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Opinión Posturas

La gobernanza mundial con características chinas

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Fue en marzo de 2013 cuando Xi Jinping, en su primera salida al exterior como presidente de la República Popular China, en un discurso pronunciado en el Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú, presentó su concepción del orden internacional como una Comunidad de Destino de la Humanidad (CDH) donde “en lo tuyo hay algo mío, y en lo mío hay algo tuyo”.

Por más de 2.000 años la perspectiva natural de China fue su dominio sobre Tianxia, un concepto de la doctrina confuciana para la gobernabilidad del mundo. El nombre mismo de China, Zhongguo, o “reino del Medio”, es la expresión más emblemática de una cosmovisión cuyo resultado es un proyecto global que responde a su tradición milenaria.

La concepción global del mundo, la visión de que “el mundo nos pertenece a todos” del CDH es casi tan antigua como la civilización china. Mientras para Occidente el mundo es la suma de las partes o de los estados, China concibe al mundo como un todo.

Desde entonces esta concepción no ha dejado de enriquecerse y desarrollarse, y se convirtió en doctrina para el partido y el Estado desde su inclusión en los estatutos del Partido Comunista Chino (PCCh) en 2017 y en la Constitución de la República Popular China en 2018, así como en resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas durante seis años consecutivos.

“China se opone al hegemonismo y la política de fuerza, defiende la paz mundial y promueve el progreso de la humanidad, a fin de impulsar la construcción de una comunidad de destino de la humanidad y un mundo caracterizado por la paz duradera, la seguridad universal, la prosperidad común, la apertura y la inclusión, y la limpieza y la hermosura”, se lee en el Estatuto del PCCh.

Para el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, “el propósito de nuestra práctica del multilateralismo es construir una comunidad de futuro compartido para la humanidad”. En esta perspectiva, la CDH debe entenderse como la síntesis conceptual de la propuesta de la gobernanza china para un nuevo ordenamiento mundial en el marco de un proceso caracterizado por un creciente protagonismo de Asia Pacífico y de la República Popular, la decadencia relativa y crisis de hegemonía de Estados Unidos y la emergencia de nuevos estados que cuestionan (implícita o explícitamente) el orden mundial establecido y bregan (implícita o explícitamente) por el rediseño de las instituciones de gobernanza global y de los principios y valores que deberían regir las instituciones mundiales y el derecho internacional.

Con un agudo sentido de oportunidad política y diplomática, días antes de la celebración del 105° aniversario del Partido Comunista de China, el Consejo de Estado de la República Popular publicó el 17 de junio el libro blanco titulado “Una gobernanza global más justa y equitativa: principios, propuestas y acciones de China”. El documento de 37 páginas establece la hoja de ruta práctica para materializar el objetivo estratégico chino de la construcción de una comunidad de destino compartido para la humanidad y el vehículo táctico, que detalla cómo reformar el sistema internacional para lograr ese objetivo.

Este libro blanco debe interpretarse como una ampliación y profundización de los alcances de la Iniciativa de Gobernanza Global que el presidente Xi Jinping presentó a sus pares en la reunión de setiembre pasado de la Organización para la Cooperación de Shanghái Pekín, la cuarta columna que sostiene la estrategia internacional del PCCh para el siglo XXI, luego del lanzamiento, a partir de 2021, de las Iniciativas para el Desarrollo Global, para la Seguridad Global y para la Civilización Global.

El documento señala que el sistema de gobernanza actual ciertamente no es perfecto, pero no necesita ser desmantelado ni reconstruido por completo, ni reemplazado por un sistema nuevo. Al contrario, enfatiza que todos los países deben defender el sistema internacional con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en su núcleo y salvaguardar el orden basado en el derecho internacional, así como gestionar los desafíos globales en lugar de imponer visiones unilaterales y hegemónicas dejando a la gobernanza global en una “encrucijada crítica”.

Según el libro blanco, “una determinada gran potencia” (sin nombrarlo, pero en evidente referencia a Estados Unidos) es quien cuestiona la autoridad y la Carta de la ONU; se ha retirado de organizaciones y acuerdos internacionales, ha desfinanciado organismos clave, bloqueado resoluciones del Consejo de Seguridad, y ha paralizado el mecanismo de solución de disputas de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Para la República Popular, estas acciones han alterado gravemente el orden internacional y han causado aún más daños a los mecanismos multilaterales, erosionando la base de confianza en la cooperación internacional.

La República Popular de China busca reformar, no destruir, el orden mundial vigente. Los líderes chinos pretenden reconfigurar las normas dentro de las organizaciones multilaterales existentes (en distintos grados, según el tipo de institución) y aumentar la influencia de China en las instituciones internacionales.

La República Popular de China busca reformar, no destruir, el orden mundial vigente. Los líderes chinos pretenden reconfigurar las normas dentro de las organizaciones multilaterales existentes.

Que una potencia emergente no lo intente sería extraño; así ha sido a lo largo de la historia. Sin embargo, estos esfuerzos no deben interpretarse como una estrategia encubierta para derrocar todo el orden establecido. Entre otras razones, porque China debe gran parte de su crecimiento a su inserción en las instituciones políticas y económicas que sustentan el orden liberal y mantiene en todas ellas una participación protagónica.

Al mismo tiempo que aboga por el fortalecimiento del sistema internacional de posguerra, en lo que algunos autores llaman “estrategia dual” o “dualismo envolvente”, Pekín promueve la creación de un entramado de nuevas instituciones multilaterales (BRICS, Organización de Cooperación de Shanghái, Nuevo Banco de Desarrollo, Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, entre otras) que reflejen el creciente papel de China y de otras potencias emergentes del Sur global, al que el documento le dedica un apartado especial y el texto lo cita 24 veces.

“China siempre será miembro del Sur global, y en el Sur global sus raíces permanecerán. Pase lo que pase en el futuro, siempre tendrá en cuenta el bienestar del Sur global. [...] China ha fortalecido la solidaridad y la cooperación con otros países en desarrollo, salvaguardando firmemente los intereses comunes del Sur Global, y lideró el Sur global en la construcción de fortaleza mediante esfuerzos conjuntos”.

“A medida que el mundo entra en un nuevo período de turbulencia y transformación, necesitamos revitalizar el multilateralismo, defender las normas y el Estado de derecho, y mejorar la eficacia de la gobernanza más que nunca”, afirmó el ministro de Relaciones Exteriores, Wang Yi, al presentar el libro blanco. “El barco de la civilización humana ha entrado en aguas peligrosas con arrecifes ocultos y violentas tormentas”, señala el documento.

El texto enfatiza que el unilateralismo y el hegemonismo solo causan graves daños, pisoteando abiertamente el derecho internacional y las normas básicas que rigen las relaciones internacionales. Al intimidar a los pequeños y débiles y ejercer descaradamente la fuerza contra los estados soberanos, “ciertos países han demostrado priorizar sus intereses nacionales por encima de todo”, aplicando dobles raseros y desafiando la justicia internacional para su propio beneficio egoísta. Estas naciones se unen para formar grupos y bloques exclusivos, incitando a la división y la confrontación y abriendo esferas de influencia hoy en el siglo XXI, como hicieron en siglos pasados. Al hacerlo, se han convertido en la principal fuente de turbulencia.

En un contexto de creciente incertidumbre geopolítica, guerras en Ucrania y Medio Oriente, mientras Washington se retira de sus compromisos internacionales, Pekín se posiciona como un actor clave en un mundo multipolar y ofrece, a través de su Iniciativa de Gobernanza Global, los cinco principios centrales que deberían sustentar las relaciones entre todos los países del mundo: igualdad soberana, respeto por el derecho internacional, multilateralismo genuino, un enfoque centrado en las personas y un compromiso con resultados prácticos.

En uno de los pasajes más relevantes, el libro blanco se pregunta qué tipo de sistema de gobernanza global beneficia al mundo y a todos sus pueblos. “China cree que los asuntos globales deben ser discutidos por todos, el sistema de gobernanza debe ser construido por todos y los resultados del desarrollo deben compartirse por todos”, es la respuesta del libro blanco.

Cuando se le preguntó al presidente estadounidense, Donald Trump (días después de haber secuestrado al presidente de Venezuela), en una amplia entrevista con The New York Times si había algún límite a sus poderes globales, dijo: “Sí, hay una cosa. Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme”.

Daniel Barrios es economista y analista internacional especializado en China, autor del libro Des-cubrir China (Fundación de Cultura Universitaria, 2026).