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Ilustración: Ramiro Alonso

La decisión de la “Coalición Republicana” de no votar la Rendición de Cuentas: intempestiva y poco inteligente

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El 9 de julio, en una conferencia de prensa, tres partidos que se autodenominan integrantes de la Coalición Republicana1 (Partido Nacional, Partido Independiente y Partido Colorado) anunciaron que no votarán en general el proyecto de Rendición de Cuentas remitido por el Poder Ejecutivo.

Como de la mayoría de los hechos o sucesos políticos que atraviesan a una sociedad, de esta decisión se pueden hacer varias lecturas. Me concentraré en algunas que, entiendo, nos pueden ayudar a comprender de mejor manera una decisión que está marcada por el arrebato de la construcción de una oposición acérrima y por tener a 2029 más presente de lo que deberían (es obvio que todos lo tienen, incluso el oficialismo), pero no de forma estratégica.

Empecemos por el principio. El momento en que se presenta la Rendición de Cuentas siempre es una instancia de alta visibilidad para el oficialismo. A este oficialismo, particularmente, le ha costado salir de una posición reactiva o a la defensiva. Golpeado por los resultados de las encuestas de opinión pública que, lejos de mejorar medición tras medición, parecieron marcar un piso de descontento en junio,2 la instancia de presentación del proyecto de Rendición de Cuentas se presentaba como una oportunidad para: 1) corregir el error original de querer presentar un proyecto de Rendición de Cuentas con gasto 0; 2) relanzar el gobierno en función de medidas de impacto relativamente rápido (aumento de transferencias para determinados quintiles de la población, por ejemplo); y 3) instalar la idea de conexión entre las demandas ciudadanas sobre áreas de preocupación y los esfuerzos de un gobierno asediado por el estancamiento económico y la inestabilidad –política y económica– internacional. Esto último se aprecia cuando se analizan las áreas priorizadas y sus respectivas reasignaciones (primera infancia, seguridad y educación) y los videos que siguieron al del presidente Yamandú Orsi explicando la orientación del proyecto de rendición.

Fue muy poco el tiempo que pasó entre que el Poder Ejecutivo presentó el proyecto y los partidos Colorado, Independiente y Nacional decidieron no apoyarlo en general. Leer un proyecto como el de la Rendición de Cuentas, considerar sus impactos (más allá del gasto económico), sopesar su congruencia interna, identificar dificultades de implementación, así como espacios o temas de potencial acuerdo, me temo que insume más tiempo. El trabajo legislativo exige seriedad y responsabilidad, algo que no parece desprenderse de la declaración de Andrés Ojeda: “No aprobaron el examen, se fueron a febrero”. Como chiste es pésimo, porque las rendiciones de cuentas no son un examen que dan los oficialismos, pero es mucho peor si se toma en cuenta que lo expresa un excandidato a la presidencia de la República.

¿Cuál es el juego que están queriendo instalar los mencionados partidos de la oposición? ¿Qué buscan, concretamente, más que caldear un ambiente que ya viene complicado? ¿Cuál es el objetivo que persiguen? Preguntas que solo el tiempo podrá responder.

Los vínculos oficialismo-oposición en sistemas presidencialistas no han sido lo suficientemente abordados porque, digámoslo directamente, la caída del presidente no depende del Parlamento. Sin embargo, en esta legislatura el foco en la actividad del Parlamento es más evidente porque, al carecer de mayorías absolutas en la Cámara de Representantes, el Frente Amplio tuvo que aprender a negociar durante 2025 y lo hizo con éxito. Consiguió los votos para aprobar la Rendición de Cuentas de 2024 y aprobar su Ley de Presupuesto. Lo hizo con un protagonismo evidente del Poder Ejecutivo en el proceso de negociación, construyendo alianzas, zurciendo pactos e intercambiando los recursos que se ponen en juego en cada proceso de negociación. De eso se trata la política. De negociar. Ahora bien, el Frente Amplio se aprovechó de dos debilidades de los partidos de la oposición: la ausencia de una mesa de coordinación para las actividades legislativas y las claras divergencias ideológicas que tienen entre ellos. Y para llevar al punto máximo su capacidad de negociación, se valió de los votos de Cabildo Abierto, que, a sabiendas de cuánto valen sus votos, desplegó todo su poder de chantaje.

¿Cuál es el juego que están queriendo instalar los mencionados partidos de la oposición? ¿Qué buscan, concretamente, más que caldear un ambiente que ya viene complicado?

La última decisión de los partidos de la oposición no se entiende porque estamos, todavía, en el momento en que los partidos cooperan en términos legislativos porque necesitan reclamar para sí el rédito de los resultados de las iniciativas aprobadas, principalmente los diputados de distritos pequeños. Aunque no solamente ellos. Los senadores con ambición de cargos ejecutivos también saben que hay momentos para colaborar. Por eso, esta decisión de los partidos se trata mucho más de una voltereta discursiva que de un hecho político en sí: saben que el Frente Amplio contará con los votos necesarios para la votación general y esperan sacar su rédito político de la discusión política en particular. No son tan duros como parecieron en la conferencia de prensa.

Lo interesante, de aquí en más, es considerar dos aspectos. Por un lado, si todos los sectores dentro de los partidos políticos que impulsaron esta medida tienen la misma opinión y, por otro, cuánto influyó el llamado del expresidente Luis Lacalle Pou, como sucedió en el caso de la Junta Departamental de Montevideo,3 para ordenar el trabajo legislativo. Si esto es así, si los legisladores de todos los partidos están tributando al deseo de Lacalle Pou, flaco favor se le hace al Partido Colorado no ojedista, por ejemplo. Aún queda mucho tiempo para plegarse a la identidad del Partido Nacional de cara a 2029. Todavía algunos sectores pueden cultivar su propia agenda y trayectoria partidaria, claro está, si les interesa.

Por último, esta decisión, desde mi punto de vista, se basa en una pésima lectura de la realidad política del país. A los partidos de la oposición tampoco les va bien en las encuestas como para ponerse en rol de “bloqueador serial”.4 Las valoraciones de la opinión pública respecto de su desempeño distan mucho de un buen rendimiento. Los ciudadanos están bastante hartos de la contienda cotidiana, del choque. Aunque les rinda en la lógica del algoritmo en que parecen moverse algunos legisladores, y replicados por medios de comunicación, los ciudadanos todavía celebran los acuerdos entre políticos. Deberían aprovechar esa pequeña rendija que aún existe.

La estrategia de quién asusta más, de quién hace la declaración más rimbombante, de quién se convierte en meme, de quién es viralizado, es, lisa y llanamente, una tontería. Política menor. Barata. Y esto vale para los partidos de la oposición y para el oficialismo. Una lástima perder otra vez la oportunidad de salir del clima electoral.

Camila Zeballos es politóloga e integra el Equipo del Programa de Estudios Parlamentarios.


  1. Es imprescindible insistir en que la Coalición Republicana no existe como etiqueta electoral a nivel legislativo. Puede, no obstante, ser una identidad partidaria a la que tributan con mayor intensidad algunos legisladores o referentes de los partidos mencionados. Sin embargo, la ley de partidos políticos en este país es clara y para competir electoralmente tiene que existir un lema registrado. A nivel nacional tal acto administrativo-institucional no existe. Sí en algunos departamentos del interior del país. 

  2. De acuerdo con los datos publicados por la empresa consultora Factum el 1° de julio, la aprobación del presidente Yamandú Orsi en el tercer bimestre de 2026 presentaba un nivel de aprobación del 24%, la desaprobación alcanzaba el 56% y quienes no aprobaban ni desaprobaban llegaban al 20%. Es decir, el gobierno enfrenta un saldo negativo en la aprobación de la gestión del presidente. La caída de la aprobación y el aumento de la desaprobación sistemático se explica por dos fenómenos: las caídas de aprobación entre votantes de los partidos de la oposición –algo esperable– y, en las últimas dos mediciones, también por caídas similares en la aprobación entre quienes votaron al Frente Amplio en las elecciones de octubre de 2024. Algo menos esperable, pero que encuentra respaldo en algunas decisiones políticas y errores del presidente. Más detalles se encuentran en https://portal.factum.uy/analisis/2026/ana260701.php 

  3. Según informó Búsqueda, en junio Lacalle Pou mantuvo una reunión informal con Álvaro Delgado, presidente del directorio blanco, los senadores Javier García y Martín Lema (además estaba Luis Alberto Heber, integrante del directorio y líder de la lista 71). En el encuentro habría expresado cierta molestia con la conducción del Partido Nacional y la articulación de la militancia territorial. Es esperable que se hayan abordado otros temas también. 

  4. En mayo de 2026, el 46% de los uruguayos rechazaba la actuación de la oposición y solo el 19% la respaldaba. 

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