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Universidad Nacional de Educación: el nudo del cogobierno y la transición

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Desde 2006 está propuesta la creación de una Universidad Nacional de Educación (Uned) que integre todas las instituciones de formación de docentes y educadores que dependen del Consejo de Formación en Educación (CFE), que depende a su vez del Consejo Directivo Central (Codicen) de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP).

No reiteraré las múltiples razones por las cuales resulta necesario dar este paso para mejorar y sostener la fuerza y el nivel de la educación pública del país. Solo me referiré al punto que es el “nudo gordiano” que ha impedido la aprobación en el Parlamento de una ley que cree una Uned como ente autónomo: el cogobierno.

En su artículo 202, la Constitución establece que los nuevos entes autónomos deban ser creados por dos tercios de los votos de ambas cámaras, lo que explica el fracaso de dos proyectos anteriores para la creación de la Uned. Su aprobación en la presente instancia requiere serenidad, voluntad de aprobar este instrumento y capacidad y ductilidad en el diálogo para superar el núcleo de la discrepancia.

El cogobierno

El Poder Ejecutivo elevó al Senado un nuevo proyecto de ley de la Uned, que se está considerando en la Comisión de Educación y Cultura. El conflicto se centra en que el proyecto propone un Consejo Directivo Nacional (CDN) integrado por los tres órdenes clásicos de las universidades: docentes, estudiantes y egresados. Se sabe que varios parlamentarios querrían que ese órgano se integre con una mayoría designada por el Poder Ejecutivo y representantes de algunos órdenes en minoría.

Dado que el proyecto prevé que las delegaciones de los tres órdenes sean elegidas a nivel nacional por sistemas de listas y representación proporcional, en elecciones controladas por la Corte Electoral, parece obvio que no es cuestionable en su carácter democrático. Incluye, además, vocación, conocimiento y experiencia en el campo educativo. Entre docentes, estudiantes y egresados corren diversidad de opiniones educativas, donde sus mayorías, minorías y cambios de opinión dialogan permanentemente. También lo hacen los diversos pensamientos, militancias políticas o sindicales y muy distintos intereses. Todo eso es fuerte garantía de pluralismo. Además, ninguno de los tres órdenes tiene mayoría por sí mismo.

Por lo tanto, no es razonable sostener que ese tipo de gobierno dependa de sindicatos o corporaciones, o que defienda intereses espurios. Tampoco creo que haya sido un error organizar así la Universidad de la República (Udelar) en cuyos profesionales confiamos el cuidado de la salud, la construcción de nuestras casas, la Justicia, la administración, entre otros campos. Seguramente, el cogobierno no hará peores a los maestros, profesores y educadores, a los que confiamos la educación de nuestras nuevas generaciones.

Ya José Pedro Varela sostenía que asegurar la continuidad educativa más allá de los avatares políticos era una necesidad de la educación pública. También eso garantiza el nivel académico, científico y técnico de nuestra formación.

La oposición al cogobierno

Sin embargo, la creencia de que el cogobierno es un daño está sinceramente arraigada en suficientes parlamentarios que tienen el poder de dejar las cosas como están. Ellos preferirían que, con venia del Senado, el CDN fuera formado por el gobierno de turno, sin representantes de la oposición, y una minoría de docentes y estudiantes, con exclusión de los egresados.

Resulta pertinente preguntarse qué significa “autonomía” durante el prolongado período de instalación de una universidad que comienza con su -o sus- Consejo Directivo Nacional gobernado mayoritariamente por personas designadas por el Poder Ejecutivo.

Aunque parezca que ambas posiciones podrían encontrar una “solución intermedia”, que permitiera tener una Uned autónoma en vez de un CFE en dependencia absoluta de la ANEP, esto no ha sido así. No puede descartarse que, en realidad, no haya voluntad política de crear una Uned autónoma. Entretanto, en el sistema actual los roces entre la ANEP (política) y el CFE (político del mismo signo) están a la orden del día y en constante conflicto con estudiantes y docentes, generando un malestar constante.

El proyecto de ley de creación de la Uned

El proyecto de ley remitido por el Poder Ejecutivo al Parlamento plantea que el CDN de la Uned “estará integrado por tres docentes, uno de los cuales será el rector, dos estudiantes y dos egresados” electos por sus pares. Sin embargo, en sus disposiciones transitorias establece que la primera integración del CDN será provisoria y que sus integrantes serán “tres miembros designados por el Poder Ejecutivo, previa venia de la Cámara de Senadores; un representante por el orden docente y un representante por el orden estudiantil”, electos “con intervención de la Corte Electoral”. “Permanecerán en sus cargos hasta tanto sean designados quienes les sucedan” y, si ello no ocurre antes del 1º de marzo de 2030, “el Poder Ejecutivo enviará nueva solicitud de venias, así como pasados los cinco años de la elección del representante docente y de dos años y medio en caso de la representación estudiantil se procederá a la convocatoria de nuevos”, completa el texto

El problema no es que exista una autoridad transitoria distinta del gobierno definitivo. El problema es qué atribuciones se le conceden a esa autoridad provisoria: que -al designarse como primer CDN- se entiende que tiene todas las competencias del CDN definitivo. Además, para constituirse requiere elecciones y designaciones, lo que requeriría un preprovisoriato que no se define en el proyecto. Por su parte, es necesario determinar quiénes pueden ser electores y elegibles como “egresados”. Entiendo que la ley debe establecer que el “orden de egresados” debe estar integrado por los egresados de las instituciones que integran el CFE, que se reciban durante el período de transición y quienes egresen de la Uned.

En particular, resulta pertinente preguntarse qué significa “autonomía” durante el prolongado período de instalación de una universidad que comienza con su -o sus- CDN gobernado mayoritariamente por personas designadas por el Poder Ejecutivo. En mi opinión, el provisoriato debería quedar a cargo del actual CFE, solo para hacer las elecciones necesarias del primer CDN definitivo, asegurar la continuidad y mejora de servicios y transferencia de bienes, con un plazo más breve que el previsto por esta ley.

Prospectivas y expectativas

Como dije, me limito al tema de la integración del CDN, sin abrir opinión sobre otros importantes aspectos del proyecto. No veo problemas insalvables para buscar soluciones intermedias sobre la base de un cogobierno. Sus sesiones serán abiertas al público -transmitidas por internet o con versiones escritas accesibles-, lo que permitirá el “control” ciudadano. También parecería aceptable algún delegado (sin o con voto) del poder político que sería quizás un aporte suficiente para tener una relación fluida entre el nuevo ente y el gobierno de turno.

No es razonable, sin embargo, que la mayoría de cada gobierno tenga la mayoría en el CDN, sin representación de la minoría política ni del orden de egresados. Los parlamentarios y el presidente han sido votados para cumplir su rol específico, que no es el de educar, y deben respetar la autonomía de la educación.

La cuestión, entonces, no es solo crear una Uned, sino decidir si queremos que pase a ser una institución realmente autónoma de todo poder, que tenga “la más amplia autonomía”, como dice el proyecto de ley. Si estamos hablando de una universidad autónoma, veamos qué autonomía tiene realmente durante el proceso mediante el cual se constituye.

Mauricio Langon es profesor de Filosofía egresado del IPA, actualmente jubilado.

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