El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, expresó este domingo que probablemente se reunirá con el enviado estadounidense Steve Witkoff el jueves en la ciudad suiza de Ginebra, remarcando que todavía hay buenas posibilidades de que haya una solución diplomática respecto a las pretensiones de la Casa Blanca de que Teherán desista de su programa nuclear.
Araghchi hizo estas declaraciones durante una entrevista con un programa de una cadena estadounidense, mientras el presidente Donald Trump sigue evaluando la posibilidad de atacar militarmente Irán.
Antes de las declaraciones del canciller iraní, el portal estadounidense Axios había informado que los negociadores estadounidenses están listos para mantener otra ronda de conversaciones con Irán el viernes en Ginebra si reciben una propuesta detallada de Teherán para un acuerdo nuclear.
También este domingo el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, escribió un mensaje en su cuenta de X en el que abogó por una salida negociada con Washington. “Irán está comprometido con la paz y la estabilidad en la región. Las negociaciones recientes implicaron el intercambio de propuestas prácticas y arrojaron señales alentadoras. Sin embargo, seguimos de cerca las acciones de Estados Unidos y hemos realizado todos los preparativos necesarios para cualquier posible escenario”, expresó el mandatario iraní.
Los “posibles escenarios” hacen referencia a la retórica estadounidense como así también a los movimientos estratégicos que hubo durante las últimas semanas.
Actualmente está desplegado en Medio Oriente el mayor contingente militar estadounidense desde la ofensiva contra Irak, que comenzó en 2003.
El portaaviones USS Abraham Lincoln y su grupo de combate están estacionados cerca de aguas iraníes, y se espera la llegada del USS Gerald Ford, el portaaviones más grande del mundo, en los próximos días. Además, miles de soldados estadounidenses destacados en bases en Medio Oriente se encuentran en alerta.
Al tiempo que esto sucede, este domingo por segundo día consecutivo miles de estudiantes universitarios salieron a protestar en varias ciudades del país, de acuerdo con lo que informó la cadena catarí Al Jazeera.
Esto sucede tras la reapertura de sus centros de estudios poco más de un mes después de las mortíferas protestas a nivel nacional, en las que miles de personas fueron asesinadas por las fuerzas de seguridad.
Corresponsales en Teherán informaron que hubo enfrentamientos entre estudiantes y partidarios del Estado teocrático, muchos de ellos afiliados a la organización paramilitar Basij del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI).
Paralelamente, en Estados Unidos las aguas se dividen respecto a la actitud que debe tomar Trump en este momento.
El veterano senador republicano Lindsey Graham lamentó que varias personas del entorno del presidente le estén aconsejando no bombardear Irán. Graham instó al presidente a ignorarlas. “Entiendo la preocupación por las grandes operaciones militares en Medio Oriente, dados los enredos que se dieron en el pasado. Sin embargo, quienes desaconsejan involucrarse parecen ignorar las consecuencias de dejar que el mal siga sin control”, declaró Graham respecto al programa nuclear iraní.
Los asesores de Trump afirman que el presidente podría cambiar de rumbo y ordenar un ataque en cualquier momento, pero muchos miembros de su equipo recomiendan cautela.
Los motivos que tiene Trump para atacar Irán son varios. Un cambio de régimen en Teherán es visto como una necesidad de la actual administración de la Casa Blanca en su afán de tener bajo cierto control todo Medio Oriente, algo que empezó a suceder con la caída del gobierno de Bashar al-Assad en Siria en diciembre de 2024.
La consolidación de Israel como poder central en la región es vista como un claro objetivo de la administración trumpista, pero la cuestión no se termina ahí.
En el contexto de la guerra comercial que Estados Unidos está teniendo con China, golpear a Irán significaría un golpe a Pekín, que se abastece, en parte, con petróleo iraní, que llega al gigante asiático luego de pasar por el estrecho de Ormuz, punto estratégico situado entre el suroeste de Irán y el sur del golfo Pérsico, por donde se estima que pasa aproximadamente el 30% de todo el petróleo que se produce en el mundo.