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Ilustración: Ramiro Alonso

A propósito del homenaje a Walter Medina: la memoria no se tutela

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La nota publicada en la diaria el 14 de agosto a partir del cruce ocurrido en la Junta Departamental de Colonia puso en conocimiento público una discusión que merece ir más allá de la diferencia puntual entre dos bancadas. Lo sucedido el 12 de agosto, cuando la bancada del Partido Nacional promovió reconsiderar una resolución previamente aprobada sobre el homenaje a Walter Medina, interpela una práctica política más profunda: la pretensión de establecer cómo debemos recordar a nuestros mártires, qué aspectos de sus luchas podemos reivindicar y hasta dónde podemos vincular su memoria con los debates del presente.

Walter tenía 16 años cuando fue asesinado, en julio de 1973, mientras escribía en un muro de su barrio la consigna “Consulta popular”. Era un adolescente socialista, comprometido con su tiempo, sensible frente a las desigualdades y convencido de que la política podía transformar la realidad. 53 años después su figura sigue interpelándonos precisamente porque las razones que movilizaron su militancia no pertenecen exclusivamente al pasado.

Durante este año, desde la juventud socialista impulsamos, a través de las y los ediles que integran la bancada joven del Partido Socialista en distintos departamentos, una serie de intervenciones para reivindicar a Walter. No se trata únicamente de preservar su memoria, sino de recuperar aquello que representan para las nuevas generaciones el compromiso democrático, la sensibilidad social, la participación política y la voluntad de transformar una sociedad atravesada por desigualdades.

La intervención realizada por el compañero Enzo Poggio en nombre de la bancada socialista de Colonia se inscribió en ese marco. Allí se reivindicó a Walter y, desde esa memoria, se reflexionó sobre problemas del presente, entre ellos la pobreza infantil y las decisiones políticas que se toman frente a ella. Se expresó una posición política. Podrá ser compartida o cuestionada. Eso es, precisamente, hacer política en democracia.

Sin embargo, la bancada del Partido Nacional decidió cuestionar que el homenaje incluyera una valoración sobre la actualidad política y promovió reconsiderar el envío de las palabras de Poggio, que había sido aprobado previamente por la mayoría de la propia Junta Departamental, incluyendo varios de sus votos.

Aquí aparece el problema que trasciende este episodio. ¿Qué concepción de la memoria democrática estamos construyendo si una intervención puede ser aprobada institucionalmente y, días después, revisada porque la bancada oficialista considera que una parte de su contenido político no corresponde? ¿Quién determina qué se puede decir cuando recordamos a nuestros mártires? ¿Acaso existe una manera políticamente neutral de recordar a un joven asesinado por la dictadura?

La memoria no es estática. Cada generación vuelve sobre el pasado desde las preguntas, preocupaciones y desafíos de su propio tiempo. Pretender que un homenaje debe limitarse a una evocación descontextualizada, separada de cualquier reflexión sobre el presente, es desconocer justamente aquello que hace que la memoria tenga sentido.

No reivindicamos a Walter solo porque haya sido un adolescente socialista asesinado hace 53 años. Lo reivindicamos porque aquello por lo que militó sigue teniendo vigencia. Porque la democracia que defendió requiere ser defendida todos los días. Porque las desigualdades que lo sensibilizaban siguen existiendo. Porque la política que practicó, una política comprometida con transformar la realidad, continúa siendo necesaria.

¿Quién determina qué se puede decir cuando recordamos a nuestros mártires? ¿Acaso existe una manera políticamente neutral de recordar a un joven asesinado por la dictadura?

Por eso, resulta preocupante que se pretenda tutelar la forma en que una fuerza política reivindica a sus propios mártires. La discrepancia política es legítima. La crítica también. Lo que no debería naturalizarse es que el desacuerdo con una posición política se transforme en un intento de censura sobre las palabras pronunciadas en un homenaje por un representante electo por mandato popular.

Y hay, además, una dimensión institucional que no podemos pasar por alto. La Junta Departamental había aprobado el envío de la intervención a los diferentes organismos solicitados. Luego, ante el desacuerdo de parte de su bancada con el contenido, se promovió reconsiderar aquella decisión. No estamos ante una simple diferencia sobre la interpretación de la historia, estamos ante una práctica política que establece un precedente preocupante. Si una intervención aprobada puede ser posteriormente retirada porque incomoda políticamente, ¿qué garantías existen para que las futuras expresiones de las y los ediles no queden sometidas a una suerte de aprobación posterior por parte de quienes discrepan con ellas y ostentan mayoría automática?

La política democrática supone deliberar, confrontar ideas y asumir que no siempre vamos a estar de acuerdo. No supone proteger a la ciudadanía de aquello que una bancada considera políticamente inconveniente.

También resulta significativo que, al cuestionar la intervención de Walter, se haya pretendido contraponer su asesinato con otros episodios de violencia política ocurridos durante las décadas previas a la dictadura. Toda vida perdida merece respeto. Pero la memoria democrática exige contexto, responsabilidades y capacidad de distinguir procesos históricos. Walter Medina fue asesinado por el Estado en el marco del avance autoritario durante los primeros días de la dictadura. Recordarlo no es relativizar otras violencias, es asumir nuestra historia con honestidad.

El 14 de agosto, Día de los Mártires Estudiantiles, vuelve a recordarnos que la memoria no puede ser una ceremonia vacía. Mantenerla viva significa discutir qué país tenemos, qué desigualdades persisten, qué democracia queremos y qué estamos dispuestos a hacer para transformarla. Significa que las juventudes puedan apropiarse de su historia y resignificarla desde su propio presente.

La memoria no se conserva intacta. Se transmite, se discute y se vuelve a construir. Y si algo nos enseñan Walter Medina y tantos otros mártires estudiantiles es que la juventud no está llamada a mirar la historia desde afuera, está llamada a protagonizarla.

Por eso defendemos la intervención de la bancada socialista de Colonia y el derecho del edil Enzo Poggio a expresar, en su nombre, una posición política. Pero defendemos, sobre todo, algo más profundo: el derecho de las nuevas generaciones a recordar a sus mártires sin tutelas, sin censuras y sin que nadie pretenda decirnos qué parte de sus luchas podemos traer al presente.

Walter escribió “Consulta popular” en una pared cuando tenía 16 años. Hoy, 53 años después, nuestra responsabilidad no es solamente recordar lo que escribió. Es preguntarnos qué nos sigue diciendo.

Nicolás Wirgman es secretario general de la juventud socialista.

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