Grandes con Rama

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El 30 de abril de 1926 nació el crítico cultural, teórico literario, periodista y editor Ángel Rama, y desde hace algunas semanas se celebra su centenario con diversas actividades. En marzo, para empezar, se montó una muestra que documentaba la relación entre él y Pedro Figari, con destaque para el hecho de que Rama fue un adelantado en abordar de forma integral la obra del pedagogo y artista visual. Desde hace unas semanas, se puede visitar en la Fundación Benedetti la exposición Ángel Rama: más que un centenario, donde, entre otras cosas, se exhiben ejemplares del semanario Marcha, de cuya sección cultural fue editor en dos períodos. El jueves, el teatro Solís y la Comedia Nacional le tributarán un homenaje (los primeros trabajos críticos de Rama fueron reseñas teatrales, y además incursionó en la dramaturgia). Además, están vigentes las convocatorias de la revista Sic y la del premio Ariel de la Academia Nacional de Letras.

Uno de los frutos más sabrosos del centenario es la reedición, con colaboración de la Academia Nacional de Letras, de Primeros cuentos de diez maestros latinoamericanos, una antología que publicó originalmente la editorial Planeta en 1975, cuando ya era un pujante sello español, pero todavía no se había convertido en una megaeditorial multinacional y buscaba material asociable al boom de la narrativa latinoamericana. La selección que compiló Rama con la ingeniosa idea de reunir debuts literarios es asombrosa —son cuentos de Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez, José Lezama Lima, Arturo Uslar Pietri, José María Arguedas, Mário de Andrade, João Guimarães Rosa, Julio Cortázar, Juan Rulfo y Juan Carlos Onetti—, y hoy vale tanto por el material compilado como por la forma en que lo presentó el uruguayo.

Editor experto —llevaba una década al frente de su propio proyecto, Arca— e investigador erudito, Rama no solo escribió una introducción general para la antología, sino que también acompañó con breves ensayos a cada uno de los relatos. En todos es palpable su esfuerzo por acercar a un público general autores posiblemente desconocidos, aprovechando sus artes de profesor con muchísimas horas encima. A la vez, introduce ideas y asociaciones originales, y en todos abunda sobre la vinculación entre la obra escogida y la carrera posterior de su autor, con al menos un hallazgo notable (en “El posible Baldi” ya está todo el tema onettiano del escape mediante la imaginación).

Por eso son excepcionales los textos compilados –está “No oyes ladrar los perros”, de Rulfo– y los del compilador. El que acompaña a “Los comuneros de A’Kola”, de Arguedas, es ejemplar: Rama comienza aportando contexto biográfico, luego intelectual, luego doctrinario, y termina insinuando uno de sus grandes aportes a la teoría latinoamericana: el concepto de transculturación narrativa, que terminaría de afinar en los años siguientes, justamente en torno a la obra del antropólogo y escritor peruano.

Llaman la atención, por supuesto, las ausencias. Rama mismo lamenta la de Jorge Luis Borges, y el prologuista Leonardo Cabrera cumple con notar la falta de escritoras. Las “cuotas” regionales y generacionales, sin embargo, le permitieron a Rama, que prefiguraba el proyecto latinoamericanista de la Biblioteca de Ayacucho y había comenzado inadvertidamente un exilio sin retorno, incluir a dos autores brasileños, De Andrade y Guimarães Rosa, lo que, desde una perspectiva integradora, lo sigue colocando a la vanguardia (la traductora de sus relatos, Lucrecia Manduca, es debidamente acreditada).

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