La discusión sobre inteligencia artificial (IA) suele concentrarse en una pregunta: ¿qué empleos desaparecerán? Pero para los docentes uruguayos Magdalena Tortorella y Sebastián Pombo existe otro riesgo menos visible: que las personas comiencen a delegar en las máquinas no solo tareas, sino también el criterio necesario para resolver problemas, tomar decisiones y generar conocimiento. Ese es uno de los ejes de La IA no viene por tu trabajo, viene por tu comodidad, el libro que ambos escribieron.
“El riesgo está en que dejemos de pensar, optando por lo más cómodo. Yo me formé cuando no existía la IA, pero las nuevas generaciones nacen ya con esta herramienta. El problema es que empiecen a delegar mucho solo para no tener que pasar por el estrés, por la fricción cognitiva que implica aprender algo”, afirmó Pombo, docente de ingeniería de la Universidad ORT, en diálogo con la diaria.
El título del libro busca provocar y, al mismo tiempo, plantear un juego de palabras. “La IA viene por nuestra comodidad. Se puede interpretar, primero, como que la IA viene a obligarnos a salir de nuestra zona de confort. Nos viene a quitar la comodidad, nos obliga a actualizarnos, a tener que adaptarnos a un nuevo paradigma”, explicó Pombo.
Pero existe una segunda interpretación. La IA también puede avanzar precisamente porque las personas eligen la comodidad de delegar determinadas tareas. “Puede interpretarse que es nuestra comodidad la que la deja avanzar, esa es la otra cara de la moneda, que nosotros lo definimos en el libro como comodidad cognitiva. De hecho, eso puede trasladarse a una pereza cognitiva y, eventualmente, a un efecto mucho más negativo, que sería un sedentarismo cognitivo”, señaló.
Tortorella resumió el planteo de otra manera: el problema aparece cuando las personas se quedan con el resultado que entrega una herramienta de IA sin aportar su propio conocimiento. “Es tratar de no quedarnos en el copiado y pegado de lo que es el resultado que te da cualquier IA y ponerle un plus”, sostuvo la también abogada.
Delegar tareas, pero no el criterio
Para Pombo, la discusión pasa por determinar qué se delega y qué no. Incluso una tarea sencilla puede implicar conocimientos y criterios que se pierden cuando la automatización se prolonga en el tiempo. “Por más que sea una tarea, por más sencilla que sea, con el tiempo se puede perder el criterio y cómo se realizaba”, explicó.
El problema puede adquirir otra dimensión cuando esas decisiones tienen consecuencias concretas. Una tarea automatizada puede terminar teniendo “un impacto real sobre un negocio, una decisión estratégica, sobre la vida de las personas”, señaló.
Por eso, planteó la necesidad de establecer mecanismos de gobernanza y revisiones periódicas que permitan conservar el conocimiento detrás de las decisiones automatizadas.
Tortorella coincidió en que la IA no debería convertirse en una fuente incuestionable de respuestas. “Estas herramientas no tienen propósito, no tienen intención. Hay que tener cuidado en el delegar y entrar en ese comodismo cognitivo de decir ‘no sé, me lo dijo la IA’”, sostuvo.
Para la docente, la tecnología debe ser entendida como una herramienta que puede potenciar el conocimiento humano, pero no reemplazarlo. “Es una herramienta más que tenemos, como puede ser una calculadora, el Word, una regla, algo que te pueda ayudar, pero no va a ser el oráculo ni la verdad revelada”, afirmó.
El nuevo valor del profesional
En ese escenario, ambos docentes consideraron que el diferencial de los trabajadores estará cada vez más relacionado con su capacidad de discernir, argumentar y asumir responsabilidad sobre las decisiones que toman.
Consultado sobre si uno de los riesgos es que los profesionales se vuelvan incapaces de pensar sin asistencia, Pombo respondió de forma afirmativa, señalando que se está necesitando personas que tengan criterio.
La razón, explicó, es que las respuestas son cada vez más abundantes y accesibles. “El valor está en tener el criterio de poder discernir cuáles son las respuestas que realmente se ajustan a la realidad, eso lo puede saber un profesional”, señaló.
Tortorella agregó un elemento que consideró central: la responsabilidad. “Además, tienen que empoderarse y hacerse responsables de lo que están presentando”, sostuvo. “La responsabilidad es humana, es 100% nuestra”.
El desafío llega a las aulas
La irrupción de la IA también modificó la forma en que docentes y estudiantes se relacionan con el conocimiento. Pombo recordó que, al comienzo, algunos estudiantes utilizaban como argumento que una respuesta era correcta simplemente porque “lo dijo la IA”. “Como si la IA fuera una especie de semidiós omnisciente”, describió.
Según el docente, esa percepción se ha ido modificando y comienza a entenderse mejor que la IA es una herramienta de asistencia. “No hay por detrás una conciencia, un propósito ni un conocimiento. Esto es importante, la IA por sí misma no puede generar conocimiento”, afirmó.
“Es una herramienta que analiza grandes volúmenes de datos, puede encontrar patrones, pero siempre hay una intención de generar conocimiento por detrás, que es del ser humano. Somos nosotros que le damos el propósito a esa herramienta”, agregó.
Para Tortorella, el criterio humano sigue siendo indispensable para detectar incluso errores básicos. “Si yo pongo 1 más 1 y me da 180, por más que me lo diga la calculadora, no debo aceptarlo como cierto”, ejemplificó.
La IA también puede quitar oportunidades de aprendizaje
Pombo apuntó a un efecto menos evidente de la automatización: si las tareas que antes realizaban los trabajadores para aprender desaparecen, también puede eliminarse una parte del proceso de formación profesional.
El docente puso como ejemplo las protestas registradas en universidades de Estados Unidos frente al avance de la IA y sostuvo que el problema no debería analizarse únicamente como una amenaza de pérdida de empleos.
“No es que los deje sin trabajo, es que las empresas están automatizando las tareas repetitivas por las cuales las personas entrenaban”, explicó.
Históricamente, el aprendizaje profesional estuvo vinculado con la práctica. “Yo te mandaba a hacer algo, y tú, a través del proceso de producir, a través de la repetición, aprendías. Cuando el proceso de producir algo se elimina o se reduce a su mínima expresión, estás dejando sin palancas para poder proyectar ese entrenamiento”, señaló.
Por eso, consideró que el problema es más profundo que la pérdida de puestos laborales: “Se les está quitando la oportunidad de poder formarse, que es mucho más delicado y profundo”.
Según Pombo, esto obliga también a las universidades a modificar sus métodos de enseñanza y evaluación. Las empresas están elevando el nivel de experiencia que esperan de quienes ingresan y, al mismo tiempo, están desapareciendo algunas de las tareas iniciales que históricamente permitían a los jóvenes adquirir experiencia.
“Cuando hablamos de formación, hablamos de formación de criterio profesional. Ese criterio se generaba en el lugar de trabajo. Ahora lo tiene que rellenar o completar la universidad”, sostuvo.
Aprender con máquinas sin dejar de pensar
El cambio también alcanza a las formas de evaluación. Tortorella señaló que se está avanzando hacia mecanismos más prácticos, con mayor peso de la defensa oral y de proyectos desarrollados en contextos en los que el estudiante debe demostrar el proceso detrás del resultado.
Para Pombo, el desafío consiste precisamente en volver a encontrar esa evidencia del proceso. “El producto deja de ser evidencia de que hubo un proceso de producción, porque la creación de un texto prácticamente está en hacer un prompt (orden que se le da a un modelo de lenguaje) y pedirle que te haga un trabajo”, explicó.
Por eso, sostuvo que el papel docente está cambiando: “Nuestro trabajo hoy es cerciorarnos, a través de distintas técnicas y herramientas, de que existió un proceso” por el cual se adquirió el conocimiento.
La discusión, entonces, no pasa necesariamente por elegir entre pensar sin máquinas o pensar con ellas. Para Tortorella, el escenario deseable es otro: aprender a utilizar la IA como complemento del pensamiento humano.
“Quiero pensar que es la segunda opción, que estamos en una revolución de la cual tenemos que aprender a pensar junto con la máquina”, afirmó.
Pombo consideró que el futuro no necesariamente será negativo. Comparó la discusión actual con los debates que generó la llegada de la calculadora a las aulas y recordó que también entonces hubo quienes advirtieron que la herramienta haría que las personas dejaran de pensar.
“Eso no ocurrió”, afirmó. Según su lectura, la calculadora permitió trasladar conocimientos que antes estaban reservados para niveles universitarios a etapas educativas anteriores y liberar tiempo para abordar contenidos más complejos.
“Yo creo que es una discusión muy de nuestro momento, de nuestra época, porque es cuando estamos viviendo la inflexión del cambio del paradigma”, sostuvo.
Para los docentes, justamente, ahí aparece el espacio que deben ocupar la creatividad, el pensamiento crítico, la capacidad de contextualizar y priorizar, y la responsabilidad sobre las decisiones.
“El humano siempre va a tener principios, creatividad, la manera de priorizar, de contextualizar, los sentimientos, el pensamiento crítico”, afirmó Tortorella. “La idea del libro fue empoderar al humano”.
La apuesta, en definitiva, es cambiar el foco de la conversación. “Ya no pasa tanto por entender el último modelo o fascinarse por las últimas funciones que tiene la IA, sino por comprender de qué manera las personas se pueden potenciar”, sostuvo Pombo.
