Esta nota tiene por objetivo plantear una reflexión e invitar a un debate. Quienes la escribimos somos un grupo de docentes universitarias/os que venimos de distintas disciplinas: biología, filosofía, educación y psicología, que hemos convergido en la educación. A través de un grupo de estudio sobre los futuros de la educación, nos interesa pensar ¿qué futuros podemos imaginar para la educación en Uruguay? Y también ¿qué nos dicen sobre el presente las formas en que pensamos el futuro de la educación?
En este momento, en Uruguay y en otros países, desde distintos espacios y en distintas temáticas, se escucha y lee la palabra futuro: hay grupos académicos, de discusión política, de organizaciones sociales y educativas y desde la cultura en general que organizan encuentros y escriben sobre el futuro. El futuro social, político, democrático, de la convivencia, del ambiente, de la salud humana... y así podríamos seguir.
¿Por qué hoy pensamos tanto en el futuro y por qué nos interesa abrir un espacio colectivo para imaginar los futuros?
Creemos que pensar en el futuro no consiste únicamente en preguntarnos qué ocurrirá mañana. Las formas en que imaginamos –o dejamos de imaginar– el futuro también organizan nuestras decisiones, nuestros afectos y nuestras acciones en el presente. Cuando el futuro se estrecha o se vuelve amenazante, también lo hacen las posibilidades del presente.
Tal vez por eso, en distintas esferas, el futuro se ha convertido en una preocupación creciente. Preocupa porque, cada vez más, parece tenebroso. Si nos guiamos por los enfoques prospectivos para proyectar en qué condiciones estará la juventud, la educación, la vida sociopolítica o el ambiente del mañana, el panorama resulta poco alentador. A su vez, los enfoques prospectivos competen principalmente a las instituciones, a través de sus diversas formas de planificación.
Por eso, nos importa proponer un enfoque basado en la imaginación. Porque las instituciones planifican, pero las personas y los colectivos imaginan. Y la imaginación no es una forma de escapar de la realidad, sino un tipo de práctica sobre lo real que amplía aquello que somos capaces de considerar posible, y con ello, los márgenes para la acción colectiva. Allí donde solo parece haber adaptación o resignación, imaginar futuros permite reconocer alternativas.
Imaginar y crear implica un pensamiento que surja de los sujetos. En un mundo despersonalizado, volver a las personas es necesario para creer que algunas cosas pueden ser distintas, que hay alternativas a ese escenario desalentador, individualista y desigual en el que sentimos o visualizamos bloqueos de distinta índole, y que hay un futuro que puede ser común y existir para todas las personas.
Referirnos a futuros, en plural, intenta dejar en claro justamente que se trata de un pensamiento basado en sujetos diversos y múltiples, y en la convicción de que las alternativas para un futuro que nos incluya a todas/os son varias. De hecho, desde los estudios sobre futuros nos referimos a ellos en plural para que incluyan, en su imaginación, distintos puntos de vista y alternativas.
¿Por qué imaginar concretamente los futuros de la educación en Uruguay?
La educación en el país –mayormente pública– tiene una cobertura prácticamente universal en los primeros niveles educativos. Pero hace mucho tiempo persiste, como un problema complejo, la inasistencia, la menor cobertura, el desvínculo, de las y los jóvenes con el sistema educativo formal en etapas avanzadas de la enseñanza media. Lo que a su vez condiciona la posibilidad de continuidad de estudios terciarios, donde opera también una fuerte inequidad en los apoyos que necesitamos para esa continuidad. Esta situación es preocupante, tanto más en un país con una estructura demográfica como la de Uruguay.
Poner en común el valor de las palabras e imaginar futuros colectivos con nuevos significantes, basados en las personas y en un diálogo intergeneracional, es importante y constituye un ejercicio para el cultivo de la democracia.
Preocupa más aún si tenemos en cuenta que las expectativas de futuro de muchas/os jóvenes uruguayas/os aparecen hoy marcadas por la incertidumbre. Hoy, la mayoría de los y las jóvenes no ven el futuro de acuerdo con el guion meritocrático del ascenso social a través del estudio y el título profesional. Sin entrar a considerar los cambios acelerados en la configuración de las profesiones y su estudio, ese guion meritocrático sobre el futuro parece hoy estar más constreñido que nunca según origen socioeconómico.
Algunos datos del Latinobarómetro y la Usina de Percepción Ciudadana para Uruguay con relación al apego democrático y al cambio ambiental son impactantes: la percepción juvenil muestra menos apego por la democracia, pero se observa mayor acuerdo con distintas formas de protesta y nuevas dimensiones de la ciudadanía. El cambio climático como fenómeno global con impacto en lo local avanza más rápido de lo previsto, con un aumento de olas de calor, sequías y lluvias intensas que ya impactan en Uruguay. La alta dependencia del país de la producción agropecuaria, la energía hidroeléctrica y los recursos hídricos lo hacen especialmente vulnerable a estos cambios. El cambio ambiental ha sido reportado como una fuerte preocupación en sectores de nivel socioeconómico bajo y en las mujeres y es percibido en particular por las y los jóvenes como un tema que a futuro empeorará.
También, a diferencia de hace algún tiempo, el valor de algunas palabras se ha tergiversado y, en algunos casos, se ha transformado. La palabra lucha, que antes permitía advertir o visualizar una promesa y una identidad colectiva vinculada a una idea de futuro, se ve hoy vaciada de sentido y sin posibilidades de desarrollo. La palabra libertad, apropiada por los ultraliberalismos conservadores, es instrumentalizada para justificar la ley violenta del más fuerte. Y así podríamos seguir...
Esto nos lleva a consolidar una percepción de futuro cada vez más individual, en soledad, y delimitada por los contextos en los que nacemos y crecemos. Futuros constreñidos que operan como fuerzas concretas de restricción de las posibilidades del presente.
Por eso, poner en común el valor de las palabras e imaginar futuros colectivos con nuevos significantes, basados en las personas y en un diálogo intergeneracional, es importante y constituye un ejercicio para el cultivo de la democracia.
Sin duda, este ejercicio planteado desde y hacia la educación tiene el agregado de reflexionar también sobre la producción de conocimiento del hoy y del mañana; sobre la identificación de discursos negacionistas y antidemocráticos que circulan con mayor frecuencia que los basados en procesos científicos; y sobre la necesidad de volver a articular, en una misma reflexión sobre el futuro, las dimensiones culturales, materiales y políticas ligadas a la producción, apropiación y uso del conocimiento, la tecnología y las formas de vida compartida.
Por eso, traemos esta invitación a la reflexión. Concretamente invitamos a un espacio, organizado por un equipo de docentes de la Universidad de la República y financiado por el Espacio Interdisciplinario de esa misma institución, para imaginar colectivamente futuros posibles de la educación en Uruguay. Intentamos generar un espacio donde pensemos los futuros desde la educación, la vida social y democrática y el vínculo con el ambiente. Los encuentros serán los días 15 y 27 de julio de 18.00 a 20.00 en el Espacio Colabora. La invitación es abierta y esperamos generar un espacio de debate e intercambio colectivo.
Carolina Cabrera, Avril Regueira, Cecilia Sánchez y Agustín Cano son docentes universitarios. Para más información sobre la actividad, visitar https://www.cse.udelar.edu.uy/2026/06/24/futuros-y-educacion-en-uruguay-bloqueos-investigacion-imaginacion/.
