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Llama un resplandor en el Parque Rodó y en el barrio Peñarol

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Ampliación del Parque Rodó

No hay argumentos racionales para mantener vedada a la ciudadanía el área del Club de Golf del Parque Rodó. Actualmente, quienes no son socios solo pueden acceder al predio los domingos y con restricciones, como no llevar mascotas ni pelotas, reñidas con las costumbres de uso de los espacios públicos de toda la ciudad.

En mayo de 2024, la diaria publicó un artículo de Santiago López Cariboni que postulaba la incorporación del Club de Golf al Parque Rodó conformando un solo espacio público, el primero en plantear el tema públicamente. El presente artículo retoma esa idea y realiza una propuesta concreta.

El Parque Rodó se extiende sobre 43 hectáreas y el Club de Golf en 39; por tanto, al conformar una sola área tendríamos un parque público de 82 hectáreas. La tierra del club es propiedad de la Intendencia de Montevideo (IM). El Club de Golf, institución privada sin fines de lucro, la usufructúa a través de un comodato precario con el correspondiente pago de un canon al ejecutivo departamental, todo aprobado por la Junta Departamental de Montevideo.

Para llevar adelante esta propuesta de manera prolija, atendiendo a todos los intereses —los del conjunto de la ciudadanía y los de la institución deportiva—, el Club de Golf puede mudarse a otro predio de la intendencia, en la zona rural, concretamente en Punta Yeguas, donde el organismo de gobierno departamental es titular de un terreno de 113 hectáreas que no tienen uso. De ellas, podría ceder jurídicamente 39 en comodato al club.

Para no avasallar, respetar y valorar el trabajo sobre el predio del golf que realizó el club, la iniciativa debería transcurrir sobre los siguientes criterios prácticos: se define el proyecto, se le da sanción jurídica en el deliberativo de la capital, estableciendo que, a partir del día de la sentencia, el club tendrá un lapso de 15 años para concretar la mudanza y por ese período no pagará canon, a fin de favorecer la inversión en el acondicionamiento del nuevo parque de juego, porque todo esto lleva tiempo y dinero.

No hay argumentos racionales para mantener vedada a la ciudadanía el área del Club de Golf del Parque Rodó.

Cabe mencionar que existe un club de golf en la zona rural de Montevideo, de 60 hectáreas, en Punta de Lobos. El área también es propiedad de la IM y está muy próxima a la de Punta Yeguas. Por tanto, ya existe un grupo de ciudadanos que se trasladan a esa zona del departamento para practicar el juego. La nueva sede para el club de Punta Carretas equipararía en tiempo de traslado a sus socios y los del club del Cerro.

La razón urbanística para la medida es que Montevideo no cuenta con áreas significativas de verde, como sí sucede en muchas ciudades del mundo (por ejemplo, el Parque del Retiro de Madrid tiene 120 hectáreas de naturaleza, muy bien diseñadas). El Club de Golf de Punta Carretas está ubicado en la misma centralidad que el Parque Rodó, muy accesible y concurrido para el esparcimiento. Al Parque Rodó acuden personas de variados niveles socioeconómicos y lugares de residencia.

Una propuesta para Peñarol

En diciembre se posicionó entre los temas públicos el de patrimonio industrial, a partir de la apertura del espacio donde funcionó la Compañía del Gas en la Rambla Sur, lo que llaman Espacio Mauá. No existe en todo el país una herencia de este tipo más importante que la del barrio Peñarol. Ni lo nombrado, ni el Anglo de Fray Bentos, ni Conchillas e Indaré en Colonia, ni Cuñapirú en Rivera, ni Casablanca en Paysandú tienen los componentes que a continuación se mencionan.

Peñarol es de una diversidad propia de lo más rico de los pueblos industriales (factory towns) esparcidos por el mundo en el siglo XIX, emergentes de la revolución industrial inglesa, protagonizada por empresas capitalistas. En un perímetro de seis cuadras se ubican la estación de trenes, ocho residencias del personal de jerarquía (en el origen habitadas por ingleses), dos manzanas con 44 viviendas para personal obrero calificado y los talleres históricos, conformados por mecánica, fundición, aserradero, carpintería, imprenta, almacenes, remesa, oficinas técnicas y de dirección. Además, hay una construcción para el esparcimiento de los trabajadores y una sala de teatro, luego devenida también cine. El conjunto se construyó entre 1890 y 1907, cuando todo era campo, área rural de chacras y huertas con el arroyo Miguelete a flor de tierra, a diez kilómetros de distancia del Montevideo urbano de esa época (Ciudad Vieja, Centro y parte de Cordón).

Todos los inmuebles del casco histórico de Peñarol son monumento nacional, lo que significa una vigencia de protección jurídica. La IM, en acuerdo con AFE, propietaria de los bienes, inició en 2004 las tareas de interpretación, recuperación edilicia, de espacios públicos, musealización y divulgación, tomando como referencia los contenidos de las citas y unos cuantos más, propios de la historia del ferrocarril de Uruguay y del pasado y presente de la localidad. Así se publicó un libro que aborda los legados materiales e inmateriales, la recuperación del edificio de la estación de trenes y, acompañando esta obra civil, la musealización de lo que fue la sala de espera y oficinas originales, equipadas con mobiliario del siglo XIX e instrumentos tales como telégrafos, teléfonos a clave y otros propios de la actividad ferroviaria.

La abandonada plaza central se recuperó con el apoyo del Ayuntamiento de Gijón. Lo mismo se hizo con los dos cottages donde residían el jefe de taller y el de almacenes (inversión de Oficina de Planeamiento y Presupuesto). También se recuperaron el puente peatonal, el abandonado edificio originalmente para uso recreativo de los trabajadores, el Centro Artesano, donde en la actualidad funciona una biblioteca municipal y una sala de teatro y cine restaurada y abierta al público. En uno de los cottages se musealizó una sala de estar (drawing room), que recrea los finales del siglo XIX. Se brindaron de manera sistemática servicios de visitas guiadas durante 2009 y 2017, y se acordó con Secundaria la concurrencia de grupos de liceales (en noveno grado, en la materia Historia, se dicta “revolución industrial”).

Durante más de un año, los sábados y en Semana de Turismo y en el Día de Patrimonio se podía viajar a Peñarol desde Paraguay y Nicaragua, en un tren tirado por una locomotora a vapor de 1920, con dos vagones para 198 pasajeros. A su vez, en temporada de cruceros visitan Peñarol turistas por ese medio de transporte, totalizando unos 25 viajes. Dicho tren es responsabilidad de la Asociación Uruguaya Amigos del Riel.

A la reutilización de capacidades ociosas, como las nombradas, se agrega la instalación de un club de niños del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay en una de las viviendas del personal de jerarquía intermedia. También fue importante la creación de la Sociedad Amigos del Barrio Peñarol, por medio de la que se pudieron concretar muchas iniciativas.

Pero el proyecto está inconcluso. En cuanto a la patrimonialización, resta aún la recuperación de las fachadas de las casas de los obreros, la incorporación del taller mecánico —regularmente abierto a visitas— y la malograda musealización de una de las viviendas de los obreros. También quedó pendiente la formalización jurídica del conjunto como museo del sitio. De manera injusta, arbitraria y sin fundamentos, el poder político-burocrático de las administraciones 2015-2019 y 2020-2024 del Ministerio de Educación y Cultura dejaron de lado el seguimiento de la presentación a la Unesco, realizada en 2012, para obtener la legitimidad de Patrimonio de la Humanidad. Hay que corregirlo.

El ferrocarril sigue en funciones por las vías de Peñarol, como en el origen, brindando servicios diarios de traslado de combustibles (Ancap) y piedra caliza para la elaboración del cemento portland, además de llevar la zafra del arroz desde Lavalleja hasta el puerto, traslado momentáneamente suspendido. Lo mismo sucede en el predio del taller, pues existe un galpón de dimensiones importantes, construido en la década del 80, donde se concentra la actividad de reparación de locomotoras y también la remesa (donde se alistan las locomotoras para entrar en servicio) sigue funcionando con la estructura original.

En las casas de los obreros y del personal de jerarquía e intermedio reside personal en actividad o retirado de AFE; es decir, no solo no hay gentrificación (expulsión de habitantes originales de una zona por cambios en los valores de las propiedades), sino que, tal como sucedía en la época de los ingleses, la relación funcionarios ferroviarios-usuarios de las viviendas sigue vigente. De todas formas, eso ya está en vías de extinción y terminará con la desaparición física de los actuales residentes. Aun así, no habrá gentrificación en sentido estricto, no cambiará el nivel socioeconómico del barrio, ya que este es ocupado por clase media baja y la demanda de vivienda en toda la zona se mantiene en ese segmento.

Para concretar el logro de incorporar el taller se necesita de la voluntad de AFE, con la misma forma de actuar con que lo hizo con los bienes mencionados que fueron traspasados a los gobiernos del territorio, IM y Municipio G. La ley de patrimonio 14.040 obliga, en su artículo 10, a que “los inmuebles propiedad del Estado declarados monumentos históricos y ocupados por reparticiones públicas [sean] conservados mediante la utilización de los recursos propios de tales reparticiones”. AFE no tiene plata, pero sí la propiedad ociosa para que dichas instituciones lo gestionen como parte del acervo patrimonial ya puesto en valor.

Existe un área del taller que está ociosa desde hace más de tres décadas y no hay motivos para que esto cambie. Se ubica sobre la calle Casavalle, entre Walter Scott y hasta 100 metros antes de Coronel Raíz. Son 400 metros lineales a los que se pueden asignar 30 de profundidad, tomando parte del predio del taller. Si se deslindara y creara un nuevo padrón, este tendría una superficie de 12.000 metros cuadrados para edificar viviendas. Si fuesen del tipo de las de Fucvam, podría cobijar entre 50 y 60 unidades. Sería una intervención importante para el barrio, colaboraría a densificarlo, así como a mitigar el extenso y hostil muro que hoy está presente en dicho trayecto.

Para determinar el nuevo padrón no se necesita dinero, es pura gestión, en la que los organismos municipales y departamentales deben tener la iniciativa para resolverlo con AFE y quien se va a beneficiar (Fucvam, por ejemplo).

Para más información sobre la herencia histórica se puede googlear “Barrio Peñarol, patrimonio industrial” y se podrá descargar un generoso librillo, con imágenes y narrado de manera amigable.

Manuel Esmoris es magíster en Gestión Cultural por la Universidad de Barcelona y fue presidente de la Comisión de Patrimonio.

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