El reflejo galeanista que te lleva a alegrarte cuando un equipo tercermundista le gana a uno europeo.
Lo bien que ha funcionado la cuota afro en las selecciones europeas.
Que el tiempo pase más lento cuando juega Uruguay, en una nueva confirmación de la teoría einsteiniana de que el tiempo es relativo.
Armar una picada con foie gras cuando juega Francia, sushi cuando juega Japón, jamón crudo cuando juega España y papas chips de bolsa cuando juega Uruguay.
Haber zafado de ir a ver el partido de Uruguay y Arabia Saudita porque sos presidente y vas a donde quieras.
Estar primero en la penca del laburo y seguir soñando con ganarte esa botella de whisky nacional cuyo consumo excesivo puede causarte alucinaciones.
Darte cuenta de que nunca te van a mandar a cubrir el Mundial en la tele porque sos demasiado racional e ilustrado.
Las notas de Montevideo Portal que te recortan los únicos 30 segundos que valen la pena de ese programa de streaming de tres horas.
Que salte la noticia de que te hiciste un par de viajes de más a Roma justo en medio del Mundial.
El aire que les dio a los periodistas deportivos la milica uruguaya que se puso a cantar la canción de No Te Va Gustar.
Que una IA le erre como a las peras en la predicción del resultado de un partido.
La devoción incondicional por el alcohol que sienten los hinchas ingleses.
La ausencia total de noticias sobre cábalas extrañas de selecciones de países extraños.
De menos
El reflejo galeanista que te lleva a alegrarte cuando un equipo tercermundista le gana a uno europeo.
Las pelucas y maquillajes de los hinchas que no entienden que el Mundial es para pasar mal.
Que las canciones dedicadas a la selección uruguaya son las mismas de siempre, pero ahora en versión cumbia.
Escuchar la 890 todo el día y aun así no saber dónde juega Sanabria. Ni Cáceres. Ni Salazar. Ni Mele.
Que a los viejos zurdos sesentistas no se les ocurra otra imagen para quejarse de la atención que se le presta al fútbol que no sea “son 22 tipos corriendo atrás de una pelotita”.
Las crónicas periodísticas que incluyen las palabras Ignacio y Alonso.
El vecino que escucha el partido en la radio y te grita los goles de Uruguay cinco segundos antes.
Las pocas chances que hay de que el vecino que escucha el partido en la radio grite algún gol de Uruguay.
Tener plena conciencia de que eso de las cuatro estrellas en la camiseta de Uruguay es una chantada.
Armarte una buena picada para ver Uzbekistán-Congo y que tu esposa te recuerde que hace dos años que no tenés laburo.
No poder evitar hacer clic en la nota de Montevideo Portal que dice: “Mirá la brutal patada que quebró en ocho partes la pierna de un jugador canadiense”.
Que la única posibilidad de que mejore tu imagen como presidente sea que Uruguay salga campeón del mundo goleando 7-0 a Argentina en la final.
La noticia sobre el hallazgo de un manuscrito inédito de Mozart que se coló en medio del titular sobre los cambios en el plantel de Curazao y el de la cantidad de carne que se come en un asado de la selección.