, mientras que en las próximas instancias participarán expertos internacionales invitados, contó Domínguez. A su vez, destacó la amplia participación de instituciones públicas y privadas en esta convocatoria. Según señaló, el panorama de la educación terciaria uruguaya presenta una gran heterogeneidad, tanto por su tamaño y complejidad como por la ubicación geográfica, los perfiles institucionales y los objetivos académicos. “Hay instituciones grandes y pequeñas, universitarias y no universitarias, públicas y privadas, tanto en Montevideo como en el interior”.

Diferencia entre acreditación y evaluación

Consultado sobre las funciones específicas del instituto, su presidente explicó la diferencia entre los procesos de evaluación y acreditación. Esta diferencia radica en sus objetivos y mecanismos, aunque se trate de procesos similares en su ejecución. “En Uruguay, evaluar implica realizar un ejercicio de autoanálisis por parte de las instituciones, las unidades académicas o las carreras, con el objetivo de identificar fortalezas y debilidades y generar un plan de mejora”. Este proceso será definido dentro del Marco Nacional de Evaluación y Acreditación, documento que, según manifestó Domínguez, está siendo trabajado en el consejo directivo, y que, antes de ser aprobado, será puesto a consideración de todas las instituciones de educación superior junto con el MEC.

Luego de establecido el documento guía, las instituciones que así lo deseen comenzarán a evaluar su propio funcionamiento. Deberán revisar distintos aspectos vinculados con su actividad, como la composición y formación de sus cuerpos docentes, sus estructuras académicas, entre otros elementos. El objetivo, señaló Domínguez, es identificar de la forma “más participativa posible” cuáles son sus fortalezas, debilidades y áreas que requieren mejoras. Ese proceso culmina con la elaboración de un informe fundamentado que luego es remitido al Inaeet. A partir de allí, el instituto verifica que el documento cumpla con los requisitos establecidos y designa un comité de “pares evaluadores” encargado de realizar la evaluación externa.

Estos comités suelen estar integrados por tres especialistas externos a la institución evaluada, seleccionados a partir de un banco de evaluadores construido por el propio sistema. Según explicó el presidente del organismo, en el ámbito del Mercosur es habitual incorporar expertos extranjeros debido al tamaño reducido y al alto nivel de vínculos existentes dentro del sistema educativo nacional. Así es como los pares evaluadores analizan previamente el informe presentado y, posteriormente, realizan una visita presencial a la institución. Durante esa instancia, mantienen reuniones con el personal, además de recorrer las instalaciones y consultar sobre distintos aspectos del funcionamiento académico.

El objetivo de esa etapa es contrastar la información presentada en el informe de autoevaluación con la realidad observada durante la visita y con la experiencia técnica de los evaluadores. Finalmente, el comité elabora un informe externo que incluye observaciones y una serie de recomendaciones orientadas a la mejora institucional.

En cuanto a los procesos de acreditación, el presidente del Inaeet explicó que estos parten de estándares y criterios previamente definidos por el instituto. En ese marco, el organismo establecerá parámetros mínimos que las carreras, instituciones o unidades académicas deberán cumplir para obtener la acreditación.

Según señaló, mientras que la evaluación está orientada principalmente a la identificación de fortalezas y debilidades para promover mejoras internas, la acreditación implica además verificar si una institución alcanza determinados niveles de calidad previamente establecidos.

Los criterios varían. En el caso de las carreras, por ejemplo, los estándares están más vinculados a aspectos de enseñanza, carga horaria y estructura curricular, explicó Domínguez. Mientras tanto, en las evaluaciones institucionales adquieren mayor peso los procesos de investigación, la generación de conocimiento y el funcionamiento académico.

Como ejemplo, mencionó que, entre los criterios para obtener la acreditación, uno puede estar vinculado a la existencia de actividad de investigación “sólida y permanente”. En ese caso, los evaluadores deberán determinar si la institución cumple efectivamente con ese requisito o si presenta carencias que impiden alcanzar la acreditación.

A su vez, remarcó que la acreditación no solo busca promover mejoras, sino también certificar públicamente que determinadas carreras o instituciones alcanzan niveles mínimos de calidad definidos previamente, y eso genera un impacto en el nivel de reconocimiento para las distintas instituciones educativas. Se trata de alcanzar un “prestigio”, señaló Domínguez.

¿Por qué es necesario el Inaeet en Uruguay?

Uruguay era el único país de América Latina que no contaba con una institución de evaluación y acreditación. Estas funciones eran llevadas adelante por una comisión ad hoc creada en 2008, a la que el artículo 1 del Decreto 251/008 brindaba “plena independencia técnica” en el ámbito del MEC y establecía que su funcionamiento se extendería hasta “la creación de una agencia de acreditación en el país”. Esta comisión permitió a Uruguay formar parte de los procesos del Sistema de Acreditación de Carreras de Grado del Mercosur (ARCU-SUR), lo que posibilitó el “reconocimiento regional de la calidad académica de las respectivas titulaciones en el Mercosur y estados asociados”, tal como establecía el decreto.

Según explicó el presidente del Inaeet, la creación del instituto responde, en primer lugar, a las transformaciones que atravesó la educación superior en las últimas décadas. Señaló que el sistema dejó de estar compuesto únicamente por universidades tradicionales y pasó a incluir universidades tecnológicas, institutos terciarios y una oferta educativa cada vez más diversa y masiva. En ese contexto, sostuvo que comenzaron a surgir a nivel internacional organismos especializados en evaluación y acreditación capaces de validar la calidad de las instituciones y carreras, proceso que a Uruguay le llevó unos años.

Otro de los factores que impulsaron la creación del instituto fue la necesidad de que Uruguay contara con un interlocutor formal para el diálogo regional e internacional en materia de acreditación y reconocimiento de títulos. Mientras que otros países y bloques regionales avanzaron en sistemas de reconocimiento mutuo y aseguramiento de la calidad, nuestro país había quedado rezagado por no contar con una agencia nacional específica. “Hay una conversación sobre las reglas internacionales en la que Uruguay estaba quedando un poco afuera”, explicó.

Esa situación, según dijo, dificultaba tanto la participación plena en mecanismos regionales como en el sistema ARCU-SUR del Mercosur, y entorpecía el reconocimiento internacional de títulos uruguayos. En ese sentido, señaló que uno de los objetivos del instituto será construir vínculos de confianza e intercambio con agencias de acreditación de otros países. A su vez, destacó la expectativa de la comunidad académica respecto de la creación de un organismo de estas características luego de años de discusión sobre su necesidad, y señaló que hasta el momento el instituto ha recibido una respuesta positiva de las instituciones.

¿Cómo medir la calidad educativa?: “No venimos con un ánimo punitivo”

El presidente del organismo remarcó que la creación del instituto no responde a una “crisis de calidad” de la educación superior uruguaya ni a una lógica punitiva: “No venimos con un ánimo punitivo”. Su creación responde, entre otros aspectos, a la necesidad de fortalecer los procesos de mejora continua de las instituciones educativas. Según indicó, el objetivo es conocer mejor el funcionamiento de las instituciones y carreras, y promover estándares de calidad para generar herramientas para el desarrollo del sistema terciario y universitario en el mediano y largo plazo. “El Inaeet llega como una institución con vocación de futuro. Todo lo que nosotros hagamos no va a tener efecto en 2027. Van a pasar cosas en 2027, pero todo nuestro trabajo está mirando hacia el mediano y largo plazo”.

“La calidad no es absoluta, la calidad se basa en cada momento histórico, en cada sociedad y en cada desarrollo de lo que estás evaluando”, dijo Domínguez, y señaló que los estándares aplicables en determinados países o sistemas educativos no necesariamente pueden trasladarse de forma automática a nuestra realidad. Uno de los principales desafíos del instituto será construir indicadores y criterios que contemplen las características y posibilidades del sistema educativo uruguayo. La intención es trabajar desde el inicio junto con las instituciones para generar parámetros de calidad que sean exigentes, pero también realistas y contextualizados.

Sin embargo, Domínguez aclaró que esa mirada contextual no implica reducir las exigencias. Por el contrario, indicó que el objetivo del instituto será establecer criterios que permitan impulsar mejoras y elevar los niveles de calidad del sistema terciario y universitario uruguayo. “Si acordamos criterios que los pasa todo el mundo, no sirve para nada”, resumió, y explicó que los estándares deben “tirar hacia arriba” al sistema educativo.

En esa línea, vinculó la validación entre pares que caracteriza a los procesos de evaluación. “En la investigación, una de las maneras de validar el conocimiento es que los pares lo reconozcan como válido”, señaló, y agregó que el instituto buscará aplicar una lógica similar en la construcción de esos estándares. Asimismo, recordó que el objetivo “no es cerrar instituciones”, sino contribuir a elevar su calidad. Aunque admitió que, una vez puestos en marcha los procesos de evaluación y acreditación, el propio sistema educativo comenzará a medirse con base en él, por lo que, si bien cada institución educativa elige si presentarse a los procesos del Inaeet, será difícil para ellas ignorar los parámetros establecidos.

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