En el próximo suplemento de Libros, que sale esta semana, van a poder leer, por fin, después de años de intentarlo, una entrevista con Cristina Peri Rossi y una reflexión sobre políticas culturales a partir del reciente premio que ganó la argentina Samanta Schweblin, además de varias reseñas de libros. Tanto el reportaje de Martín Bentancor como el texto de Paula Simonetti pueden encender alguna chispa de debate.
Dos recientes ediciones locales datan la entrevista con Peri Rossi: la novela La última noche de Dostoievski, aparecida originalmente hace más de tres décadas, y el libro de cuentos Turbación. El intercambio con Peri Rossi excede el comentario de esas novedades, y en un momento la premio Cervantes 2021 profundiza sobre su idea de que la novela es “el género más fácil de escribir sin talento”.
“La prueba de la facilidad de lectura del género novela es que casi todo el mundo ha leído varias, en cambio, pocos leen poesía. Julio Cortázar, por ejemplo, me decía que en muchos de sus viajes en tren de París a Barcelona leía novelitas de Corín Tellado, pero que jamás se le hubiera ocurrido leer a Baudelaire. Existen novelas mediocres de gran éxito o a veces incluso malas porque atraen por su trama, sus escenas eróticas o sus juicios políticos, en cambio, la poesía exige una capacidad de metáfora, de lirismo o aun de ritmo completamente diferente. Narrar narran hasta los niños pequeños, pero escribir y entender ‘Soy la Casandra en la noche oscura de los significantes’ (perdón por autocitarme) exige una operación mental mucho más sutil y elevada”, sostiene la escritora, y completa la idea con una metáfora boxística: “Para mí no hay predominio de un género sobre otro. Escribo novela, relato, poesía o ensayo según mi estado de ánimo y mi inspiración del momento. Julio Cortázar decía que la novela se ganaba por puntos y el cuento por KO; yo digo que lo que se gana por KO es la poesía”.
Casi todo el mundo se enteró de que Schweblin fue la ganadora de la primera edición del premio Aena y de que eso le valió un millón de euros. Fue una buena excusa para que varios volviéramos a conversar sobre los cuentos de El buen mal, que le valieron el premio, y así lo hicimos en la diaria Radio.
Ahora bien, al enterarse de la buena noticia, Schweblin dijo: “En mi imaginario, siempre, desde que dejé la casa de mis padres, lo que toda la vida quise tener es un sueldo todos los meses. Este número lo asocio un poco con esa idea fantasiosa del sueldo para siempre”. A propósito de esas palabras, que provocaron unas cuantas reacciones en las redes, la investigadora y poeta Paula Simonetti escribió un artículo titulado “Un sueldo imaginario para la literatura”, que en una parte dice:
“Hay celebración, sí. Pero también hay conciencia: lo que se celebra no es la norma. El millón de euros no es el resultado típico de escribir, sino una excepción que ilumina una estructura desigual. Detrás de cada libro que alguien compra, recomienda o subraya hay un trabajo sostenido en condiciones que pocas veces se ven. Y el premio, lejos de resolver esa desigualdad, la hace visible. Ayuda a mirar lo que en general queda fuera de escena”.
El resto lo podrán leer desde el viernes.