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Lula da Silva es fotografiado por Ricardo Stuckert en una conferencia de prensa en la COP30 de Naciones Unidas, en Belén, Brasil, el 19 de noviembre de 2025.

Foto: Pablo Porciúncula, AFP

La última oportunidad de Lula

Lo que se juega en las elecciones de Brasil.

Aunque en Brasil mejoraron los niveles de empleo, la inflación se mantiene controlada y el hambre ha sido erradicada, el triunfo de Lula en las elecciones presidenciales no está asegurado. El aumento del endeudamiento de las familias y la fuerza que aún conserva el bolsonarismo auguran una elección disputada.

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Luis Inácio Lula da Silva lanzó su campaña 2026 en el estadio Primero de Mayo de Vila Euclides, en São Bernardo do Campo, en el ABC paulista. Allí, en 1979, les había hablado a miles de personas subido a una mesa de bar que habían tenido que pedir a modo de escenario. Lideraba una huelga contra la dictadura en la que se pedían mejoras salariales, pero también la redemocratización del país. No había tarima ni micrófono. “Yo tuve que hablar para ustedes y cada uno iba repitiendo lo que yo decía para atrás. No sé qué mentira llegó al final. El dato concreto es que la huelga fue un éxito”, bromeó Lula cinco décadas después, en el inicio de su última campaña presidencial: el final es en donde partí.

Economía: logros y percepciones

El mercado laboral brasileño acumuló un saldo de cinco millones de nuevos empleos formales desde enero de 2023, cuando Lula regresó al poder. De acuerdo con datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Brasil lideró ampliamente el ingreso de inversión extranjera directa en la región, con 76.877 millones de dólares durante 2025, casi duplicando a México.

En julio del año pasado, además, Brasil salió del Mapa del Hambre de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Había vuelto en 2021, durante la presidencia de Jair Bolsonaro, con los coletazos de la pandemia. “Hoy dormiré con la conciencia tranquila del deber cumplido con mi pueblo”, afirmó Lula en una conversación telefónica con el director de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el chino Qu Dongyu. “Hoy soy el hombre más feliz del mundo. La lucha para acabar con el hambre en Brasil es una misión de vida que tengo, es una profesión de fe”, dijo Lula. Una serie de factores contribuyeron al logro: los aumentos del salario mínimo, el apoyo a la agricultura familiar y el fortalecimiento de la alimentación escolar, entre otros.

La inflación anual se desaceleró hasta un 4,6 por ciento estimado para este año, por la caída de los precios de los alimentos y los combustibles. Sin embargo, la percepción de la ciudadanía sobre la economía puede ser un problema para el gobierno, tal como sucedió en la última elección de Estados Unidos. Según la encuestadora Quaest,1 el 49 por ciento de los brasileños cree que la situación económica empeoró en los últimos 12 meses. Alejado el riesgo de bidenización en torno a su salud –Lula se muestra activo y gimnasta, a diferencia del expresidente estadounidense, que tuvo que relegar su candidatura en Kamala Harris tras una serie de apariciones erráticas–, asoma el otro peligro que en su momento afectó al Partido Demócrata: indicadores razonables, incluso buenos, pero una mala percepción pública del desempeño económico.

Industria y agronegocio

En enero de 2024 Lula lanzó el programa “Nueva industria Brasil”. Si en 1985 la industria explicaba el 48 por ciento del producto interno bruto (PIB), en 2026 representa apenas el 24 por ciento.2 El presidente ha buscado en su tercer mandato limitar la dependencia del sector agropecuario a través de una ofensiva reindustrializadora, ofreciendo créditos del BNDES, el poderoso Banco Nacional de Desarrollo. ¿Cuál ha sido el trasfondo de este plan industrial? La pretensión de que el Estado vuelva a ser un actor decisivo en la política económica del país, luego de dos experiencias –Michel Temer y Jair Bolsonaro– que apuntaron a una liberalización. El programa quedó a cargo de Geraldo Alckmin, otrora opositor a Lula, quien además de ser su vicepresidente cumple funciones como titular de la cartera de Industria y Comercio. El exgobernador de San Pablo tiene una interlocución directa con la Federación de Industriales de San Pablo (FIESP), que desempeñó un rol central en el impeachment contra Dilma Rousseff en 2014. Lula mantuvo a Alckmin ocupado, un requisito que no se cumplió en la serie de casos de vicepresidentes latinoamericanos que confrontaron a sus propios gobiernos en los últimos años.

Luego del gobierno de Bolsonaro, marcado por un alineamiento directo con el agronegocio, Lula propuso un freno a la deforestación, condicionando el crecimiento de los cultivos a metas de protección ambiental impulsadas desde el Ministerio de Medio Ambiente por otra exrival electoral, Marina Silva. Como anfitrión de la Cumbre de la COP 30 realizada en Belem do Pará, en el corazón del Amazonas, en noviembre de 2025, Brasil lanzó el Fondo de Bosques Tropicales por Siempre (TFFF), que busca movilizar 125.000 millones de dólares en capital público y privado para conservar selvas en 73 países. Se prevé que el mecanismo incluya un sistema de pagos por hectárea preservada y penalizaciones por superficie deforestada o degradada.

La escena internacional

En noviembre de 2024, Lula recibió en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro a los líderes del G20, que lanzaron la Alianza Global contra el Hambre y la Pobreza. En julio de 2025 condujo la XVII Cumbre de los BRICS [alianza conocida por la sigla de sus países iniciales, Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica], también en Río. En abril de 2026, en Barcelona, fue uno de los grandes animadores de la reunión de líderes progresistas que organizó el jefe de gobierno español, Pedro Sánchez. Con este tipo de movidas, Lula busca que Brasil vuelva a ser un global player tras un bolsonarismo al que catalogó como “paria” por su aislamiento internacional, la destrucción ambiental y el mal manejo de la pandemia.

Pero Lula aprovechó los foros globales para denunciar un nuevo statu quo. “Nuestro papel es señalar a los verdaderos culpables: un puñado de multimillonarios concentra la mayor parte de la riqueza mundial. La desigualdad no es un hecho, es una elección política”, planteó. Como consecuencia, Lula impulsó un aumento de impuestos conocido como BBB: billonarios, bancos y bets (apuestas), que afecta a los más ricos.

Así, durante su tercera presidencia Lula volvió a tener un rol protagónico en los debates globales, aunque con una América Latina que fue girando a la derecha. Allí anida una gran diferencia con sus primeras dos gestiones, cuando convivió con otras experiencias de la llamada “marea rosa”, como Néstor Kirchner en Argentina, Hugo Chávez en Venezuela y Tabaré Vázquez en Uruguay. Al mismo tiempo, Brasil enfrentó de manera directa a Elon Musk: luego de una breve suspensión de X a nivel nacional por incitación al odio y noticias falsas, el magnate tecnológico terminó cediendo a los pedidos del juez Alexandre de Moraes, que incluían la eliminación de algunas cuentas y, sobre todo, la designación de un representante legal de la plataforma en el país. Asimismo, Europa terminó adoptando el modelo brasileño como un caso a seguir en conflictos de intereses con las grandes compañías tecnológicas.

La ofensiva de Trump

Desde su regreso a la Casa Blanca, Donald Trump tensó la relación con Brasil. Uno de los ejes del embate es Pix, el sistema de pagos online creado por el Banco Central, que desplazó a las norteamericanas Visa y Mastercard. En su blog, el economista Paul Krugman elogió el sistema y dijo que podría inspirar a otros países. Para Krugman, ofrecer un sistema público de pagos más barato y eficiente no puede configurar una práctica comercial desleal, como argumentó el gobierno de Trump. “¿Por qué sería desleal ofrecer a sus propios ciudadanos una forma mejor de hacer compras y pagar las cuentas?”, se pregunta en el artículo. Sostiene, entonces, que la reacción de Trump es consecuencia de la pérdida de espacio de las empresas privadas contra un sistema público más eficiente. Krugman contrapone el ejemplo del Pix brasileño con el bitcoin de El Salvador: mientras que el primero se popularizó, el segundo naufragó hasta que el propio gobierno decidió darlo de baja.3

El bolsonarismo, herido pero no muerto

“En política hay muy pocos muertos; hay heridos débiles, heridos leves, heridos graves, pero muertos, pocos”. La frase pertenece al expresidente de Uruguay Julio María Sanguinetti,4 y sirve para dar cuenta del momento actual del bolsonarismo.

Jair Bolsonaro fue condenado a 27 años de prisión por el Supremo Tribunal Federal de Brasil por el frustrado intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2023 en la Plaza de los Tres Poderes. Además, tres oficiales que alcanzaron el rango máximo de general del Ejército, con cuatro estrellas, también fueron hallados culpables y sentenciados: Augusto Heleno, quien fuera ministro jefe de seguridad de la Presidencia, y los exministros de Defensa Walter Braga Netto y Paulo Sérgio Nogueira.

Con Jair Bolsonaro en prisión domiciliaria, su familia entró en conflicto. En 2026, su esposa Michelle cuestionó la decisión de designar a Flávio como candidato presidencial, y criticó una serie de alianzas tácticas en diferentes estados. En un largo video, denunció maltratos de su hijastro. Aunque llegaron a una frágil tregua, que incluye su candidatura a senadora por Brasilia, el escándalo del banco Master sumó tensión a la postulación de Flávio. The Intercept filtró audios del candidato presidencial pidiendo dinero al empresario Daniel Vórcaro, hoy en prisión por el resonante desfalco del banco, para hacer una película sobre su padre con un presupuesto desmedido, superior al de películas como Aún estoy aquí, ganadora del Oscar.5

Lo que está en juego

Las recientes declaraciones de Lula sobre el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, ilustran la tirante relación con Trump. “Ellos tienen un ciudadano al que no le gusta América Latina y es bolsonarista. Es el secretario de Estado, Marco Rubio. Se lo dije a Trump. Es un antilatinoamericano. O un latinoamericano frustrado: es un descendiente de cubanos de Miami. Odia Cuba, Colombia, Brasil”, sentenció el presidente.6 Rubio parece haberle contestado, días después, con una explícita reivindicación de la doctrina Monroe (“América para los americanos”) desde la cuenta de X del Departamento de Estado.

“Quien haya visto el video que fue divulgado por el Departamento de Estado verá que lo que se quiere hacer es justamente relativizar la soberanía de los países latinoamericanos en general, incluyendo, naturalmente, a Brasil. No se menciona específicamente, pero es así”, analizó Celso Amorim, excanciller de Lula y actual asesor especial de política exterior.7

La Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, publicada en 2025, es elocuente sobre el peligro que significa China –y su influencia hemisférica– para la Casa Blanca. Allí se propone el “Corolario Trump” como una actualización de la doctrina Monroe. En este marco, Estados Unidos confirmó recientemente la aplicación de un nuevo aumento de aranceles a los productos brasileños. La lista de excepciones incluye café, carne, naranjas y partes para la fabricación de aviones. La estrategia del gobierno brasileño es ampliar la cantidad de productos exceptuados, en un equilibrio entre denunciar –a través de la activación de la Ley de Reciprocidad– y negociar.

De acuerdo con los sondeos de opinión, la mayoría de los brasileños tiene una imagen negativa de Trump y asocia este nuevo aumento de aranceles con el intento de apoyar a Bolsonaro. Por eso el programa de gobierno de Lula para su cuarto mandato menciona 31 veces el término “soberanía nacional”.

“Hacia donde se incline Brasil se inclinará Latinoamérica”, pensaba Henry Kissinger.8 Si Lula gana, la centroizquierda mantendrá el control de un país de 213 millones de habitantes, el séptimo más poblado del mundo y el más grande de América Latina, cuyo PIB representa el 40 por ciento del PIB sudamericano. Eso supondrá un freno a la tendencia que en los últimos tres años incluyó triunfos de alguna variante de la derecha en Argentina, Ecuador, Chile, Bolivia y Colombia. Un triunfo del PT le permitirá también al progresismo sudamericano volver a mostrar un gobierno exitoso, algo que no pudieron lograr ni Gabriel Boric en Chile ni Gustavo Petro en Colombia. “Mientras yo viva, la extrema derecha no volverá a gobernar este país”, vaticinó Lula.9

Juan Manuel Karg, periodista y politólogo. Autor de Lula: de la cárcel a la presidencia, Ediciones Futuröck, 2023.


  1. g1.globo.com, 14-8-2026. 

  2. Houldine Nascimento, poder360.com.br, 15-3-2025. 

  3. “Trump’s War on the Future, Monetary Edition”, paulkrugman.substack.com, 20-7-2026. 

  4. “Julio María Sanguinetti: ‘No me adelanto a decir la muerte del kirchnerismo’”, Radio Mitre, 16-8-2023. 

  5. Mariana Schreiber, “Flávio Bolsonaro admite que pediu milhões a Vorcaro para filme do pai: o que se sabe”, BBC News Brasil, bbc.com, 13-5-2026. 

  6. “Lula culpa a Marco Rubio del conflicto comercial con EEUU y lo llama ‘antilatinoamericano’”, Efe, 7-8-2026. 

  7. “Amorim diz que vídeo do governo Trump sobre domínio dos EUA nas Américas mira Brasil como alvo”, Estadão, 12-8-2026. 

  8. Igor Gielow, “Kissinger foi o cérebro do apoio dos EUA a ditaduras na América do Sul”, Folha do São Paulo, 30-11-2023. 

  9. Ansa Latina, 1-8-2026.