La semana pasada me sugirieron de Primera mañana, el programa de la diaria Radio, que fuera a hablar de películas y libros sobre la última dictadura militar de Argentina, en sintonía con las conmemoraciones por el 50° aniversario del golpe de Estado en ese país. El tiempo se distorsionó y tuve que apretar lo que había preparado sobre tres libros. No son de historia, no ayudan a entender cronologías ni causas o consecuencias, pero tampoco son exactamente de ficción (bueno, uno de ellos sí). Los elegí porque creo que los tres representan lo mejor de distintos tipos de escritura admirable y porque creo que, lateralmente, contribuyen a la comprensión de algunos aspectos fundamentales, pero a veces soslayados de lo que pasó allá y acá en aquellos años.
Cerca del documental
La primera recomendación fue la más segura. Primero, por la autora: Leila Guerriero siempre es clara y atrapante, y por eso es una referente del tipo de periodismo de investigación que tiene un plus por encima del tema abordado: la forma de aproximarnos a la historia importa tanto como el asunto. Segundo, por eso mismo, por el asunto: en La llamada (2024) reconstruye la trayectoria de una exguerrillera que es apresada y torturada, pero se salva de la muerte porque los militares deciden ponerla bajo sus órdenes por su cultura y belleza. Así sobrevive, pero pasa a existir en tierra de nadie, entre la desconfianza y el odio de reprimidos y represores. Tercero, por la comentarista de lujo que conseguimos para el libro de Guerriero: Virginia Martínez, ella misma una figura central en la investigación periodística y el documental, no solo señala las virtudes de la obra de la colega, sino que abre una puerta a la reflexión teórica con su concepto de “literatura de la realidad”, con el que complejiza la etiqueta de “no ficción”.
Lo mejor del blog
A principios de siglo, un poco antes de la aparición de Twitter, Facebook y otras redes sociales, proliferó la creación en blogs: bitácoras web (de ahí su nombre, en inglés), espacios personales que alojaban autores, intereses y estilos variadisimos a modo de entradas periódicas, y que, en muchos casos, permitían y estimulaban el intercambio entre lectores en espacios de comentarios. De ese ambiente virtual de libertad y microdebate surgió Diario de una princesa montonera: 110% verdad, de Mariana Eva Pérez (2012). Es una mezcla novedosa, porque conserva mucho de lo que hacía que un blog fuera atractivo –la originalidad, la búsqueda de complicidad, la primera persona acechante– y a la vez está en el medio de lo que entonces se llamaba “escrituras del yo” y el testimonio (que sería otro tipo de “yo”). Hija y hermana de desaparecidos, princesamontonera (tal era su alias en Blogger) cuenta sobre su regreso a Buenos Aires tras su formación en Europa, sobre los subibajas de su carrera como investigadora en ciencias sociales, sobre la búsqueda de sus familiares. Las dosis de humor y el despliegue de varios niveles de atención que maneja eran comunes en aquellos diarios web, pero inusuales en la literatura testimonial hasta entonces (y desde entonces también, creo). En algunos momentos de intensidad me hace acordar a The Palermo Manifesto (2009), de Esteban Schmidt, una especie de largo discurso en el que un socialdemócrata de la UCR expele todo su desencanto por la política argentina.
Saer
Con nivel de riesgo creciente, dejo a Lo imborrable (1993) para el final. Nunca aparece en las listas de mejores novelas de Juan José Saer, pero eso es culpa de las demás. Es contada desde el punto de vista de Carlos Tomatis (uno de los habitantes notables del universo del santafesino), que está tratando de salir del bajón extremo en que se sumió desde la separación de su más reciente esposa, mientras una extraña pareja lo asedia para que acepte dirigir una revista literaria provincial. La depresión del hombre es el fondo sobre el que se concentran por lo menos tres círculos del infierno dictatorial. Por un lado, la desconfianza interpersonal: ambientada en 1981, cuando el régimen todavía no empezaba a caer, hay silencios, rodeos y también códigos quebrados en los diálogos de los personajes. Después, el tema de la destrucción cultural: aparece el auge y caída de Walter Bueno, un escritor con pretensiones vanguardistas que escribe una novela tan exitosa como complaciente con la dictadura, según nuestros protagonistas, que la deshacen con argumentos contradictorios. En el núcleo, el episodio que desata la ruptura del matrimonio de Tomatis: su esposa ha echado del hogar a una muchacha que era buscada por los represores, y que luego aparece asesinada. Saer, como pocos, transmite la sensación de inteligencia aguda en cada página, y la compensa con una serie de pasajes brutales que, encabezados por el motivo recurrente que me cuelguen con un gancho, surcan buena parte del relato.