Uruguay tiene talento científico, infraestructura tecnológica y capacidades para desarrollar emprendimientos con proyección internacional. Sin embargo, todavía enfrenta un desafío cultural: lograr que el conocimiento que se genera en universidades y centros de investigación salga de los laboratorios, se traduzca en soluciones concretas y llegue al mercado. Esa es la principal transformación que, a juicio de Enrique Topolansky, director del Centro de Innovación y Emprendimientos (CIE) de la Universidad ORT, el país necesita impulsar en el ecosistema local para aprovechar su potencial.
“El ecosistema de innovación de Uruguay tiene un potencial increíble, pero en algunas áreas, como por ejemplo los emprendimientos de base científica y tecnológica, está trancado en una vieja escuela, está aferrado a publicar, a hacer papers, lo cual no está mal, pero no puede ser lo único”, señaló en diálogo con la diaria.
Consideró que, desde afuera, distintos expertos creen que Uruguay “desperdicia sus oportunidades”, ya que tiene un “talento increíble” en todas las universidades, pero hace falta una “cultura de animarse” para solucionar problemas reales.
En ese sentido, afirmó que el programa Uruguay Innova pretende realizar “cambios importantes”, pero advirtió que “los cambios culturales son los que más demoran”. “Se puede crear un nuevo instrumento, pero no es por ahí, pasa mucho más por la actitud que tienen los expertos, que durante muchos años estuvieron enfocados hacia investigaciones que no son aplicadas, y creo que va a llevar mucho tiempo lograr que las nuevas generaciones tomen un nuevo rumbo”, reflexionó.
Remarcó que si el país logra que “la ciencia salga del laboratorio” y se enfoque en un “problema concreto”, habrá un “cambio importantísimo” en Uruguay.
La dificultad para transformar conocimiento en emprendimientos también está relacionada, según el director del CIE, con el miedo a asumir riesgos y fracasar. “Cuando alguien se encuentra en un contexto que es conservador, el miedo a arriesgar lo paraliza”, planteó.
“Mi utopía es cómo lograr que cada chiquilín no solo sueñe con una cancha de fútbol, con los modelos que aparecen en algunos medios masivos, sino que anhele mucho más agregar valor por medio del conocimiento, de la ciencia, utilizando las plataformas excelentes que tiene Uruguay”, indicó.
Inteligencia artificial
La inteligencia artificial (IA) también está modificando los tiempos y las condiciones para crear nuevos negocios. Topolansky consideró que, utilizada correctamente, puede convertirse en un aliado estratégico para los emprendedores, aunque advirtió sobre los riesgos de delegar en estas herramientas la capacidad de pensar.
“Se puede utilizar la IA como un asistente que simplemente responde preguntas y tomarlas como una verdad revelada. [...] Cuando los emprendedores simplemente toman lo que queda de la IA, eso les genera una parálisis cognitiva que los va destruyendo”, afirmó. En cambio, planteó que deben utilizarla para poner a prueba sus ideas, cuestionarlas y profundizar en sus proyectos.
Por otro lado, Topolansky dijo que con esta tecnología cambió la etapa de construcción de prototipos tecnológicos. Antes, desarrollar un producto de software requería conocimientos específicos de programación y múltiples lenguajes. Ahora, la IA permite acelerar esa etapa y reducir las barreras de entrada, explicó.
“Dejó de ser un cuello de botella la construcción del software. Ahora el problema central pasa por entender bien quién tiene el problema, por qué lo tiene, cuándo y cómo se llega al mercado y cómo se aprende más rápido para salir adelante”, señaló.
Biotecnología e informática
Al proyectar las oportunidades del país, Topolansky identificó dos sectores con ventajas competitivas: las tecnologías de la información y la biotecnología. El primero cuenta con una cadena de formación y desarrollo consolidada, que conecta iniciativas educativas como Ceibal con universidades, centros de investigación y empresas, dijo.
La biotecnología, en cambio, todavía tiene un ecosistema menos maduro, pero comienza a construir capacidades que podrían convertirse en una ventaja regional, afirmó. En ese proceso destacó el trabajo de instituciones como el Institut Pasteur y las universidades públicas y privadas.
Sin embargo, consideró que la oportunidad más importante está en la convergencia de ambas áreas.
“Ese cruce entre la biotecnología y la tecnología de la información nos puede llegar a generar un valor en el PIB [producto interno bruto] enorme”, afirmó.
La combinación permite, por ejemplo, analizar información genética, estudiar proteínas y utilizar IA para acelerar procesos de investigación que tradicionalmente demandaban años. Sus aplicaciones pueden ir desde el desarrollo de tratamientos médicos personalizados hasta soluciones para el sector agropecuario, sostuvo.
“Yo siento que en Uruguay hay muchísimo talento, pero que a veces la cultura, las condiciones sistémicas que tenemos hacen que la gente no se lo crea tanto, que no piense de manera global”, reflexionó.
Su aspiración es que Uruguay deje de pensarse como un mercado pequeño y se anime a desarrollar soluciones para el mundo. “Ese es el Uruguay que yo sueño en el futuro”, dijo.
La acción del CIE
Desde el CIE, la apuesta consiste en acompañar a estudiantes, egresados e investigadores para que transformen sus ideas en emprendimientos sostenibles. La universidad concentra buena parte de sus iniciativas en proyectos de base tecnológica, con aplicaciones que van desde la IA, el internet de las cosas, los drones y blockchain hasta la biotecnología, dijo Topolansky.
En el área agropecuaria, por ejemplo, trabajan con proyectos que utilizan drones para sobrevolar rodeos vacunos e identificar características del ganado. En biotecnología, en tanto, aparecen proyectos vinculados con la salud, el bienestar y los productos cosméticos.
Para Topolansky, el denominador común de estas iniciativas es que parten de necesidades concretas. “El centro es la persona, la sociedad, el problema que queremos resolver, y el conocimiento es la palanca para lograr que eso pase”, resumió.
“Un problema es suficiente para ser atacado si tiene un conjunto de gente que lo está sufriendo”, afirmó. Esa mirada, agregó, puede aplicarse tanto a desafíos de gran escala, como el desarrollo de una vacuna biotecnológica contra la garrapata que afecta al sector ganadero, como a necesidades cotidianas y domésticas.