El edil del Partido Nacional (PN) Javier Sosa expuso, en la Junta Departamental de Maldonado, la situación que enfrenta la escuela rural 11 ubicada en el barrio fernandino Cerro Pelado. Tras afirmar que “es la escuela rural más antigua del departamento”, detalló los múltiples inconvenientes que la comisión de familiares de los escolares ha denunciado desde hace “más de un año” mediante notas presentadas a la inspección departamental.
Como respuesta, han tenido “silencio y una exposición prolongada de sus hijos a una situación que cada vez es más grave”, cuestionó.
Contó que los niños y las niñas se enfrentan a diario a “una combinación de situaciones edilicias, sanitarias y de funcionamiento que los ponen en riesgo”. Informó que la bancada del PN solicitó visitar el centro educativo para observar la realidad, pero “la posibilidad fue negada”, lo que generó “incertidumbre”. No obstante, accedió a imágenes que demuestran un “deterioro avanzado” de las instalaciones.
Agregó que la bancada del PN presentó una nota ante la Junta Departamental con el detalle de la situación escolar, para que “sea elevada a los organismos competentes”, y otra dirigida al Departamento de Movilidad de la Intendencia de Maldonado porque “los niños deben caminar un tramo largo para llegar a la escuela rural y no hay sendas peatonales”; razón por la cual reclaman que el transporte público llegue hasta el centro educativo.
“Riesgo de derrumbe” y problema sanitario “muy serio”
El edil expuso que “hoy no se puede ingresar a la planta alta, donde antes había dos dormitorios, porque existe riesgo de derrumbe” y que en los espacios donde se desarrollan las clases la situación es “más preocupante porque se ha desprendido material, dejando a la vista estructuras metálicas, afectadas por la corrosión”.
Además, dijo que existe “un problema sanitario muy serio”, ya que en zonas de almacenamiento, cocina y salones “hay humedad, hongos y musgo, sobre todo en las paredes, y esto repercute en la salud”. Durante el invierno, niños y niñas “presentan problemas respiratorios y, no es casualidad, es la consecuencia de pasar horas en un ambiente no saludable”, acotó.
En cuanto a los baños, que se ubican afuera del centro educativo, dijo que implica que “los niños tengan que salir, incluso en días de lluvia o con bajas temperaturas” y se encuentran con instalaciones que “no garantizan condiciones básicas ni la privacidad”.
También hay riesgo con las conexiones eléctricas: “Debido a la humedad en las paredes, las instalaciones están en mal estado, con cableado expuesto y sistemas que no son actualizados”, expresó.
Ante este escenario, manifestó preocupación porque la escuela no cuenta con cobertura de emergencia médica móvil. “Si ocurre un accidente, no hay una respuesta inmediata garantizada”, advirtió.
Más de 53 alumnos y “solo tres maestras”
A su vez, informó que la escuela cuenta con más de 53 estudiantes —entre educación inicial y primaria—, pero “la estructura humana” tampoco acompaña esa realidad, ya que “solo hay tres maestras para todos los niveles, siendo una de ellas la directora”.
También remarcó que “hay una única cocinera para la población escolar y recientemente se incorporó una auxiliar de limpieza”, por lo que se trata de un equipo “limitado” frente a “la complejidad y la demanda” que tiene la escuela.
Además, explicó que un salón “fue dividido en dos sectores improvisados; en uno conviven niños de nivel inicial hasta primer año de Primaria, y en otro, de segundo a cuarto año”. Paralelamente, el comedor se dividió en dos, para alumnos de quinto y sexto año, lo cual produce que “los niños tengan que rotar cuando tienen que comer porque no entran todos” y provoca la “superposición de grupos”, dificultando el dictado de clases.
Sosa señaló que las familias “mantienen la escuela para que sus hijos sigan asistiendo”, pero advirtió que “el esfuerzo no puede reemplazar las respuestas del Estado”.