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Ilustración: Federico Murro

El método Trump

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Mientras escribía esta nota, el mundo esperaba en vilo para saber si Donald Trump lanzaría nuevos y peores ataques contra Irán, cuyas consecuencias eran imprevisibles. El presidente de Estados Unidos dijo el sábado que las autoridades iraníes tenían plazo hasta hoy, martes, para permitir el tránsito sin restricciones por el estrecho de Ormuz, y que si no lo hacían iba a ordenar la destrucción de infraestructura en gran escala, con enormes perjuicios para la población civil. “Todo el país puede ser arrasado en una noche –dijo ayer–, y esa noche podría ser mañana mismo”.

Fue una amenaza desembozada de cometer crímenes de guerra, sin alegar siquiera que estuviera en juego algún perjuicio directo para Estados Unidos (cuya economía no depende de la producción petrolera que pasa por Ormuz). Cuando Trump inició esta guerra, el 28 de febrero, su declaración de objetivos fue confusa y contradictoria. A esta altura, y ante una resistencia que nada indica que esperara, parece que su principal afán fuera ponerle fin al ataque disimulando que no fue capaz de triunfar, y que en cambio empeoró la situación.

Los antecedentes no ayudan a prever un desenlace. Desde su asunción hace poco más de 15 meses, Trump ha lanzado agresiones militares directas contra siete países: Somalia, Irak, Yemen, Irán, Siria y Nigeria en 2025; Venezuela e Irán de nuevo este año, sin contar su apoyo a fuerzas combatientes (especialmente las israelíes) en otros escenarios, o el bloqueo petrolero contra Cuba impuesto por medios militares. En varias ocasiones amenazó con ataques que no llevó a cabo, pero también atacó varias veces por sorpresa en medio de negociaciones. Y, por supuesto, en su campaña electoral prometió no involucrar a Estados Unidos en más guerras. El bluff y los golpes por la espalda son parte de su método.

Malas artes

En noviembre de 1987, mucho antes de que Trump se presentara por primera vez como candidato, se publicó el libro El arte de la negociación, con su firma y la del periodista Tony Schwartz (quien aseguró luego que él lo había escrito por completo). El texto propone procedimientos para ser un ganador en los negocios, presentándolos como si hubieran hecho rico al actual presidente y obviando que aprovechó la fortuna de su padre.

Trump sigue vanagloriándose de su presunta destreza en ese terreno, sin mencionar que seis empresas suyas se declararon en quiebra de 1991 a 2009, y que varios de sus proyectos, sin llegar a ese punto, fueron grandes fiascos.

Hay que tener en cuenta que las actividades económicas de Trump se han orientado muchísimo más a maximizar su lucro que a construir sistemas productivos estables. Con la premisa de acumular poder en una competencia despiadada, en la que todas las alianzas son transitorias, el “arte de la negociación” es obtener ventajas en cada coyuntura, y la capacidad de engañar se considera un talento indispensable.

En el libro se destaca la conveniencia de manipular a los medios de comunicación. “Una cosa que he aprendido sobre los periodistas es que siempre están ávidos de una buena historia, y cuanto más sensacionalista, mejor... La cuestión es que, si eres un poco diferente, un poco extravagante, o haces cosas audaces o controvertidas, van a escribir sobre ti”, se afirma, y exagerar es “una forma muy efectiva de promoción”.

“Más que cualquier otra persona que haya conocido –dijo Schwartz en 2016–, Trump tiene la capacidad de convencerse a sí mismo de que cualquier cosa que diga en algún momento es cierta, o más o menos cierta, o al menos debería ser cierta”.

La escalera del caos

Trump se ha involucrado sin pausa en conflictos dentro y fuera de su país. Estos conflictos, potenciados por un uso intensivo, agresivo y falaz de los medios de comunicación presidenciales, comparten dos características alarmantes: ninguno de ellos se puede considerar resuelto y todos socavan el orden institucional previo, por sí mismos y por acumulación.

A esta altura, queda claro que los efectos disruptivos no son colaterales o indeseados. Las reglas de juego tradicionales eran obstáculos a superar, y Trump las ha violado para demoler su vigencia y ganar margen de maniobra, instalando una situación caótica en la que solo importe su voluntad.

En el manejo de la fuerza militar, el vaivén continuo de Trump entre los ataques y las amenazas es el típico de una conducta terrorista, que también adopta en el comercio internacional. Desprecia los acuerdos y utiliza los aranceles como herramientas políticas de chantaje o de castigo.

En Estados Unidos ha intentado, casi siempre con éxito, desbaratar el equilibrio de poderes, que debería impedirle adoptar en forma unilateral las medidas antedichas y muchas otras. Entre ellas, las de persecución violenta a la población inmigrante y a quienes traten de protegerla, mediante una milicia que arrasa con los derechos humanos (incluyendo el derecho muy básico a no ser asesinado).

Todo esto reproduce y potencia prácticas de Trump como empresario, de las que se jacta desde hace décadas. En sus pequeñas manos está la vida de millones de personas.

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