El éxito comercial del cantautor inglés Ed Sheeran es mayor que el de artistas con muchas más décadas de popularidad y prestigio. Sheeran se hizo querer pisando terreno seguro, como un buen muchacho tan sencillo como sus canciones pop dulzonas, sobre las emociones y los problemas de gente común. A eso le sumó algunas posiciones públicas, formuladas con moderación, de apoyo a los derechos de las personas LGTBI+, oposición al Brexit y solidaridad con Ucrania, en sintonía con el progresismo del Norte desarrollado y sin exponerse a grandes controversias, pero su larga estadía en lo políticamente correcto terminó hace diez días, en forma inesperada y abrupta.
Una tormenta previsible
Sheeran comenzó en enero la Loop Tour, una gira por Oceanía y el continente americano. Desde hace más de tres meses está tocando en Estados Unidos, y su espectáculo del 4 de setiembre en Nueva Jersey fue el primero con la actuación previa del rapero estadounidense Macklemore, uno de los 15 grupos y solistas contratados como teloneros para distintos tramos de la gira.
Macklemore no es un desconocido. Tuvo un período de auge en la segunda década de este siglo y es un activo militante por varias causas políticas. Desde 2023 ha hecho acusaciones públicas de genocidio y apartheid contra el gobierno de Israel y en 2024 lanzó la canción “Hind's Hall”, en apoyo a las manifestaciones universitarias con esa misma orientación. Sheeran y él compartieron escenario por primera vez en 2014, han grabado juntos y mantenían relaciones amistosas hasta hace muy poco. Para el inglés no pudo ser una sorpresa que Macklemore, antes de cantar “Hind’s Hall” en Nueva Jersey, explicara que una de las razones por las que había decidido participar en la gira de Sheeran era la oportunidad de decir “Free Palestine” en algunos de los mayores estadios de su país.
Organizaciones y personas que apoyan al gobierno de Israel criticaron duramente a Macklemore, quien reafirmó su posición durante el segundo espectáculo de la gira en Nueva Jersey, el 5 de setiembre. Antes de que se realizara la siguiente actuación de Sheeran en Estados Unidos, el 19 de setiembre en Filadelfia, arreció la campaña contra el rapero, y este hizo saber el 14 de setiembre que lo habían desvinculado de la gira. Según Macklemore, Sheeran le contó que había estado bajo presión del magnate Robert Kraft, propietario del Gillette Stadium de Massachussets, la escala de la Loop Tour posterior a Filadelfia. El rapero afirmó que Kraft, de quien Benjamin Netanyahu dijo en 2019 que “Israel no tiene un amigo más leal”, había amenazado a Sheeran con cancelar las actuaciones en su estadio si estas incluían a Macklemore, y que había convencido a los dueños de otros escenarios para que se sumaran al boicot.
Comenzó una oleada de cuestionamientos a Sheeran, y decidieron abandonar la gira varios de los otros teloneros, así como el grupo irlandés Beoga, que acompañaba al cantante en parte del espectáculo.
De mal en peor
Los intentos de reducir daños por parte de Sheeran han sido poco eficaces o contraproducentes. Alegó que la decisión de expulsar a Macklemore de la gira no había sido suya, sino de la empresa organizadora, y pareció cobarde, porque eludió el hecho de que un multimillonario como él tiene mucho margen para ejercer contrapresión y afrontar las consecuencias económicas. Afirmó que estaba “consternado por el conflicto entre Israel y Palestina” y los sufrimientos “causados a ambas partes”, aumentando las indignaciones por el intento de equidistancia. Sostuvo que prefiere mantener sus espectáculos como un espacio seguro para cualquiera, sin expresar en público sus puntos de vista “sobre ese conflicto devastador”, y le señalaron el antecedente de Ucrania.
Por otra parte, en los argumentos de Sheeran parece estar implícita la idea de que los mensajes políticos deben plantearse solo entre quienes están de acuerdo con ellos. Eso disminuye, por supuesto, las probabilidades de que alguien cambie de opinión, al igual que las políticas de “cancelación” que excluyeron a Macklemore de la gira y que ahora mucha gente propone aplicarle a Sheeran.
Tratar de agradarles a todas las personas se vuelve cada vez más difícil en este polarizado mundo, pero la pretensión de no estar expuestos a nada que nos pueda resultar ofensivo agrava la situación. Cabe suponer que Sheeran cuenta con un equipo profesional y solvente de relaciones públicas, y sus errores gruesos en la materia resultan insólitos, pero el problema no es técnico, sino ideológico.
La libertad de opinión ampara posiciones opuestas a las de Macklemore, y la de expresión permite que cada persona elija sobre qué asuntos se expresa en público. La cuestión es que Sheeran tuvo que decidir si se sometía a la voluntad de quienes querían hacer un escarmiento con su amigo, contra las libertades de opinión y de expresión, o ponía en juego sus considerables recursos para enfrentarlos. Lo que hizo implica una complicidad pasiva con la violencia política en general, y no solo con la que dijo que lo consterna en Gaza.
