Este jueves, con una edición titulada “¿Dónde está la izquierda?”, la revista Nueva Sociedad celebró su acto de relanzamiento en La Huella de Seregni. El tomo aborda las formas de repensar a las corrientes progresistas ante la proliferación de los movimientos de ultraderecha y el auge de nuevos campos de disputa. En este marco, el historiador y jefe de redacción de Nueva Sociedad, Pablo Stefanoni, brindó una entrevista a Paren el mundo de la diaria Radio, en la que abordó los tópicos que hacen a ese debate.
Stefanoni también es autor de diferentes ensayos al respecto, como el libro Un fantasma recorre el mundo, en el que aborda “la máquina de guerra reaccionaria”. El historiador dijo que optó por dicho término dado que refiere a “algo que tiene ese aspecto de algo real y no real”, como ocurre en el caso de las derechas. “Efectivamente, la extrema derecha está ahí y crece en muchos lugares, y también podemos correr el riesgo desde la izquierda de sobreestimarla y pensar que viene una ola que nos va a pasar por encima”, ilustró.
Es así que recordó que las ultraderechas “son derrotables electoralmente”, aunque advirtió que “también es verdad que están tensionando mucho la conversación pública”. En esta línea, otro de los libros de Stefanoni, titulado ¿La rebeldía se volvió de derechas?, explora su “dimensión transgresora”, con énfasis en el movimiento libertario argentino. “Hablar de los libertarios argentinos parecía buscar una pequeña tribu urbana que no tenía ninguna importancia, y bueno, lamentablemente, muchos de esos personajes grotescos o chiflados siguen siendo chiflados, pero están en el poder o en lugares muy importantes en el escenario político”, caracterizó.
Sin embargo, para el historiador no existe “ningún caso exitoso” que permita colocar a las derechas radicales en el centro de “una nueva hegemonía política”. Aunque reconoció un esbozo de ello en el gobierno del expresidente húngaro Viktor Orbán con su “democracia iliberal”, Stefanoni puntualizó que administraciones como la del presidente argentino, Javier Milei, no han podido materializar un “modelo ultraliberal”.
Igualmente, notó que “las extremas derechas son muy distintas y no siempre se coordinan tanto”, y descartó la concepción de “la batalla cultural reaccionaria como una especie de sala de máquinas con un villano apretando botones”. En su lugar, explicó que dichos movimientos logran instalarse en el discurso público mediante diferentes actores, entre los que identificó a los influencers como “muy importantes”.
“Todo eso conforma un escenario en donde se combate al progresismo todo el tiempo, se lo baitea, como se dice en Internet”, describió el historiador. Acotó que esto se manifiesta en el ámbito de los valores, pero también “en los términos de la sociedad”, con expresiones de “defensa de la desigualdad”, que pasan de una oposición a la redistribución de la riqueza a “un discurso racista permanente”.
La necesidad de abordar las redes sociales y “conectar de nuevo” con la clase trabajadora
En la entrevista también se abordaron los recursos con los que cuenta la izquierda para detener la avanzada de los movimientos reaccionarios, y Stefanoni postuló un caso exitoso en la campaña del alcalde de Nueva York, el socialista del Partido Demócrata Zohran Mamdani. El historiador dijo que Mamdani no solo “es muy carismático”, sino que además desarrolló “una campaña ultraprofesionalizada en términos de cómo concebirla”, y que también se vinculó con las redes sociales. “La idea de jugar en ese terreno es importante”, apuntó, aunque alertó que “la izquierda debería tener un límite moral de no caer en la misma cosa” que la ultraderecha.
Asimismo, sin perjuicio de ello, sostuvo que los movimientos de izquierda deben “reconectar” con “los sectores de clase trabajadora”. “La derecha instaló una idea muy fuerte de que el progresismo ahora es la élite, la élite es progresista, y que la derecha representa a la gente común, y me parece que en muchos países eso funcionó”, lamentó. Para Stefanoni, que reconoció que el “enojo con la clase política” supone un problema, “una forma de reaccionar también es conectar de nuevo con una clase trabajadora que ya no es la vieja clase obrera blanca [y] masculina”.
De todas formas, y luego de que se le preguntara por posibles estrategias concretas, el historiador dijo desconocer si hay una única forma: “Creo que también es una cosa de prueba y error, de decir quizás hay contexto donde sirve [y] contexto donde no”, sostuvo. Así, evaluó: “Es un debate parecido en términos de decir: ‘Bueno, ¿cómo enfrentamos esto?’ Y en verdad, depende del país y el momento: hay lugares donde de pronto funciona una especie de alianza democrática amplia y otros donde ya no funciona porque eso se agotó”.
“Creo que es difícil pensar una receta que sirva para todos lados. Después de que ganó Mamdani, toda la izquierda andaba buscando por todos los países cuál es el Mamdani. [...] No es cuestión de copiar ahí porque, bueno, además las culturas políticas son diferentes”, consideró. “No sé si hay una receta; seguramente hay gente más competente para dar consejos concretos”, concluyó.