El contexto geopolítico internacional está marcado por simultáneos conflictos bélicos que se enmarcan en una lógica imperial llevada adelante por los líderes mundiales, con el Estados Unidos de Donald Trump apoyando a Israel en el ataque a Palestina y, más recientemente, a Irán; los ataques de Israel a Líbano en las últimas horas; la guerra entre Rusia y Ucrania que lleva cuatro años y no tiene miras de acabar; en América Latina, la invasión y el ataque estadounidense a Venezuela, que terminó en el secuestro del presidente Nicolás Maduro; así como el bloqueo de Cuba, mientras que China se mantiene cauteloso y Europa fragmentada. Dado que representamos la mitad de la población del planeta, cabe preguntarse cuál es el lugar de las mujeres en esta historia y dónde quedan los feminismos en la abultada agenda internacional.
En el medio están las repercusiones por los documentos desclasificados del caso de Jeffrey Epstein, que dejan a la vista una red de tráfico sexual y abuso sexual de niñas, niños y adolescentes que involucra a monarquías, empresarios, diplomáticos y políticos de todas partes del mundo, incluido el propio Trump. Asimismo, no es posible omitir la agenda antiderechos y antifeminista del gobierno de Nayib Bukele en El Salvador o de la Argentina comandada por Javier Milei, el caso más próximo a Uruguay, definido como un país pequeño que por ahora permanece como espectador.
En el marco de un nuevo 8M, la diaria conversó con académicas y militantes feministas sobre el rol de los feminismos, el posible eclipsamiento o impás de las reivindicaciones históricas del movimiento, su posible integración a luchas por otras causas, la responsabilidad de los varones en las guerras y la resistencia de las mujeres.
Feminismo internacionalista y antiimperialista
Este año, de cara a la marcha por el Día Internacional de las Mujeres, el PIT-CNT definió la consigna “8M Antiimperialista. Por la soberanía de los pueblos. ¡No pasarán!” y recibió críticas. Desde la central sindical, Tamara García, militante feminista y secretaria de Género de la Federación Uruguaya de Empleados de Comercio y Servicios, reconoció que “los feminismos, pero también el movimiento sindical, quedamos en esa contradicción eterna de dónde ponemos las prioridades”. Indicó que las luchas populares en general quedan “eclipsadas porque la situación es muy grave”, a pesar de que los conflictos internacionales no son nuevos. “Obviamente, el riesgo hoy parece mayor por los avances armamentísticos, pero en realidad todos los siglos han tenido lamentablemente sus pandemias, sus guerras, sus genocidios y sus persecuciones. Para mí, la respuesta sigue siendo la lógica capitalista e imperialista”.
“Nos gana la frustración, la impotencia y ni las personas ni los colectivos sabemos qué podemos hacer con esto”, expresó. En ese sentido, criticó la postura del gobierno uruguayo ante el bloqueo en Cuba, sin una “declaración contundente” y con una “tradición solidaria que también ha quedado en segundo lugar”. A nivel internacional, destacó la posición de la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, con un apoyo real al país caribeño, y lamentó la subrepresentación de las mujeres feministas en el campo de la política internacional. “Las derechas han logrado apropiarse un poco de estas consignas de más mujeres en el poder y se han aprovechado para poner a mujeres funcionales a esas propias lógicas”, apuntó.
“Hemos discutido con algunas compañeras sobre cuál es el rol de las declaraciones que vamos a tomar en el marco de este 8 de marzo. Eso generó muchas contradicciones entre todas, porque nadie puede desconocer el carácter antifascista e internacionalista que ha tenido el movimiento feminista desde siempre. ¿A quién no se le ocurriría hablar de los bombardeos a civiles en los cuales principalmente las víctimas son mujeres, infantes y adolescentes? Por otra parte, estamos en una situación muy crítica en nuestro país. Entonces, ¿dónde vamos a poner el foco este 8 de marzo? ¿En la falta de presupuesto para una ley, en los asesinatos de mujeres que muchas veces sí hicieron la denuncia pero quedaron sumamente desprotegidas, en los abusos que sufren las infancias? No tenemos nada nuevo para denunciar sin importar el gobierno de turno; es lo que hemos denunciado sin importar la cantidad que seamos marchando en las calles”, planteó García.
En cuanto al lugar en el que quedan las mujeres en los conflictos internacionales, consideró que los estamos “mirando desde afuera”. “Sí estoy convencida de que si las mujeres fuéramos quienes estuviéramos en el poder en su mayoría, el mundo sería bien diferente. Porque quienes inician las guerras son varones y quienes se desesperan por ir a una guerra también son hombres”. No obstante, apuntó que “ha triunfado ese discurso de que las violentas somos las feministas, que somos las que queremos generar una guerra y las que ponemos como enemigo público al varón y no se ponen a cuestionar que efectivamente nos tratan de enemigas a las grandes mayorías, a las mujeres, a la diversidad sexual; todo lo que no sea varón blanco es el enemigo. Entonces salir nosotras a plantear ‘ustedes son los que hacen la guerra’ tiene un costo político muy grande sobre nosotras, porque ¿a quiénes van a acusar de que generamos brechas?”.
Soledad González, integrante de la Intersocial Feminista, consideró que el movimiento feminista siempre tuvo una postura antiimperialista y que siempre peleó por la paz y la no violencia: “El feminismo apuesta a resolver los conflictos de manera pacífica. Eso es parte constitutiva del feminismo”, dijo, y agregó que las mujeres “no tenemos ni una guerra encima”. No obstante, consideró que a la consigna del PIT-CNT, tal y como fue planteada, le falta perspectiva de género, ya que no menciona a las mujeres ni a la lucha feminista. “Está claro que tenemos que estar en contra de la guerra [...] pero no está planteado desde ese lugar; de hecho, no se habla de las mujeres”, cuestionó. “Podés traer tradición feminista internacionalista” y hacer “un planteo feminista antiimperialista por la lucha de los pueblos”, puntualizó.
Para la militante feminista, es necesario retomar un ámbito de conversación entre los colectivos partiendo de la “honestidad” para superar “las confusiones” y el distanciamiento, en los últimos años, que fue influenciado por el gobierno de la Coalición Republicana, a pesar de que a nivel local no hubo muchos avances ni retrocesos en cuanto a los derechos de las mujeres en comparación con los gobiernos frenteamplistas. “Este país tiene un millón de urgencias. Es un país que da una imagen de progresista, más allá de quién gobierna, que tiene cosas de avanzada. Pero en realidad, en la práctica, es bastante conservador”, dijo. En ese sentido, defendió que el 8M tiene un “propósito reivindicativo de estos temas que hacen a la desigualdad de género”.
Sobre el panorama global, González destacó que el caso Epstein evidencia cómo se manifiesta la “pedagogía de la crueldad”, un concepto desarrollado por la antropóloga Rita Segato: “Cómo se entrenan los hombres en la crueldad de los cuerpos de las mujeres y los niños y las niñas para poder avanzar y ejercer una crueldad sobre todo”. Pero también puso el foco en que “es el feminismo y las víctimas de estos hombres las que los tiran abajo” del poder. “Entonces nosotras [las feministas] somos el objetivo, porque estamos logrando mermar su poder. Esta es para mí la lectura: los varones no quieren compartir el poder, sean de la ideología que sean. Y nosotras estamos para sacarles el poder. Es una lucha de poder. Cruda. Porque nos merecemos la mitad del mundo, la mitad del cielo y todo lo que nos corresponde por ser la mitad del planeta”, concluyó.
Los dueños del mundo
“No se transforma la sociedad con la guerra. Esa es una postura feminista desde siempre”, dijo Lilián Celiberti, militante feminista y una de las fundadoras del colectivo Cotidiano Mujer. Sobre la coyuntura global, reflexionó que lo que se está viendo se enmarca en lo que Segato llama regímenes de “dueñidad”, es decir, que hay “dueños del mundo” gracias a “la concentración mundial de la riqueza en algunas empresas alimenticias –para hablar de un rubro fundamental para la vida– o del agronegocio, el petróleo o el armamento”. “Si vas subiendo las escalas, te das cuenta de que en realidad hay un mundo que tiene dueños que se apropian de absolutamente todo, no solo de los recursos, de los territorios, de las invasiones concretas y alteraciones concretas de la vida de las poblaciones a través de sus empresas, sino también a través de la guerra, y me parece que esa es la idea que va de la mano de la del restablecimiento de un mundo estrictamente patriarcal”, señaló.
“Tiene que ver con el patriarcado y sus fines, con el adueñamiento de la vida y el tiempo de las mujeres y por eso las derechas tienen claramente en los feminismos su punto de enemigos”, enfatizó Celiberti. “Nos consideran enemigas porque vamos al fondo de la raíz de las desigualdades. No, no es solo una lucha por más lugares de representación, sino por cambiar profundamente las relaciones sociales del mundo. Existen multicrisis”, dijo.
Celiberti apuntó que el debate por las posturas feministas de cara al 8M y la proclama antiimperialista se debe a que “estamos en un país en donde cada día se borran más las demandas feministas”. “No está todo dicho y si nosotras no ponemos adelante que acá también hay que sostener la vida con el trabajo no remunerado, con el multiempleo, con la precariedad de la vida en todos los niveles –aun de las mujeres que son el 60% de los universitarios o de los egresados de la universidad–”.
Este 8M “tenemos que poner la mira en nuestro país, donde el gobierno ha hecho caso omiso [a las demandas feministas], basta mirar el balance del presidente [Yamandú Orsi] en el Parlamento para decir que la preocupación de más de la mitad de la población no está en el centro del debate político en Uruguay”. “Se habla de la pobreza infantil sin ver que detrás está la pobreza de las mujeres que sostienen con un único salario o con un multiempleo esas infancias”, criticó la militante.
Sobre la articulación de los colectivos feministas para dar estos debates, explicó que la pandemia afectó mucho la organización y “a veces nos resulta difícil articular urgencias, pero creo que lo fundamental es apostar al encuentro, al diálogo, a la pluralidad y al debate colectivo”. Aclaró, no obstante, que no considera que haya agendas principales y secundarias: “Creo que es cómo interceptamos las construcciones colectivas por la vida en cualquier dimensión”. “Necesitamos salir de esta indefensión que nos plantea la agresión imperialista, los sucesos que pasan por encima de nuestras cabezas”, manifestó, y destacó que “el feminismo no es uno solo, hay pluralidades de feminismos, hay enfoques diferentes y valoramos muchísimo la pluralidad”.
A nivel internacional, destacó el intercambio con organizaciones feministas regionales, así como europeas, y el interés por entablar vínculo con colectivos estadounidenses que están enfrentando al trumpismo. Cotidiano Mujer forma parte de la Articulación Feminista Mujeres del Sur, que tiene presencia en 11 países de América Latina, y desde hace 35 años participa en los encuentros feministas latinoamericanos.
Retomar el concepto de interseccionalidad, que ha sido “manoseado” y “vaciado”
Por su parte, la afrofeminista y antropóloga social Fernanda Olívar consideró que los feminismos no están siendo tapados por la escena internacional, sino que han tomado protagonismo con el destape de hechos como el caso Epstein, que sale a la luz por “una fuerte presión del movimiento social feminista, con una fuerte incidencia en varias capas, no solo a nivel político, de formación, de producción de conciencia, de sensibilidad”. Sin embargo, consideró: “Más que eclipsadas, creo que estamos paralizadas, pero porque, si bien somos muchas y el movimiento se ha consolidado con mucha fuerza globalmente, lo que nos interpela es una estructura de poder muchísimo más grande, que nos trasciende como población movilizada y da cuenta del poderío que mueve esa estructura jerárquica”.
Para Olívar, una de las claves para entender este momento es que los feminismos “trascienden la desigualdad de género” e incluyen el antiimperialismo, algo que queda en evidencia con los feminismos negros. En ese sentido, exhortó a “no leer el presente como si fueran conflictos actuales”, ya que los conflictos son el resultado de un “orden jerárquico político, social y económico, filosófico y ontológico” preexistente, “que se está reorganizando, que está sufriendo su propio colapso porque es insostenible incluso para sí mismo”. Desde su perspectiva, se trata de “una continuidad del colonialismo”, con la novedad de la “espectacularización del genocidio en tiempo real” y el “bombardeo mediático de imágenes”, que solo puede servir para interpelar más al “movimiento social para salir de esta aparente quietud y volver a enseñar estrategias de acción efectivas, cuidadas y con incidencia, pero sobre todo para salir de las polarizaciones sociales en las que nos encontramos. Hay que desarmar la idea del otro”.
“Me parece importante volver al viejo y querido concepto de interseccionalidad tan manoseado, tan vaciado, porque pensar esta intersección de opresión es algo continuo, procesual, inmerso en lo más profundo de esta lógica colonial moderna. Es compartimentar y descomplejizar un presente y un pasado de lo que hemos experimentado como culturas a nivel global”, opinó. En esa línea, explicó el concepto de sankofa, que parte de la epistemología afro: “Mirar el pasado para entender el presente y soñar el futuro, y entender que, de alguna manera, el futuro ya pasó. Por eso a veces parece que estuviésemos viviendo en un bucle, por eso suceden cosas que nos parece ya haber vivido. Eso me parece clave para volver a organizarnos [...] El dolor del presente es un dolor que ya pasamos y que vamos a volver a pasar si no aprendemos y ponemos en práctica los aprendizajes de lo que ya vivimos”.
“La política es de los varones y hoy en día es una política de guerra”
La licenciada en Relaciones Exteriores Viviana Barreto señaló que las incursiones militares de Estados Unidos representan una “flagrante violación al derecho internacional por la potencia imperial” , que tiene su antecedente más cercano en la invasión a Irak, en 2003, cuando el gobierno de George Bush se arrogaba el papel de “policía del mundo”, mientras en realidad la intervención respondía a intereses del país norteamericano para acceder al petróleo. En esa línea, indicó que se trata de un momento muy parecido, algo que se observa en el secuestro a Maduro y la imposición de Estados Unidos de una “transición de régimen en Venezuela porque sí, porque puede, ante sí, porque tiene el poder material para hacerlo, es el despliegue del poder real en relaciones internacionales”.
Sin embargo, consideró que en un escenario de tercera guerra mundial se trata de un problema “muy difícil de desentrañar”, ya que no aparece “un actor que convoque a una discusión realmente global” que pueda poner un freno. En tanto, Barreto dijo que en América Latina hay un despliegue de la Doctrina Monroe, en la que Estados Unidos “reivindica la zona como de influencia y su patio trasero”, con la ventaja de que existe una “fragmentación en los lineamientos políticos de la región”. “No hay posibilidades materiales concretas y políticas para construir una voz regional que haga un poco de resistencia”.
En este panorama, destacó que el feminismo, como un movimiento internacionalista, ha “desplegado mucha solidaridad”. “Hay una conciencia internacionalista muy interesante de las organizaciones feministas, por lo menos en las más icónicas, y que es muy clara en Uruguay. Las organizaciones populares tienen eso del internacionalismo, quizás tiene que ver con la constitución política de nuestras organizaciones sindicales, incluso de la izquierda, y también el hecho de que es un país muy pequeño lo hace consciente de que ninguno de los procesos sociales que pasan en Uruguay se explican en sí mismos, que somos muy permeables a los procesos políticos regionales y globales”, apuntó. Y opinó: “Me resultaría extraño que no hubiera presencia de estas agendas internacionales en la movilización del 8 de marzo”.
Además, señaló una particularidad de las guerras actuales y es que con el avance tecnológico es mucho menor la presencia de población masculina combatiendo en tierra y, en cambio, los ataques son directamente sobre la población civil con una “política de exterminio” que afecta especialmente a niñas, niños y mujeres. “Estados Unidos demostró que puede tener intervenciones quirúrgicas, más direccionadas”, como es el caso de Venezuela o el asesinato del ayatolá iraní Alí Jameneí, sumó.
En este panorama de crisis de la convivencia internacional, “las miradas feministas de perspectiva crítica discuten el sistema”. “La guerra es quizás la cara B del límite del sistema capitalista, en el que las mujeres son las víctimas más directas y siguen siendo las principales excluidas en primer término”.
Desde hace una década se discute la formulación de políticas exteriores en clave feminista, observó la especialista, desde un feminismo liberal que apunta a la cantidad de mujeres en cargos de poder en la política. En su opinión, se trata de una reivindicación de “justicia directa”, pero la participación no garantiza que estas mujeres sean feministas y, por lo tanto, que coloquen la agenda de derechos sobre la mesa, sino que es necesario que haya un cambio del sistema político internacional a nivel estructural para que sea un terreno propicio para el cambio. “Lo que sí es cierto es que la política es de los varones y hoy en día es una política de guerra. Entonces, es indudable que la política patriarcal es una política de guerra”.
Barreto mencionó que se está discutiendo la elección de una nueva Secretaría General de Naciones Unidas y fue propuesta la candidatura de la expresidenta chilena Michelle Bachelet, que, en caso de concretarse, sería la primera mujer en ocupar el cargo en los 80 años de existencia del organismo. “Toca cuando hay que reconstruir la casa de vuelta. Cuando no queda nada de poder en ese espacio. Ahí viene la posibilidad de acceso de una mujer. Por otro lado, es una oportunidad interesante para la región”, manifestó.