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Foto: Intendencia de Montevideo

Reinas del Carnaval: una tradición en desuso en la capital, pero que persiste en el interior del país

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En los departamentos y localidades donde se eliminó el concurso se argumenta, entre otras cosas, que es una tradición que refuerza estereotipos de género y violencia simbólica hacia los cuerpos de las mujeres.

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Camila Suárez sueña con ser reina del Carnaval desde los cinco años, cuando empezó a bailar candombe. La presentadora grita su nombre y ella se desliza por la pasarela contorneando brazos, caderas y una cola alta de pelo rubio. Tiene una sonrisa gigante y el público la festeja. Aún no sabe que será la elegida entre las seis aspirantes a Reina del Carnaval 2025 de Tacuarembó.

En diálogo con la diaria, la tacuaremboense de 22 años cuenta que a los 15 se presentó en el concurso por primera vez y salió primera princesa. Volvió a ser princesa dos años consecutivos (2023 y 2024), y en 2025 se le cumplió el sueño de ser reina: “Cuando me nombraron estaba toda mi familia adelante y veía a mamá llorar. Esto es algo por lo que vengo luchando. En el barrio me dicen ‘va llegando la reina’, y en el comercio donde trabajo todo el mundo me abraza y me felicita”.

Ser reina del Carnaval en Tacuarembó es abrir el desfile inaugural en el carro alegórico, junto con las dos princesas y la reina y las princesas de las Llamadas. Es, durante febrero, recorrer los tablados y concursos oficiales del departamento.

Es atravesar un concurso en el que, según Suárez, siempre aprendés algo nuevo, como danza y modelaje, y hacés nuevas amigas. Es ganar un premio y varios regalos: productos para las uñas, pase libre a piscina, ropa, descuentos en maquillaje.

También es ganarte el reconocimiento de un jurado que evalúa tu baile, tu simpatía, tu actitud y tu elegancia. El reconocimiento de la gente que te vota en redes sociales y te hace sumar puntos para ganar. El reconocimiento de tus pares, de tu barrio, de tu familia. Suárez no se imagina el carnaval en Tacuarembó sin las “soberanas” en el carro alegórico, y desconoce que en otros departamentos del país se dejó de hacer la elección de reinas que ella tanto soñó ganar. Los motivos le son ajenos.

La elección de las reinas

A comienzos de 2025, al menos en seis departamentos de Uruguay se eligieron las reinas de Carnaval y de Llamadas, junto con sus respectivas princesas: Rocha, Paysandú, Cerro Largo, Soriano, Artigas y Rivera. En el caso de Paysandú, la nueva heredera de la corona tiene 17 años.

Otros departamentos tienen sus particularidades. En Florida se eligió reina en una localidad, no a nivel departamental; en Río Negro, en estas fechas se celebra la elección de la Reina de La Toma y Reina de Las Cañas; y en Salto la administración departamental cambió la elección de reinas por la elección de la Figura del Carnaval y enfrentó mucha resistencia social.

En los últimos años, hubo más departamentos que se sumaron a la tendencia de reemplazar el concurso de reinas por el de Figura del Carnaval, o simplemente dejar de hacerlo. El Carnaval en Montevideo y San José ya no tiene ni Reina ni Figura y, en el caso de Maldonado, algunas localidades lo siguen haciendo, pero en el municipio de Piriápolis, por ejemplo, se oponen al concurso de reinas.

En líneas generales, los argumentos para eliminar el concurso se deben a que refuerza estereotipos de género y violencia simbólica hacia las participantes y los cuerpos de las mujeres.

Cuando no todo era belleza

A pesar de que es una figura bastante arraigada en la fiesta popular, en el carnaval uruguayo no siempre existió la reina. Milita Alfaro, historiadora y estudiosa del tema, asegura que la elección de reinas comenzó en 1943.

Previo a eso, era otra la figura que encabezaba el desfile de carnaval montevideano: el Marqués de las Cabriolas, representado por Edmundo Lametz, fue un símbolo del carnaval oficial de 1906 a 1931. Según Alfaro, esta figura hacía referencia a la nobleza; así y todo, un año representaba a un guerrero y otro a un bebé. Y tenía componentes muy fuertes del carnaval de la época, como el humor, la sátira y la burla. El rol de Lametz fue reemplazado por Traimán, un supuesto descendiente de un cacique araucano que falleció a comienzos de la década de 1940.

Con el vacío de una figura masculina que encabezara el desfile de carnaval, surgió la reina. Alfaro lo cuenta así a la diaria: “La elección de la reina se inscribe dentro de una concepción más disciplinada y seria del carnaval, por lo menos desde la organización del desfile. La reina es una mujer muy bella, joven, que despierta admiración. Esta es una etapa distinta del carnaval, en la que se le quitó la burla y el chiste grotesco”.

Como un certamen de misses

Los reglamentos del concurso de Reinas del Carnaval de Montevideo datan de 1955 y están disponibles en el sitio web Anáforas, de la Facultad de Información y Comunicación de la Universidad de la República. En esa época, eran las comisiones vecinales de los barrios y los clubes deportivos los encargados de elegir y proclamar a las aspirantes a Reinas del Carnaval en la ciudad.

Según el reglamento, a partir de 1966 quedó establecido que las participantes debían tener entre 18 y 30 años de edad, y “los atributos” para ser seleccionadas eran “belleza, simpatía y elegancia”. En ese orden. Para cada rubro, el jurado otorgaba un número que iba desde el cero (malo) hasta el diez (sobresaliente).

En esa época también se creó el concurso de Reina de las Llamadas, que se rige por criterios similares a los de la Reina del Carnaval. Ambas estaban obligadas a participar en los desfiles y espectáculos que determinaba la Comisión Municipal de Fiestas con total exclusividad.

Si bien con el transcurso de los años el concurso fue integrando conocimientos y saberes referidos a la fiesta popular, más allá de la belleza y la elegancia, en los hechos nunca dejó de estar estructurado como un certamen de belleza o de misses: jóvenes desfilando en una pasarela, trajes de gala, coronas, ramos de flores, tacos, bandas con letras doradas, jurados compuestos por hombres empresarios, y productos de belleza como premios.

La política pública

Cuando Mariana Percovich llegó a la dirección del área de Cultura de la Intendencia de Montevideo (IM), en julio de 2015 (cargo que ocupó hasta 2020), le llamó la atención la poca participación de jóvenes en el concurso de Reinas de Carnaval en comparación con el peso simbólico que tenía esa figura en la fiesta popular. En el Carnaval de 2016 hubo 127 inscriptas.

“La gente que participaba era mínima para la reacción desmedida que hubo después”, cuenta en una entrevista con la diaria. Ella se refiere a uno de los hechos más polémicos que atravesó la administración departamental encabezada por Daniel Martínez: el concurso de Reinas pasó a ser el de Figura del Carnaval en 2018. Luego dejó de hacerse por completo.

“Este fue el único tema por el que tuve periodistas apostados en la puerta de mi oficina para ver si le iba a contestar a Cachete [Espert]. Fue muy loco”, rememora Percovich. El cambio generó una reacción muy grande entre actores clave del carnaval, entre ellos, Enrique Cachete Espert.

El entonces presidente de Directores Asociados de Espectáculos Carnavalescos Populares del Uruguay (Daecpu) criticaba que se pudieran presentar al concurso hombres y personas trans. La organización Unión Trans del Uruguay calificó sus dichos de transfóbicos.

Pero, para llegar a ese cambio, la administración departamental tuvo que recorrer un largo camino. Al decir de Percovich, esta política pública se fue tejiendo con las vecinas y los vecinos de los barrios, las comisiones de Cultura y de Carnaval de los municipios, y diversos actores involucrados en el concurso. Tal es así, que la política cultural con perspectiva de género de la comuna capitalina recibió un reconocimiento internacional en 2018 por su “aporte a la cultura”.

Las protagonistas

“Lo primero que nos advirtieron era el riesgo en el que estaban las jóvenes cuando les daban los premios. Porque empresarios varones de más de 60 años abrazando la cintura de las chicas era una situación compleja”, problematiza Percovich. “La gente suele tener muy claro cuáles son los riesgos para una chica en este tipo de certámenes porque lo viven todos los días”.

Según un documento al que accedió la diaria, en el que se sistematiza el trabajo sobre el Concurso de Reinas del Carnaval, Llamadas y Samba del área de Cultura de la IM (2015-2020), elaborado por la socióloga Micaela Techera y en posesión de Percovich, la mayoría de las participantes en 2016 provenían de los municipios A, C, G, D y F. Es decir, de las zonas de mayor vulnerabilidad social y económica del departamento, allí donde desaparecen gurisas que el Estado no busca.

En su momento, y en esas zonas, fue donde se defendió con mayor intensidad el concurso de reinas, por considerar que ponía a las jóvenes en el lugar de protagonistas. También apelaban a la tradición y popularidad que tenía el certamen, que describían como “un concurso fresco que representa a la juventud”. “En nuestro territorio, con la palabra ‘reinas’ la gente se siente especial”, quedó consignado en la sistematización.

En este proceso, cuando las participantes dejaron de usar tacos sobre la pasarela para usar un calzado más cómodo, Percovich recuerda que integrantes de las comisiones de Cultura, en general mujeres blancas mayores de 60 años, le cuestionaron “en un ámbito político por qué las chicas no usaban tacos. Tenían a la belleza como la chica joven, estilizada, bonita, con corona, banda, tacos y tajo. El famoso zapatito de reina de Cenicienta sigue siendo un símbolo muy fuerte”.

Por otra parte, algunos municipios se opusieron al concurso de reinas por “creer en una concepción única de belleza, generando discriminación hacia las mujeres que no cumplen con los ideales establecidos socialmente”. Hasta se propuso que “quien abra el desfile sea un representante del carnaval con trayectoria”. Incluso, colectivos antirracistas discrepaban con el concurso, justificando que “desde una apariencia de neutralidad se ponderaba la mirada del cuerpo emblanquecido como estereotipo”.

En la construcción colectiva se fueron planteando diversas preguntas. ¿Cómo se garantiza a las participantes ser incluidas con todos sus derechos? ¿Qué barreras existen para la participación en el concurso? ¿Qué cuerpos pueden participar? ¿Qué se espera de una reina? ¿Con qué vara se mide a las participantes?

Percovich dice que las reinas encabezaban el desfile en el carro alegórico, participaban en los corsos barriales, iban alguna noche al Teatro de Verano y no mucho más. Desde su perspectiva, al ser un modelo copiado de certámenes de belleza, las reinas no tenían un rol preponderante en la fiesta popular como sí lo tienen, por ejemplo, las vedettes, que son “figuras vivas y ancestrales” del carnaval. “Las reinas eran equiparables a promotoras, socialmente no está bueno”, dice la exjerarca de la IM.

Sobre el protagonismo que decían tener las jóvenes que ganaban el concurso, Percovich asegura que hay otros espacios dentro del carnaval que son muy populares, como el Carnaval de las Promesas, la Murga Joven o las Escolas do Samba, donde participa mucho la juventud.

Un lugar vacío

A Milita Alfaro no le sorprende la polémica en torno a las reinas. Para la historiadora, el carnaval es un espacio muy conservador, con una larga historia, que va generando ciertas prácticas que de tan arraigadas se hace difícil cambiarlas. “Hay que preservar ciertas cuestiones que hacen al carnaval, pero tampoco dificultar la innovación. La sociedad ha problematizado la imagen y el rol de la mujer, es lógico que eso se manifieste en una fiesta tan representativa”, dice.

Sin embargo, no se le escapa que “el carnaval es de por sí irreverente y tiene una percepción de la realidad que apuesta a la caricaturización”. Ella se cuestiona cómo convive el carnaval con la sociedad de hoy: “Es una fiesta molesta y [que incluye] la exaltación de la incorrección política, y está complicado en este momento en que la corrección política tiene una relevancia muy fuerte. ¿Cómo encontrar un equilibrio entre que ridiculice pero que no resulte ofensivo o discriminatorio? Por eso creo que finalmente se resolvió dejar el lugar [de la Reina o Figura del Carnaval] vacío”.

“La reacción fue similar a la reacción ante cada cambio en el carnaval”, planteó por su parte Chiara Miranda, investigadora y autora de En todos los escenarios: trayectorias de mujeres que construyen la murga en Montevideo, en conversación con la diaria. “Cuando aparecieron coros de mujeres en el concurso de murgas, se decía que eso no era murga, que la tradición es que es de hombres. Eso es mentira: hubo murgas de mujeres en los 50 y hubo una directora de murgas. El carnaval está súper vivo”.

Está súper vivo y en constante cambio.

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