Vivimos en una época en la que la tecnología avanza tan rápido que no nos da el tiempo de preguntarnos si realmente la necesitamos. En ese contexto, congelar óvulos pasó de ser una estrategia médica para casos muy concretos (previo a un tratamiento de quimioterapia, por ejemplo), a convertirse en algo que toda mujer debería considerar.
Además de la presión milenaria de la maternidad, a este tema se suman la presión de la crisis de natalidad, la presión del mercado y la promesa de que “la tecnología puede ayudarte a ser mamá cuando vos quieras y ¿cómo la vas a desaprovechar?”.
En ese sentido, lo que más me aterra es la minimización de lo que implica este procedimiento para el cuerpo físico, emocional y mental de la mujer: el famoso “poner el cuerpo” tan tremendamente invisibilizado.
Teniendo en cuenta que, en Uruguay, la tasa de utilización de los óvulos congelados es del 11%, creo que la necesidad de estas mujeres tiene más que ver con la ilusión de tener “un plan b por las dudas" y no tanto con llevar adelante una estrategia concreta para postergar la maternidad, y mucho menos con preservar su fertilidad. Hablo de “ilusión” porque ningún procedimiento garantiza un bebé sano en casa: congelar óvulos implica recuperarlos a través de una fecundación in vitro (FIV).
En este artículo me gustaría proponer una serie de preguntas para quienes se están planteando congelar óvulos y no saben cómo decidir, de forma de que puedan aclararse si es una estrategia coherente y útil para su situación personal.
¿Qué onda ser mamá?
Empecemos por el final. Congelar óvulos es una estrategia que tiene como objetivo final la maternidad.
¿Cómo te sentís en relación a ser mamá? ¿Es algo que te emociona? ¿Es algo que te entusiasma? ¿O aparece más la idea de que es una experiencia que “no te podés perder” y por la cual deberías “darlo todo”?
Si la maternidad es un sí en tu vida es importante preguntarse por qué no ha sucedido hasta ahora. Haber llegado a este punto de la vida sin ser madre no es un error ni un olvido. Seguramente tiene que ver con la priorización de otros proyectos a lo largo de estos años y eso merece ser reconocido. ¿Cómo te sentís hoy con esas decisiones? ¿Cómo sería priorizar la maternidad? ¿Te da ganas?
¿Para cuándo?
Ya que congelar óvulos es una estrategia para postergar la maternidad, veamos la cuestión temporal: ¿cómo sería embarazarte ahora? Si la sensación en tu cuerpo frente a esta pregunta es agradable, ya sabés qué hacer.
Si la respuesta es “todavía no”, ¿en cuánto tiempo imaginás que sí vas a querer? Si bien no es predecible, las personas tenemos esa tendencia controladora que, por lo menos, nos ayuda a orientar nuestros proyectos en el tiempo. ¿Hay algún marco temporal en el que te gustaría priorizar tu maternidad? ¿Qué factores te harían sentir pronta? (no existe estar “pronta” para ser mamá, en cualquier caso te va a dar vuelta la vida, pero obviamente ayuda sentirse medianamente pronta).
Si la idea es ser madre dentro de los próximos tres años, no creo que valga la pena congelar óvulos. En principio no debería haber un cambio tan significativo en la calidad ovocitaria durante ese período de tiempo, que es lo que se quiere preservar al congelar óvulos. Y esto me trae, por fin, a lo que realmente importa: tu salud.
La salud es más importante que la edad
Hasta ahora venimos explorando el deseo y el timing. La estrategia de congelar óvulos se basa en la idea de que, con la edad, la calidad de nuestros óvulos empeora drásticamente. Así que viene al caso preguntar si hay alguna razón por la que creés que tu salud va a empeorar considerablemente en ese lapso de tiempo.
¿Y si pudiera mejorar? No por arte de magia, claro, sino como consecuencia de decisiones concretas y conscientes sobre tu estilo de vida, alimentación y tu salud mental. Este es el real preservar tu fertilidad.
Es muy bueno que todas las personas cercanas a sus 30 años se cuestionen en relación a su deseo o no deseo de ma/paternar. Pero ojalá sea una reflexión desde el deseo y el autoconocimiento, y no desde la presión social y mucho menos desde la presión del mercado.
El “reloj biológico”
Por supuesto que la edad importa. Si bien no comparto que se utilice como herramienta de chantaje emocional, el “reloj biológico” es real, natural y coherente con nuestra capacidad de acompañar a un hijo o hija en sus primeros años de vida.
Es muy bueno que todas las personas cercanas a sus 30 años se cuestionen en relación a su deseo o no deseo de ma/paternar. Pero ojalá sea una reflexión desde el deseo y el autoconocimiento, y no desde la presión social y mucho menos desde la presión del mercado.
Procedimientos de alta complejidad
Congelar óvulos implica que, para embarazarte, tendrías que atravesar un procedimiento de FIV, un procedimiento categorizado como “de alta complejidad”. Implica una estimulación hormonal a través de inyectables, un monitoreo a través de ecografías y análisis de sangre, y (al menos) una transferencia embrionaria. Todo eso con sus tiempos, costos, efectos secundarios y tasa de eficacia. ¿Estás dispuesta a atravesar un proceso de alta complejidad para ser mamá? ¿Qué dice tu cuerpo al respecto?
Para el momento en que decidas empezar a buscar, ¿estás cómoda con la idea de que sea a través de un procedimiento de fertilidad asistida o la FIV sería un plan B? O sea, embarazarte de forma “natural” podría ser una opción, pero no usarías los óvulos que congelaste. A todo esto, ¿cuánto sale ese plan B?
Estrategias en tiempos de crisis
Estamos en una crisis de fertilidad global: la fertilidad de hombres y mujeres es 50% menor que la de hace dos generaciones. Por lo tanto, cada vez más parejas necesitan acudir a procedimientos de fertilidad asistida para lograr un embarazo.
En lugar de acudir a la tecnología como estrategia por defecto, ¿qué tal si antes acudimos al conocimiento y la soberanía? Conocer tu ciclo y sus indicadores de salud (o síntomas de desequilibrio) debería ser el primer paso ante una dificultad reproductiva, o mismo ante el simple interés de en algún momento ser mamá (y la verdad es que es un planazo para cualquier mujer que se interese en su salud integral). A través del registro de tu ciclo podrás ver la calidad de tu salud ovulatoria, que es prácticamente el único indicador de calidad ovocitaria (mucho más significativo que el examen de antimulleriana).
No es congelar las sobras de un asado
Mi hipótesis es que una de las razones de mayor peso para congelar óvulos es la cultura del “aprovechar la oportunidad”: “Si existe y tengo los recursos para acceder a esta oportunidad: ¿cómo la voy a desaprovechar?”.
No estamos debatiendo sobre si congelar las sobras de un asado. Congelar óvulos implica poner el cuerpo de formas muy significativas y es un montón atravesar todo ese procedimiento y tener una parte de tu fertilidad congelada a cambio de la ilusión de “tener un plan b, por las dudas".
Es fundamental chequearlo con tu cuerpo y revisar qué es lo que te llama de congelar óvulos. ¿Es el miedo o es el entusiasmo? ¿Es la certeza de querer ser mamá a toda costa? ¿Es el necesitar más tiempo? ¿Es la ansiedad? Siempre será una combinación de varias, pero es clave identificar qué es lo que realmente querés y necesitás, para saber si congelar óvulos como estrategia responde a ese deseo y necesidad.
Hacer el amor con dios
Quiero cerrar con una propuesta que encontré en una conversación entre Florencia Carvajal y Lola de Las Voces del Vientre. Florencia acompañó a Lola en su proceso de discernimiento sobre congelar o no óvulos y luego, a lo largo del procedimiento en sí mismo. Cuando llegó a la instancia de extracción de óvulos, Florencia le propuso que fuera con la perspectiva de hacer el amor con la divinidad. Me encantó esta propuesta: sea cual sea la forma en la que comenzamos a crear una vida, pongámosle emoción y trascendencia; que querer embarazarte no sea un trámite, por favor.
Si elegís atravesar un procedimiento de fertilización asistida ¿cómo podrías apropiarte del proceso? ¿Cómo podrías ser menos paciente y más protagonista? Tal como existen los planes de nacimiento, podrías definir un “plan de extracción”, con una serie de pedidos y prioridades para que el equipo médico tenga en cuenta: ¿querés que alguien te acompañe en el block? ¿Te gustaría escuchar alguna música en especial? ¿Pedir que no conversen sobre sus vidas personales o profesionales?
Ffrente a esta recomendación, mi deseo más profundo es que siempre nos encontremos con un equipo de profesionales de la salud receptivos a este encare amoroso sobre los procesos de fertilidad y de salud en general. Claramente, no soy fan de congelar óvulos. Sin embargo, en casos en los que esta tecnología está más a favor de la vida que del mercado, me encanta la idea de que pueda vivirse con una perspectiva de amor y no tanto de intervención.
Lucía Ruggia es magíster en sociología de la cultura y la comunicación, y terapeuta Gestalt especializada en la relación con la fertilidad. Acompaña procesos terapéuticos individuales y de pareja, desde un enfoque gestáltico.
