La obra fue premiada en Francia en 2022, el año de su aparición, y por aquí se puede conseguir en librerías y en Biblioteca País. Es una ficción sobre los años del ascenso al poder de Vladimir Putin contada desde el punto de vista de un asesor top. Se ha insistido en que esa figura está basada en una persona real, Vladislav Surkov, que ocupó varios puestos en el gobierno ruso entre 1999 y 2011. Dada su experiencia como dramaturgo y publicista, se considera que su trabajo fue fundamental para consolidar el manejo mediático del poder putinista y también para conceptualizar la reorientación de Rusia hacia el autoritarismo.

En la novela, la condición de artista de este asesor se enfatiza un poco más que en la película. En ambas, de todos modos, se le dedica un buen tramo a hablar de Nosotros, la novela de Evgueni Zamiátin.

Escrita en 1920, Nosotros es un clásico de la ciencia ficción distópica. Pinta una sociedad racionalista totalitaria absolutamente separada de la naturaleza, en la que el Estado controla hasta la vida sexual de los ciudadanos. Prohibida en la Unión Soviética –Zamiátin se enfrentó a los zares y fue perseguido por Stalin–, circuló con fuerza en Europa y fue una de las influencias reconocidas por George Orwell, especialmente para 1984. También fue lectora fervorosa de Nosotros Ayn Rand, que era rusa. La novela tambień está en Biblioteca País.

Foto del artículo 'Trucos de El mago del Kremlin'

Otro escritor-político “metido” dentro de El mago del Kremlin es Eduard Limónov. Vanguardista, extravagante, disidente, exiliado, fundador del Partido Nacional Bolchevique en 1993, apresado en 2005, muerto en 2020, fue objeto de una aclamada biografía escrita por Emmanuel Carrère. Además de ser coguionista de la película El mago del Kremlin, el francés tiene un breve cameo, pero no interpreta a Limónov, sino a un veterano que discute con jóvenes artistas durante una fiesta en los años 1990.

Esa década, que siguió a la caída de la Unión Soviética y precedió a la “era Putin”, es el período clave de la novela de Giuliano Da Empoli: es el momento en que Rusia parece oscilar entre la democratización y la fragmentación mientras todo se privatiza de manera salvaje. En ese esquema, Putin aparece como la solución que los nuevos capitalistas rusos encuentran para devolverle estabilidad al gobierno, y se encuentran con alguien difícil de manipular y que termina restaurando la tradición absolutista.

Hasta la publicación de El mago del Kremlin, Da Empoli no era un escritor de ficción, sino más bien un miembro de la élite europeísta –hijo de funcionarios de Bruselas, asesor del socialdemócrata Mateo Rienzi, autor de tratados sobre el futuro de Europa, encargado del comité de la Bienal de Venecia– que había firmado textos sobre politología. La novela, en esa trayectoria, puede ser vista como un mecanismo para expresar opiniones que en un ensayo requerirían demasiada fundamentación y toma de partido; algo parecido hizo Mario Benedetti cuando les dio un giro a sus dudas sobre la revolución y creó a los personajes de Gracias por el fuego. En todo caso, Da Empoli parece transitar al revés el camino del arte a la política que sigue el protagonista de El mago del Kremlin.

Masha Gessen, de nacionalidad rusa y residencia estadounidense, también escribió sobre el ascenso de Putin, aunque sin el recurso de la ficción. El hombre sin rostro busca explicar cómo un agente de los servicios secretos de bajo perfil se convirtió en el centro del poder de Moscú. El libro ganó el National Book Award en 2017. Lo seleccioné porque figura en varias listas de libros recomendables sobre política rusa reciente y está en Biblioteca País.

Primer bonus uruguayo

Uno de los conceptos atribuidos a Surkov y que se menciona varias veces en El mago del Kremin es el de “verticalidad del poder”, entendida como forma de justificar históricamente la organización autoritaria de la sociedad. Al tomármelo caí en la cuenta de que Gabriel Delacoste había escrito bastante sobre el tema en su libro sobre Alberto Methol Ferré –¿se acuerdan?–, que, de hecho, lleva en el título completo la frase “Un estudio sobre el verticalismo latinoamericano”.

Foto del artículo 'Trucos de El mago del Kremlin'

Segundo bonus uruguayo

Si leyeron a Julia Muriel Dominzaín en los primeros años de Lento o en la diaria, saben que es una gran cronista. Tal vez no sepan que entre 2016 y 2019 esta periodista argentina de ascendencia uruguaya trabajó para la televisión moscovita. En Seis minutos de sol cuenta, a través de pequeños episodios, su inmersión en la cultura de un país tan extraño como fascinante, en una época en la que la era de Putin ya estaba afianzada. Son historias breves y cálidas, en las que la comprensión intuitiva va venciendo a los problemas de comunicación. A la vez, hay un “descubrimiento” del mundo que palpita detrás del consumo extremo reservado a los grupos privilegiados, al que como periodista ella perteneció durante su estadía. “Hay cosas que una decide en momentos muy puntuales sin darse cuenta. No tener hijos en Rusia fue una de esas decisiones silenciosas, inconscientes, imperceptibles”, escribe al rememorar la visita a un hospital.