En el primer semestre de 2026 hubo nueve femicidios en Uruguay. Cinco de ellos ocurrieron en el último mes, algo que desafía las estadísticas oficiales, que muestran que el año pasado hubo un femicidio o una tentativa de femicidio cada 11 días. No son números: son mujeres, con proyectos, trayectorias e historias de vida –individuales y compartidas– que fueron truncadas para siempre.
Una de esas historias es la de Avril, que tenía 19 años cuando en la noche del 3 de junio fue asesinada en la calle, en Ciudad del Plata, San José, por un hombre de 21 años con el que no tenía ningún tipo de vínculo: se conocían “de vista”, por vivir en el mismo barrio y haber asistido al mismo centro educativo, según contaron a la diaria Daniela y Elena, prima y tía de Avril, respectivamente. Esa noche, después de cometer el crimen, el femicida fue a un centro de salud de la zona y confesó que la mató porque “la odiaba”.
Dos días después, fue formalizado por un delito de homicidio muy especialmente agravado en modalidad de femicidio, pero no fue a la cárcel: tras una pericia realizada por el Instituto Técnico Forense, la Justicia lo declaró inimputable y dispuso su internación en el Hospital Vilardebó por 180 días, con máximas medidas de seguridad. En la audiencia de formalización, se conoció que había consultado a la inteligencia artificial sobre cómo matar a alguien y para saber si había cadena perpetua en Uruguay por homicidio, según informó Subrayado.
Uno de los abogados de la familia de Avril, Ismael Pérez, dijo a ese medio que la estrategia legal apunta a “revertir” la situación, por lo que todo indica que una posibilidad es que se pida anular la declaración de inimputabilidad.
“Todos los movimientos que estamos haciendo son para que Avril tenga justicia. Es lo único que queremos y es lo único que podemos, lo único a lo que aspiramos, porque es lo único que nos sostiene”, dijo su prima a la diaria. “Nosotros lo que quisiéramos es que una persona tan peligrosa no volviera a estar en libertad, porque no está en condiciones de convivir en sociedad. Esa sería la única respuesta viable, más allá de que, pase lo que pase, nada nos va a devolver a Avril”, complementó la tía.
En paralelo al pedido de justicia, Daniela y Elena aseguraron que, como familiares, quieren recordar quién era Avril y por qué su muerte significa un “vacío” no solo en su entorno más cercano, sino para toda la comunidad de Ciudad del Plata. A la vez, señalaron las falencias del Estado en materia de la prevención de la violencia de género que dejó en evidencia este caso.
Unas horas antes de que Avril fuera asesinada, miles de mujeres habían salido a las calles en Montevideo, en un nuevo aniversario del #NiUnaMenos, para repudiar los femicidios, visibilizar las consecuencias más feroces de la violencia machista y pedirle al Estado que se haga cargo.
El impacto del femicidio en la familia: “Te arrebatan una vida y una parte de tu vida”
Daniela y Elena repiten varias veces que Avi, como la llaman, era “la alegría de la familia” y la que “iluminaba todo”. “Los más chicos siempre traen eso de una nueva generación, la revolución, el nuevo pensamiento, las ideas locas; todo eso lo traía Avril”, señaló la prima.
Su tía la recordó como una chiquilina “muy inteligente”, “autodidacta”, “curiosa” y “afectuosa”. Contó que desde niña “siempre dijo que quería ser neurocirujana” y por eso hizo quinto biológico, pero después decidió cambiarse “porque no le iba bien con las ciencias duras”; entonces cursó sexto de derecho. Hace un tiempo había decidido que quería ser docente, como la prima y la tía: en su caso, profesora de Historia. Estaba cursando una materia que le quedaba en el turno nocturno del liceo Libertad Lausarot. De ahí volvía la noche que fue asesinada.
Daniela contó que todos en la familia están en un proceso de terapia. A ella, en particular, le pasó que en los días posteriores al femicidio de Avril no quería salir de su casa: “El miedo que me daba ser mujer en Uruguay… era algo que me aterraba de una manera espantosa”. “Lo que pasó no solo me afecta como familiar, sino que me afecta como mujer, que salgo a la calle, que tengo que salir de noche a estudiar, que tengo que salir de mañana –que todavía no amaneció– a trabajar, que tengo que vivir sola, que ya no me siento segura en mi propia casa. Porque a Avril le pasó esto, pero al resto le siguen pasando un montón de cosas más. Entonces, el mundo deja de ser un lugar seguro para nosotras, porque en cualquier momento puede ser que te pase algo, porque hay millones de historias diferentes de cómo nos están matando como mujeres. Porque esto no es algo aislado. Es algo que puede pasar mañana, que puede pasar hoy, que puede estar está pasando ahora”, señaló.
Cada integrante de la familia está “sobreviviendo” y haciendo el duelo “como puede”, dijo Elena. Ella, que vive y trabaja en Ciudad Plata, aseguró que le resulta muy difícil “sostener emocionalmente” el día a día. “Soy una persona medianamente preparada, que tengo algún recurso, que tengo herramientas. Pero es imposible desde lo emocional: ni las herramientas, ni la educación, ni la formación te sirven para mucho. Entonces, cómo seguís transitando ese día a día es mucho más que el hecho de que te arrebataron una vida; te arrebataron una vida y una parte de tu vida”, dijo la docente.
“El mundo ya no es un lugar lindo”, sentenció Daniela. “Ya no lo era cuando tenías que ver las noticias de otras víctimas de femicidio, pero, cuando te toca a vos, cuando la tenés que contar vos, porque es una parte de tu familia, no hay palabras. No hay palabras para describir el dolor que es estar viva”, agregó la prima de Avril.
Una comunidad que recuerda y duela
El sábado 27 de junio, y con el apoyo de la Comisión de Género del Municipio de Ciudad del Plata, la familia convocó a una concentración “para acompañar, recordar a Avril y seguir reclamando justicia”. La respuesta fue el abrazo de una multitud formada por familiares, amistades, vecinos, compañeras y compañeros de clase y otras personas que integran la comunidad, que se acercaron con pancartas, fotos y velas. “Justicia para Avril. Ciudad del Plata no te olvida”, se leía en el cartel más grande.
Durante la movilización, la hermana de Avril, Lorena, leyó una carta en la que la recordó como una persona que “jamás pasaba desapercibida, porque era genuinamente especial”. “No quiero que cada vez que sea nombrada sea recordada solo por lo que le hicieron; quiero que también sea recordada por la persona excepcional que era”, apuntó.
En el mismo sentido que Lorena, Daniela y Elena señalaron que “muchas veces, cuando pasan estas tragedias, las personas quedan reducidas al titular” y, contra esa tendencia, ellas quieren que la sociedad sepa “quién era Avril” y también “la pérdida y el vacío que dejó, no solo en la familia, sino en toda una comunidad”. “Avril no solo era hija; era nieta, sobrina, hermana, prima, amiga, novia, compañera de clase, estudiante. Como comunidad de Ciudad del Plata, todos nos vimos afectados por esta pérdida y por los términos de esta pérdida”, puntualizó su prima.
El día después del femicidio, el centro de estudios al que concurría Avril suspendió las clases. “En el día de hoy, la comunidad educativa del Liceo Libertad Lausarot de Ciudad del Plata, departamento de San José, está de duelo por el femicidio de nuestra estudiante Avril.
Ante esta dolorosa situación, interrumpimos las clases en el aula para acompañar a familia, amigos, compañeros y todo aquel que sienta esta pérdida”, informó la institución en sus redes sociales.
En los días siguientes, en el liceo se realizaron “talleres de género” y hubo “mucho movimiento comunitario”, aseguró Daniela. “Los estudiantes, los compañeros, docentes, trabajadores se movieron; la comunidad fue muy empática y ayudó un montón y pudimos hacer un montón de cosas gracias al trabajo en grupo y al trabajo de la comunidad de Ciudad del Plata. Nos sentimos muy sostenidos”, reflexionó.
Su tía contó que ahora, en el liceo, hay un espacio donde “prenden velitas” profesores y estudiantes. Ya se convirtió en el “Rincón de Avril”.
La actuación del Estado
Los familiares consideraron que el caso de Avril también deja expuestas muchas falencias que tiene el Estado a la hora de prevenir situaciones de violencia de género, pero también de atender el impacto que los femicidios generan, y mencionaron particularmente el ámbito educativo, que es el que mejor conocen en su calidad de docentes. En ese sentido, Elena contó que, después del femicidio, a las compañeras y compañeros de Avril “les costó muchísimo volver a clases” y las retomaron “muy de a poco”. Daniela dijo que, incluso, “muchos estudiantes no querían ir a clase, sentían miedo, se sentían inseguros e inseguras; más que nada las mujeres”.
Ante esa situación, el liceo “pidió ayuda al psicólogo del Codicen” (Consejo Directivo Central de la Administración Nacional de Educación Pública), porque “lo que tienen ellos es un psicólogo en un cargo compartido entre dos liceos, con diez horas para un centro educativo y diez horas para otro, y es totalmente insuficiente”, explicó Elena.
“Lo que planteamos, sobre todo desde nuestro lugar de docentes, es no solamente tapar agujeros cuando pasan estas tragedias”, sino trabajar a diario en la prevención, resaltó la tía de Avril. “Y cuando hablamos de prevención, necesariamente hablamos de recursos. En este caso, la psicóloga tiene diez horas, no hay equipos multidisciplinarios, no tenés un asistente social y, aunque hubiera uno, no alcanza, porque estamos hablando de tres turnos, son 400 o 500 estudiantes”, agregó.
Daniela señaló que quizás “se pudo haber visto algo en esta persona” durante su tránsito por el centro educativo, en referencia al femicida, y “seguramente, con las herramientas adecuadas, capaz que hasta se podría haber prevenido” este desenlace. “Esto ya pasó, pero de hoy al futuro, ¿qué vamos a hacer? Porque no podemos quedarnos de brazos cruzados contando los femicidios por mes”, apuntó.
Elena dijo que también pudo ver en carne propia “una falencia muy grande en cuanto al sistema de salud”, donde identificó que “no hay una contención inicial”, consideró que “no está preparado” y que, “en el mejor de los casos, te dicen ‘tomá este ansiolítico y esta pastillita para dormir’”. Mencionó además la cuestión económica: “En caso de que vos puedas pagar la terapia y abonarla de forma particular, bien. Ahora, pienso en todas esas familias que también han atravesado estas situaciones y no tienen esas posibilidades; realmente quedás destruido y vas a ir arrastrando este trauma muchísimo tiempo, más allá del dolor de la ausencia, que es lo más difícil de soportar”.
Ante la pregunta de qué consideran que podría constituir algún tipo de reparación, Daniela resumió: “Lo único que se me ocurre decir es que se haga justicia”.
Antes de terminar la conversación, destacó que su familia es “un clan de mujeres fuertes” que siempre intentan “fortalecer las ideas de igualdad de género y de feminismo, sobre todo a las generaciones más chicas”. “Avril era la pichona de esto y yo soy de la idea de que los jóvenes tienen el poder de cambiar el mundo; hoy el mundo se quedó sin una porción de la posibilidad de ser cambiado para algo mejor”.