En los últimos meses se han publicado diversos artículos, con opiniones críticas sobre la reforma del transporte metropolitano que actualmente impulsa el gobierno nacional junto con las intendencias involucradas.
El transporte público es uno de esos temas sobre los que prácticamente todo el mundo tiene una opinión. Y es lógico que así sea. Se trata de un servicio que afecta la vida cotidiana de miles de personas todos los días y en el que conviven múltiples intereses: usuarios, trabajadores, empresas, gobiernos y organizaciones sociales. Dependiendo del lugar que ocupemos dentro del sistema, tendremos una visión diferente sobre cuáles son los problemas y cuáles deberían ser las soluciones.
El debate es saludable. Siempre lo es. Lo que ya no resulta tan saludable es seguir discutiendo eternamente la necesidad de una reforma, cuando hace décadas que el sistema arrastra problemas estructurales que nadie ha logrado resolver. Una cosa es discutir cuál es la mejor solución posible y otra muy distinta es asumir que podemos seguir postergando indefinidamente los cambios necesarios.
Sin embargo, existe algo todavía más preocupante cuando las críticas se construyen sobre supuestos que no son ciertos o sobre información incompleta. En esos casos, solamente caben dos posibilidades: o se desconoce la información disponible o existe la intención de generar dudas sobre aspectos que ya han sido explicados en numerosas oportunidades.
Es cierto que puede resultar engorroso leer toda la documentación técnica publicada por el Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP), la Agencia Metropolitana de Transporte o las diferentes instituciones involucradas. También es cierto que no todo el mundo tiene tiempo para seguir cada entrevista, conferencia o presentación pública sobre el tema.
Pero hoy contamos con herramientas que permiten acceder rápidamente a la información, resumir documentos o verificar afirmaciones. Aun sin esas herramientas, las autoridades han participado en instancias públicas, reuniones con organizaciones sociales, encuentros con usuarios y actividades de difusión donde se han respondido preguntas de todo tipo. La información está disponible para quien realmente quiera conocerla.
Uno de los ejemplos más recientes aparece en un artículo publicado sobre el precio de los boletos en el futuro sistema metropolitano. Allí se plantean dudas respecto de la viabilidad de mantener las tarifas actuales y sobre la forma en que se cobrará el transporte una vez implementada la nueva red.
Sin embargo, las autoridades han sido claras y consistentes sobre este punto desde el comienzo del proceso.
En múltiples oportunidades se ha afirmado que la reforma no implica modificar el valor de los boletos para los usuarios. Lo que sí cambiará son las herramientas de cálculo y las paramétricas que se utilizan para determinar los costos del sistema, algo que de todos modos ocurre periódicamente en el modelo actual.
Además, es fundamental entender que estamos ante la construcción de un nuevo sistema metropolitano de transporte. Analizar el tema exclusivamente desde la lógica de la estructura vigente conduce inevitablemente a conclusiones equivocadas. El objetivo de la reforma es, precisamente, superar las limitaciones del modelo actual, mediante una reorganización integral de recorridos, frecuencias, infraestructura y mecanismos de gestión.
Durante la reunión que la Coordinadora de Usuarios mantuvo con la Agencia Metropolitana de Transporte, este tema fue planteado de forma directa y la respuesta fue categórica. El mantenimiento del equilibrio económico del sistema seguirá siendo responsabilidad del Estado, incorporando los aportes que actualmente realizan las intendencias y el MTOP, junto con nuevos recursos que serán aportados por el Ministerio de Economía y Finanzas.
Es momento de discutir, de preguntar y de proponer. Pero no es momento de desinformar. Y mucho menos de generar incertidumbre sobre aspectos que ya han sido aclarados una y otra vez.
Por lo tanto, presentar como una incertidumbre algo que ya ha sido respondido reiteradamente no contribuye al debate. Por el contrario, genera confusión entre los usuarios.
Algo similar ocurre con las dudas planteadas sobre el sistema de cobro en los corredores BRT –bus rapid transit, según su nombre en inglés–.
Desde las primeras presentaciones públicas de la reforma se explicó que las estaciones cerradas funcionarán mediante validación de ingreso y egreso utilizando la tarjeta STM. Incluso puede verse claramente en varios de los materiales audiovisuales y presentaciones difundidas por las autoridades.
La lógica es sencilla. Para acceder a la estación será necesario validar la tarjeta STM y al abandonar la estación se realizará una nueva validación. De esa manera, el sistema podrá determinar el recorrido efectuado y aplicar automáticamente la tarifa correspondiente según las reglas definidas para los distintos tipos de viaje.
Esto permitirá mantener, sin mayores dificultades, las diferencias tarifarias existentes entre viajes urbanos, céntricos y metropolitanos, adaptándolas a la nueva estructura operativa.
En el resto de la red, al menos durante una primera etapa, el proceso continuará funcionando de forma similar a la actual, con validación a bordo de los vehículos.
Nada de esto constituye una innovación experimental ni una improvisación. Son mecanismos utilizados desde hace años en numerosas ciudades del mundo que operan sistemas BRT o redes integradas de transporte público.
Quienes están liderando esta transformación conocen profundamente el funcionamiento del sistema uruguayo. Han trabajado durante años en planificación de transporte, han estudiado experiencias internacionales, han visitado personalmente sistemas de referencia y han evaluado tanto aciertos como errores de otras ciudades.
A lo largo de estos meses he tenido la oportunidad de formular numerosas preguntas sobre distintos aspectos de la reforma. En todos los casos encontré respuestas concretas, técnicas y fundamentadas. Eso no significa que el proyecto sea perfecto ni que no existan aspectos discutibles. Ninguna transformación de esta magnitud está exenta de desafíos.
Pero sí demuestra que existe un trabajo serio de planificación, detrás de las propuestas que hoy se están presentando.
Por supuesto que no todos estarán de acuerdo. Es imposible conformar a todos los actores involucrados en un sistema tan complejo. Habrá diferencias legítimas, intereses contrapuestos y opiniones distintas sobre cuál debería ser el camino a seguir.
Lo que no deberíamos hacer es reemplazar el debate informado por la especulación.
La participación sigue abierta para quienes quieran aportar ideas, plantear mejoras o señalar problemas. Esa es la mejor manera de contribuir a la construcción de un mejor transporte público.
Porque después de décadas de diagnósticos, estudios y proyectos que nunca llegaron a concretarse, Uruguay está probablemente más cerca que nunca de contar con una transformación profunda del transporte metropolitano.
Es momento de discutir, de preguntar y de proponer. Pero no es momento de desinformar. Y mucho menos de generar incertidumbre sobre aspectos que ya han sido aclarados una y otra vez.
Mauricio Silvera integra la Coordinadora de Usuarios y Usuarias del Transporte.