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Juan Pedro Mir. Foto: Rodrigo Viera Amaral

Juan Pedro Mir publicó un libro que aborda el rol de la escuela ante la muerte, el duelo y los cuidados paliativos

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La publicación se propone visibilizar el tema, dar marcos conceptuales para abordarlo y una serie de herramientas posibles para su discusión en las distintas comunidades educativas.

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Juan Pedro Mir es conocido por su faceta política, ya que se desempeñó como director nacional de Educación en el Ministerio de Educación y Cultura durante algunos meses de 2015, luego fue parte activa de la organización Eduy 21 y más recientemente fue noticia su pasaje a las filas del Partido Independiente. No obstante, quizá menos conocida a nivel mediático, también tiene una trayectoria académica que cruza con lo profesional.

Actualmente, Mir es maestro de una escuela pública de Montevideo y también se desempeña como docente del área pedagógica, filosófica e histórica de la formación de maestros y profesores. Además, hasta hace unos años trabajó como referente del área educativa del Casmu, institución en la que desarrolló su interés y especialización en el abordaje de la muerte, el duelo y los cuidados paliativos en el ámbito educativo.

Según contó en entrevista con la diaria, desde 2023 comenzó a desarrollar esa tarea dentro del sistema de salud y, de acuerdo con su relato, algunos casos ameritaban una internación puntual y “otros eran más prolongados, algunos vinculados a salud mental y a temas oncológicos”.

Tiempo después inició una maestría en Currículo y Aprendizaje en la Universidad Católica del Uruguay y dedicó su tesis a “pensar sistemática y específicamente la influencia de la muerte, el duelo y los cuidados paliativos” en los procesos educativos, concretamente en la escuela primaria. Su tesis derivó en la publicación del libro La escuela ante la muerte, el duelo y los cuidados paliativos, que, según resumió Mir, apunta a visibilizar el tema, ofrecer marcos conceptuales para abordarlo y ofrecer “guías de orientación” para abordar en la práctica este tipo de situaciones.

La investigación de Mir parte de la realización de entrevistas a siete maestras y directoras que habían pasado por situaciones de fallecimiento de un alumno. Según ilustró, el docente, con el trabajo de campo se sintió como abriendo “muñecas rusas que se fueron desentrañando”. En ese sentido, valoró que la muerte, ya sea de alumnos, docentes o familiares, “es una situación presente en los centros educativos”.

Al respecto, indicó que la estadística marca que unos 150 jóvenes en edad liceal mueren por año, principalmente a causa de situaciones de violencia, suicidios y de siniestros de tránsito. En el caso de los niños, esa cifra es de unos 80 fallecimientos por año, lo que quiere decir que cada año hay más de 200 comunidades educativas “que se ven interpeladas por la muerte de uno de sus estudiantes”, cifra que aumenta si se tiene en cuenta los decesos de docentes o familiares directos de los estudiantes.

El abordaje de la muerte y el duelo en el sistema educativo

Mir identifica tres dimensiones para el abordaje de la muerte en los centros educativos. Una de ellas es la dimensión pedagógica, por la que se debe apuntar a “acompañar las situaciones de dolor”, pero también a un enfoque “preventivo”. Según explicó, “la muerte y el duelo también son temas que pueden ser abordados pedagógicamente” y, por ejemplo, mencionó que eso puede ocurrir “a través de la historia, del arte, de la filosofía, de la matemática y del conjunto del espacio curricular” que tienen a disposición maestras y maestros. “Cuando trabajás en Geografía, podés preguntar por qué hay distintos cementerios en la ciudad y por qué están donde están”, ilustró, y resumió: “Vos ofrecés el espacio educativo para abordar preventivamente el tema de la muerte”.

La segunda dimensión es la “posventiva” e implica preguntarse “qué hacemos cuando la muerte irrumpe en la escuela”. Si bien sostuvo que cuando ocurre un fallecimiento las posibilidades de acompañar son mejores si se trabaja el tema preventivamente con anterioridad, de todas formas, siempre es necesaria la intervención de equipos y profesionales especializados para llevar adelante “un acompañamiento psicológico y emocional que permita identificar eventuales situaciones de mayor complejidad por parte de los estudiantes”.

En tercer lugar, el maestro habló de la dimensión institucional, que implica pensar de qué forma las escuelas “abordan el tema de la muerte y el duelo como un tema que no entra en el olvido, que entra en el currículum y en la comunicación institucional”. Al respecto, consideró que “uno de los peores errores sería no hablar del tema” y no comunicar o introducir “mentiras piadosas” cuando se da una situación de ese tipo. “La escuela debe acompañar a través de una comunicación seria y responsable” para que la comunidad educativa observe que está presente.

Si bien en el sistema educativo público no hay protocolos ni políticas definidas sobre cómo se debe actuar en estos casos, Mir destacó una transformación de la reglamentación que llevó a cabo la Dirección General de Educación Inicial y Primaria en octubre pasado y que habilita a las instituciones educativas a generar instancias de reflexión a través del programa Escuelas Disfrutables. No obstante, ese avance en primaria contrasta con una menor reflexión sobre la temática en secundaria y UTU, así como en propuestas educativas y de acogida del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU).

El maestro planteó que “las escuelas deben intervenir” y “tomar la palabra” cuando ocurre un fallecimiento y, al mismo tiempo, establecer “una hoja de ruta” para sobrellevar el duelo, que afecta de forma distinta a cada persona. Precisamente, Mir planteó que el libro se basa en una visión socioconstructivista del duelo y a partir de lo que plantean distintos autores se sostiene que “los procesos de duelo se elaboran y son consecuencia de un proceso de interacción social”.

A diferencia de lo que muchas veces se dice desde el sentido común, el libro propone pensar el duelo sin etapas preestablecidas, ya que “las etapas pueden variar de acuerdo con cada sujeto”. En ese sentido, sostuvo que la forma en que se atraviesa el duelo “en parte depende de cómo acompañe la comunidad”, por ejemplo, para “tomar caminos que permitan al sujeto reconstruirse a partir de situaciones dolorosas”.

Además, el texto propone pensar el duelo no únicamente presente “en situaciones dramáticas como el fallecimiento de un ser querido”, sino que también puede estar en una mudanza para un niño o en el pasaje de la niñez a la adolescencia, o en el divorcio de los padres, explicó Mir.

Garantizar el derecho a la educación cuando un estudiante recibe cuidados paliativos

Respecto del tratamiento de cuidados paliativos y enfermedades prolongadas, el maestro señaló que el avance de la ciencia y la medicina habilita a que haya cada vez más niños y adolescentes en cuidados paliativos, en procesos que pueden ser puntuales o crónicos, y que pueden terminar o no en un fallecimiento. En esa línea, Mir señaló que si bien hace 30 años muchos menores de edad “estaban condenados a afrontar las enfermedades graves encerrados en sus hogares, hoy tienen posibilidades de construir calidad de vida” por medio de cuidados paliativos.

El docente detalló que ese tipo de cuidados implican “un proceso de interrupción de lo cotidiano del niño y del joven” y que uno de los principales desafíos es pensar “cómo un niño o joven que está en cuidados paliativos pueda seguir vinculado al sistema escolar, entre otras cosas, porque es una fuente de salud y de vida para él”.

Al respecto, contó que está comenzando a dar sus primeros pasos un equipo de cuidados paliativos integrado por autoridades y técnicos del INAU, el Ministerio de Salud Pública y la Administración Nacional de Educación Pública. Agregó que el grupo está trabajando en la generación de distintos formatos de acompañamiento para que los estudiantes puedan seguir vinculados, por ejemplo, a través de la plataforma Crea de Ceibal, de la intervención del maestro comunitario, de la articulación con la maestra o con su propio grupo de amigos.

El maestro concluyó que generar este tipo de mecanismos es clave para garantizar el derecho a la educación de quienes pasen por cuidados paliativos y, al mismo tiempo, representa un desafío importante tanto para el sistema público como al privado. “Es un desafío curricular, pedagógico, político y, por supuesto, humano”, dijo.

El cuidado de los adultos que intervienen

En una profesión como la docente, marcada por altos niveles de burn out, se vuelve especialmente importante prestar atención a la salud mental y la situación emocional de los adultos que intervienen en este tipo de procesos. Consultado al respecto, Mir marcó que los siete docentes entrevistados para la investigación coincidieron en que hubo un antes y un después en su vida profesional –y también en la personal– luego de enfrentarse al fallecimiento de un alumno. Según planteó, una situación de ese tipo implica un importante “desgaste y quiebre emocional para cualquier docente que esté involucrado”.

En ese sentido, el autor del libro mencionó que es importante que la intervención ante una muerte cercana sea “del conjunto del equipo docente” y no solo del docente del grupo. “Debe ser un acompañamiento integral de la institución”, agregó.

De igual forma, consideró clave “habilitar a que el docente tenga espacios de cuidado y autocuidado”, de forma que “puedan sostener y sostenerse después de un hecho de este tipo”. Para ello, planteó que es clave visibilizar el tema y comprender que cuando se da una muerte de alguien cercano “no es que eso sucedió, pasa una semana y ya está”. “No, esto te va a acompañar a lo largo de tu carrera profesional”, dijo Mir, y añadió: “La construcción de sistemas de bienestar docente, de mecanismos de acompañamiento para el bienestar emocional, profesional y laboral de docentes en situaciones de exposición es un camino central”.

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