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Luiz Inácio Lula da Silva durante la 81ª Asamblea General de las Naciones Unidas, el 22 de setiembre, en la sede de la ONU en Nueva York.

Foto: Angela Weiss, AFP

Lula ante la Asamblea General de la ONU: “Las concesiones a la ley del más fuerte han superado todos los límites”

El presidente de Brasil dijo que el organismo “debe concentrarse en cuestiones que son cruciales para el futuro de la humanidad” e instó a la comunidad internacional a “redescubrir la voluntad política” para enfrentarlas.

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El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, advirtió este martes ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que el organismo atraviesa “el momento más crítico” de su historia y llamó a “redescubrir la voluntad política” para hacer frente a los principales desafíos contemporáneos.

Es la décima oportunidad en la que Lula expone en la Asamblea General y, como es de estilo, el brasileño fue el primer mandatario en la lista de oradores, luego de que tanto el secretario general de la ONU, António Guterres, como el presidente de la Asamblea General, Khalilur Rahman, brindaran sus discursos de apertura.

Dado que el mandato de Guterres concluye este año, Lula le dedicó unas palabras como “testigo directo de los excesos de las superpotencias”. “El sentimiento que me mueve hoy es el de la indignación: la ONU está fracasando en una de sus misiones más importantes”, aseveró, al tiempo que lamentó que “su credibilidad jamás ha estado tan baja” y “su capacidad para proteger a los más vulnerables [...] jamás ha sido tan débil”.

Lula definió el derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU como el “pecado original” que “concedió a las grandes potencias el lujo de mostrarse insensibles”, y sumó a este “una profunda crisis de liderazgo”. Así, afirmó que “las tensiones geopolíticas amenazan con transformar los conflictos regionales en una conflagración de proporciones globales”, y denunció que “las concesiones a la ley del más fuerte han superado todos los límites”.

El mandatario remarcó que “la guerra no es la continuación de la política por otros medios, sino que es el colapso total de la política”, y afirmó que, “en un mundo independiente, liderar es conciliar los intereses de la nación con los de la humanidad”. En ese sentido, celebró algunas de las decisiones adoptadas recientemente por la Asamblea General, entre las que incluyó la de “corregir” una “distorsión histórica en el mapa mundial” y calificar “la trata de estados esclavizados como el crimen más grave”. Afirmó que el órgano “ahora debe concentrarse en cuestiones que son cruciales para el futuro de la humanidad”.

“Estamos llamados a elegir entre el multilateralismo o el unilateralismo; entre la democracia o el extremismo; entre la soberanía o la subordinación. Estas elecciones exigen valentía, voluntad política y claridad de objetivos”, enunció, para destacar al ex primer ministro israelí Isaac Rabin y a quien fuera líder palestino Yasser Arafat como “estadistas” que “desafiaron el pasado para imaginar un futuro de paz”. Contrastó ese momento con la realidad actual, en la que “el odio acabó derrotándolos” y “generaciones de palestinos llevan consigo el dolor y el trauma que ha dejado el genocidio de mujeres y niños perpetrado por el gobierno de [Benjamin] Netanyahu en Gaza”, al tiempo que “los civiles israelíes pagaron el precio del radicalismo y la intolerancia de los actos terroristas de Hamas”.

El presidente de Brasil repudió los intentos por “silenciar” a la relatora especial de la ONU, Francesca Albanese, “por decir la verdad”. También sostuvo que “los asentamientos ilegales en Cisjordania” vuelven “cada vez más inviable la solución de los dos estados, esencial para que israelíes y palestinos vivan en seguridad”, y reparó que “amenazar a las civilizaciones con la extinción no traerá la estabilidad a Oriente Medio”, en una clara alusión al presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Justamente, con respecto al accionar de Trump, Lula dijo que si bien “la proximidad geográfica a la mayor potencia militar del mundo es un hecho ineludible” dentro de “un contexto de renovadas tentaciones hegemónicas”, la realidad es que “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”, por lo que apuntó a construir “una agenda positiva que fomente el desarrollo”.

“Las diferencias ideológicas no deberían obstaculizar una mayor integración entre vecinos: los países de la región han sufrido los horrores de regímenes autoritarios y han recorrido un largo camino para restablecer la voluntad popular”, resumió.

Lula calificó las acciones que buscan “dividir el mundo en zonas de influencia”, sumadas a “las incursiones neocoloniales en busca de recursos estratégicos” como “gestos anacrónicos”, y llamó a resolver las dificultades que se presentan en la región, en países como Venezuela, Nicaragua, Haití y Cuba. “No necesitamos portaaviones vigilando nuestras aguas; necesitamos cooperación para bloquear el flujo de armas y dinero que alimenta al crimen”, elementos que aseguró que forman parte del “espíritu” de una propuesta entregada al presidente de Estados Unidos.

De igual manera, el mandatario emitió una advertencia con respecto a la “erosión” de “los pilares del multilateralismo”, con organismos como la Organización Mundial del Comercio, la Organización Mundial de la Salud y “la respuesta al cambio climático” como principales perjudicados, y llamó a “retomar la ofensiva e infligir una derrota al negacionismo” que opera contra ellos. Además, consideró que “no abordar el reto de regular la inteligencia artificial” sería “una omisión histórica”, y cargó contra el “puñado de tecnooligarcas” que “quieren resucitar una versión del ultraliberalismo digital sin normas ni transparencia”.

“Existe un legítimo deseo de cambio en todo el mundo; pero cambio no es lo mismo que dar un paso atrás. No se trata de quitar derechos, no se trata de resucitar teorías de supremacía racial o de sometimiento de la mujer. No se trata de recolonizar el Sur global: el cambio significa avanzar hacia un futuro más participativo y con más logros”, aseveró. Es así que advirtió que, de cara a las elecciones nacionales en el país vecino, su pueblo no permitirá “que los enemigos de la democracia, sean nacionales o extranjeros, socaven la voluntad popular”. “Brasil sigue siendo un país soberano; nadie nos desviará de este camino”, remarcó.

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