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Beirut durante la noche del 10 de marzo. Foto: Fadel Itani, AFP

Las contradicciones de Trump agudizan las incertidumbres sobre lo que puede pasar en el escenario mundial después de la guerra en Irán

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Continúan los bombardeos sobre Teherán y otras zonas del país, mientras sigue sin estar claro cómo Washington piensa salir del conflicto.

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Entrada ya la segunda semana de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, no está claro hasta cuándo puede durar el conflicto que impulsaron de manera conjunta, aunque con diferentes motivaciones, las administraciones de Donald Trump y Benjamin Netanyahu. Trump está apostando por una guerra corta, porque la extensión del conflicto le juega en contra.

Diversas encuestas muestran que esta guerra es reprobada por la mayoría de la ciudadanía estadounidense, por lo que su alargamiento podría influir directamente en las elecciones de medio término de noviembre, claves para la segunda mitad del mandato de Trump.

El lunes Trump dijo que la guerra estaba “casi terminada” y daba un plazo que estimaba en una semana o poco más para el fin del conflicto. Pero desde que comenzaron los ataques contra Irán el líder estadounidense se contradijo varias veces sobre lo que pretende de esta guerra. El fin de semana había dicho que esperaba una “rendición incondicional” de Teherán y no descartó el envío de tropas al país asiático, pero el lunes, en declaraciones al diario The New York Post, dijo que no estaba “ni cerca” de ordenar un despliegue terrestre en Irán.

Este martes el secretario de Defensa, Pete Hegseth, dijo que ese sería el peor día de ataques contra Irán desde que comenzó la guerra. Conocido por su retórica belicosa y ultranacionalista, Hegseth es un personaje que desde hace largo tiempo forma parte del círculo cercano de Trump.

Hegseth es un fanático religioso, integrante de la Iglesia de Cristo, un grupo dirigido por el reverendo Douglas Wilson conocido por sus posiciones extremadamente conservadoras.

El actual secretario de Defensa es un exmilitar que durante años fue presentador de la cadena Fox, conocido por ser un nacionalista acérrimo, cuyas posiciones están causando seria inquietud entre los generales de mayor rango dentro del Pentágono.

Según un informe publicado por The Wall Street Journal, algunos asesores de Trump le expresaron su preocupación por el aumento de los precios del petróleo y las posibles repercusiones políticas si la guerra se prolonga.

En la Casa Blanca, gente del entorno del mandatario argumentó que el presidente debería presentar públicamente una estrategia para poner fin a la participación militar estadounidense. La evaluación de algunos miembros del equipo es que, si bien el núcleo de la base conservadora todavía apoya la ofensiva inicial, un conflicto prolongado podría reducir ese apoyo.

El mandatario estadounidense incluso dejó la puerta abierta a una eventual negociación con los iraníes, que, por medio de su fuerza militar más importante, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, declararon que la guerra terminará cuando ellos lo dispongan.

En ese sentido, este martes el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, declaró que su país seguiría luchando mientras fuera necesario, poniendo en duda la versión de Trump de que el conflicto terminaría “pronto”.

Al mismo tiempo, tanto Trump como el presidente iraní, Mahmoud Peszekhian, hablaron en las últimas horas con el mandatario ruso, Vladimir Putin, quien dijo que su país puede jugar un rol de mediador en el conflicto.

Esta posición fue reafirmada por el ministro de Relaciones Exteriores del Kremlin, Serguéi Lavrov, quien conversó este martes con su par iraní, Araghchi.

“Serguéi Lavrov reiteró la posición firme a favor de una pronta desescalada y el retorno a una solución política y diplomática, que la parte rusa sigue comprometida en facilitar, considerando los intereses de seguridad de Irán y de sus vecinos regionales”, señala la nota publicada en el portal oficial de la diplomacia rusa consignada por Efe.

Irán se mantiene firme, soportando los ataques que ya dejaron más de 2.000 muertos y que, si bien mataron al ayatolá Alí Jamenei y a otras importantes figuras políticas y militares del país, no consiguieron ni conseguirán derrocar al régimen de gobierno que impera en el país desde la Revolución islámica de 1979.

De hecho, el domingo, el consejo de clérigos eligió como nuevo líder de la nación al hijo del ayatolá asesinado, Mojtaba Jamenei, dejando totalmente claro que el rumbo político y espiritual del país no varió en lo más mínimo, a pesar de los ataques militares, de la presión externa y de la enorme disidencia interna, silenciada por la guerra.

Lejos de estar derrotado, Irán demostró tener una alta capacidad de respuesta. Sigue bombardeando de forma cotidiana a Israel y, si bien la mayor parte de los proyectiles son interceptados antes de dar en sus blancos, costaron la vida de 11 personas y vienen alterando la vida cotidiana de toda la población israelí.

Además, los ataques de Irán costaron la vida de ocho militares estadounidenses y de al menos 20 personas en países del golfo Pérsico, entre los que se cuentan Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Kuwait y Baréin.

Una guerra con diferentes motivaciones

Existe una clara diferencia de objetivos entre Estados Unidos e Israel, las potencias militares que comenzaron la guerra.

Mientras Trump sigue intentando explicar las razones por las que lanzó una guerra contra un enemigo lejano, para el gobierno de Netanyahu el objetivo es claro. Lo reposiciona en su papel de líder, mantiene su estrategia de guerra permanente para evitar las discusiones internas y todavía la mayor parte del sistema político lo apoya porque Irán es el mayor enemigo de Israel y un desafío a su propia existencia.

Debilitar todo lo que pueda a Teherán y, en última instancia, reducir al mínimo su capacidad de desarrollar armas nucleares es un objetivo primordial para Israel en su afán de seguir siendo la mayor y única potencia militar de Medio Oriente.

En paralelo, las fuerzas israelíes también llevan adelante una importantísima campaña militar en Líbano contra la milicia chiita proiraní Hezbolá. De acuerdo a cifras oficiales de las autoridades libanesas, las muertes ocasionadas por los ataques del país vecino ya son 570.

Más de medio millón de personas fueron desplazadas de sus hogares en la zona sur de Líbano, de población mayoritariamente chiita. También hay desplazamientos en el sur de Beirut, la capital, que es donde se concentran los barrios chiitas, considerados los bastiones de Hezbolá, partido político cuya ala militar es sostenida por Irán.

Sorprendentemente, y a pesar de las grandes bajas que sufrió durante la guerra que mantuvo con Israel hasta noviembre de 2024, en el marco de la cual numerosos líderes del grupo fueron asesinados, entre ellos su líder histórico, Hasan Nasrallah, Hezbolá sigue teniendo una capacidad de fuego importante. Está atacando con frecuencia la zona norte de Israel y al menos una vez al día lanza cohetes sobre la zona metropolitana de Tel Aviv, el lugar más poblado de Israel.

Pero, al mismo tiempo que está en guerra con Irán y Hezbolá, el gobierno de Israel sigue con su campaña de desplazamiento de los palestinos de Cisjordania, donde los ataques contra la población son permanentes y centenares de quienes allí viven se ven obligados a dejar sus casas cada día debido a la violencia desatada de los colonos judíos, que cuentan, en la enorme mayoría de los casos, con la complicidad de las fuerzas de seguridad israelíes.

La economía y la posición europea

El cierre del estrecho de Ormuz por parte de las autoridades iraníes está causando problemas en la distribución de aproximadamente el 20% de la producción mundial de petróleo, situación elevó su precio en los mercados mundiales.

Este martes, Aramco, la gigantesca empresa petrolera estatal de Arabia Saudita, advirtió sobre las “consecuencias catastróficas” para los mercados petroleros mundiales si la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán continúa bloqueando el transporte marítimo en el estrecho de Ormuz.

La mayor petrolera del mundo espera poder exportar alrededor del 70% de su producción habitual de crudo, a pesar del control absoluto sobre esta arteria comercial vital. Sin embargo, el director ejecutivo de la compañía advirtió que de todos modos habrá consecuencias “drásticas” para la economía mundial si la interrupción continúa.

Más allá de este problema puntual, la economía mundial está siendo afectada por las declaraciones intempestivas de Trump, que generan una sensación permanente de inestabilidad. Esto es algo que a los economistas les importa mucho, porque esta situación influye decisivamente en las expectativas del futuro. Sin certezas, ninguna política económica puede ser eficaz. La guerra desatada sobre Irán también cuestionó una vez más el papel en el orden mundial de Europa. Desde febrero de 2022 es espectador de la guerra rusa contra Ucrania: no ha hecho otra cosa que apoyar militar y moralmente al gobierno ucraniano, aunque sin ningún poder de incidencia para terminar con el conflicto.

El lunes, la alemana Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, el máximo organismo ejecutivo de la Unión Europea (UE), dijo en un discurso ante representantes del bloque que “Europa no puede seguir siendo la guardiana del viejo orden mundial, de un mundo que se ha ido y que no volverá”.

Sin condenar y, de hecho, apoyando los ataques estadounidenses e israelíes sobre Irán, que precisamente atentan contra el derecho internacional, Von der Leyen expresó que la UE debería ir más allá de los análisis y abordar “la realidad de la situación” y “el mundo tal y como es en realidad”.

Esta visión contrastó este martes con los dichos del presidente del Consejo Europeo, el portugués António Costa, quien expresó que en la UE “debemos mantener una política exterior multidimensional, participando activamente con la comunidad internacional para defender los principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional”.

“Nos interesa que el mundo siga rigiéndose por normas y que haya cooperación. Nos interesa evitar una mayor fragmentación global. Esta es la mejor manera de ayudar a Ucrania a lograr una paz justa y duradera. Es esencial para la seguridad y la prosperidad de Europa”, afirmó Costa.

En un discurso en el que puso en valor el papel de la UE como garante del derecho internacional en un momento en el que ese orden mundial está roto tras la guerra en Ucrania, la guerra de Israel en Gaza y el conflicto en Irán, Costa hizo un llamamiento a “hablar con una sola voz para defender sus valores y sus intereses”.

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