Hace poco más de una década, el #NiUnaMenos transformó una indignación que muchas mujeres vivían en soledad en una voz colectiva. El impacto de la consigna, que surgió en Argentina en 2015 frente a la violencia machista y los femicidios, marcó el 3 de junio como una de las fechas clave en la agenda de los feminismos en América Latina. Desde entonces, año tras año, grupos de mujeres, colectivos y organizaciones vuelven a las calles para manifestarse contra las distintas manifestaciones de la violencia basada en género.
En Uruguay, este miércoles, la plaza Libertad –en Montevideo– volvió a ser el punto de encuentro elegido por distintos colectivos para movilizarse. Alrededor de las 19.00, hora de la convocatoria, las primeras mujeres comenzaron a llegar y a mezclarse con otras. En el centro de la plaza, dos activistas dibujaron sobre el suelo la consigna “Ni Una Menos” con un cartel por cada letra y, a sus pies, encendieron pequeñas velas. Al mismo tiempo, otro grupo colgaba entre dos columnas una cuerda con fotos en blanco y negro de mujeres desaparecidas que el colectivo ¿Dónde están nuestras gurisas? busca activamente. Del otro lado de cada retrato estaban sus nombres, edades y las fechas en las que desaparecieron.
Foto: Laura Sosa
María Delia Cúneo, integrante del colectivo y de la Coordinadora de Feminismos, contó a la diaria que la convocatoria surgió de las “ganas de estar juntas”. Por eso, explicó, la propuesta de este año no estuvo centrada en una consigna única, sino en distintas frases de las canciones de las marchas: “¡Que aparezcan todas!”, “Ni una muerte más, ni una mujer menos”, “Tocan a une, respondemos todes” y “Ante el fascismo, más feminismo”.
Cúneo manifestó que la organización está “en alerta” porque observa un “desdibujamiento” de los femicidios en los discursos públicos, por ejemplo, en los medios de comunicación. La activista señaló que, en varios casos, los homicidios de mujeres por motivos de género son presentados en las noticias como “ajustes de cuentas”, vinculados a contextos de criminalidad, y “no está en primer plano que el femicidio es la extrema violencia hacia nosotras”. Apuntó que esto es aún más preocupante porque no se corresponde con la realidad.
Foto: Laura Sosa
Hasta que estemos todas libres
Las que iban llegando se sumaban al círculo de mujeres que se formaba alrededor de las velas. Unos minutos después de las 19.00 ya eran varias decenas más y, con la multitud, también llegó la lluvia. Con capuchas, paraguas o directamente bajo el agua, se quedaron ahí paradas. Algunas conversaban en voz baja, otras miraban hacia el centro de la ronda, muchas permanecían en silencio. También hubo música, abrazos, caras alegres y caras tristes.
Así pasaron los minutos y la lluvia se intensificó, pero no se fueron. Por el contrario, las “ganas de estar juntas” se hicieron mucho más fuertes y decidieron marchar por la avenida 18 de Julio hacia la explanada de la Intendencia de Montevideo (IM). Sobre las 19.20, un grupo de manos despegó del piso los carteles de Ni Una Menos y las pancartas de la Coordinadora de Feminismos y de ¿Dónde están nuestras gurisas?, que encabezaron la movilización.
Llovió durante los 20 minutos que duró el trayecto, pero eso pareció alimentar la energía de la movilización. Avanzaron cantando todo el camino, casi sin parar. En los cruces de las calles, algunas activistas se tomaban de las manos y extendían pañuelos para detener el tránsito y abrir el paso seguro al resto de las compañeras. Así la marcha pudo avanzar un poco más rápido de lo habitual.
A las 19.40, las primeras llegaron a la explanada de la IM y esperaron al resto para volver a formar un círculo y leer juntas la proclama de la Coordinadora. Mientras se preparaban, paró de llover y varias en la ronda lo destacaron como un hecho simbólico.
“No es nuestro destino la desaparición, ni ser botín de guerras. No es nuestro destino la heteronormatividad. No es nuestro destino la maternidad obligatoria ni la precarización laboral. No es destino bajar la cabeza, callar la propuesta y ahogar el grito”, apuntó la proclama.
“Hasta que dejen de violarnos, explotarnos, de desaparecernos, de matarnos. Hasta que estemos todas libres de la cadena de opresión. Porque no hay que tenerle miedo a la libertad”, leyeron, y gritaron al unísono: “Ni una menos” para después cerrar con un largo aplauso y volver a cantar juntas por un rato más.
