Letras de canciones envueltas en poesía contestataria, irreverente y justiciera, letras que calan profundo como un legado, como una lealtad ciega movilizada por lo emotivo. Letras que aparecen desde la profundidad de las noches más oscuras del alma, prometiendo renaceres que nos salvarán: “Cuando la noche es más oscura se viene el día en tu corazón”.
Cada palabra, cada nota nos llama y nos agrupa. Allá vamos por obediencia, como quien responde a su nombre cuando lo llaman, porque en definitiva es tan simple como eso. El Indio Carlos Alberto Solari nos habló a todos y todas, a los rotos, a los depresivos, a los chorros, a los faloperos, a los que buscaban respuestas, a los que se animaban a cuestionarlo todo e incluso a aquellos que nunca fueron nombrados, por encontrarse sumidos en las más profundas desigualdades sociales. “Dios los cría y el viento los amontona”; las misas ricoteras son esto, el encuentro con el otro para corear, para hacer el pogo más grande del mundo, pero también para transitar lo emotivo, lo que nos identifica, lo que nos atraviesa, y ahí, sin saberlo, en el “montón”, se mece el ritual de saberse con un otro y finalmente, como “buen humano”, sentirte parte de una manada.
El Indio nos habló a todos y todas, a los rotos, a los depresivos, a los chorros, a los faloperos, a los que buscaban respuestas, a los que se animaban a cuestionarlo todo e incluso a aquellos que nunca fueron nombrados.
La orfandad de las juventudes y adolescencias en sus épocas más oscuras, cuando la Patria y el Estado les sueltan la mano, cuando no se puede decir lo que se piensa y habrá que diseñar una exquisita metáfora para cantar en voz alta manifiestos de rebeldía y resistencia. Y también, en un lenguaje liso y llano, desnudar las penas de los vulnerados, de los caídos en las márgenes, de aquellos a los que nadie ve y de cuyo dolor nadie se hace cargo.
Entonces, ¿qué lugar queda para el distinto? ¿Quién va a empatizar y poner música a las vidas olvidadas, las otredades petrificadas y condenadas por el orden social, por el capital? ¿Quién va a desafiar ahora al statu quo?
¿Cuántos pabellones séptimos serán narrados para que otros entiendan el infierno que se vive en las cárceles? ¿Quién nos hablará de la cultura nike para entender a los pibes chorros y comprender cómo se construye identidad en la etapa adolescente cuando una sociedad está atravesada por la violencia y la desigualdad? “Vas corriendo con tus nikes y las balas van detrás. Lo que duele no es la goma, sino su velocidad”.
Todas estas líricas fueron bocetos de juicios penales, análisis sociológicos, oraciones encabezando tesis de grado; fueron inspiración y pusieron en palabras problemáticas sociales atravesadas por la vulneración de derechos, por la exclusión, por un sistema capitalista que daña vidas y reproduce desigualdades. No lo digo yo, lo dijo el Indio: “Yo sigo creyendo en la utopía, porque el día que dejemos de creer que el mundo puede ser un lugar más justo, ganaron los peores”.
El rol de la cultura, de la expresión, del arte en la vida de los más jóvenes, encuentra en cada cuerpo encarnado un lienzo para intervenir, pero ¿qué pasa cuando las canciones son cada vez más absurdas, menos políticas, menos contestatarias y menos reflexivas? ¿Cuántas veces el Indio nos habló al oído, nos reconoció y nos dio un lugar en este plano? ¿Quién lo va a hacer ahora?
En una cultura en la que hoy está jerarquizada la disyunción “es esto o lo otro”, el Indio supo poner un pensamiento más cercano a la conjunción “esto y lo otro”, puso a dialogar, integró, leyó una cosa al lado de la otra, promoviendo el pensamiento crítico y no verdades absolutas, incentivando la unidad, la integralidad y la participación.
Frente a una sociedad cada vez más endógena, superficial y carente de solidaridad y empatía, quizás a través del arte y la cultura podamos desarrollar una forma emotiva y expresiva de encontrar nuevas maneras de habitar, de hacer red, de cuestionar, resistir y construir otras realidades posibles.
La utopía sigue, porque “donde hay dolor, habrá canciones”. Adiós al poeta de lxs rotxs.
Ximena Giani es operadora social y activista en derechos humanos.