El Día Internacional de los Pueblos Indígenas se conmemora cada 9 de agosto en reconocimiento a la primera instancia de trabajo de la Organización de las Naciones Unidas sobre la población indígena celebrada en Ginebra en 1982. En el marco del IV Encuentro de Mujeres de América Latina y el Caribe, que se llevó a cabo en Buenos Aires los días 24, 25 y 26 de julio, un diálogo horizontal y plurinacional se erigió como plataforma de denuncia y resistencia colectiva. Desde este espacio, nos encontramos con que las compañeras originarias exigimos y reivindicamos cotidianamente la protección irrestricta del ambiente y de la tierra, recordando firmemente que los pueblos originarios son comunidades preexistentes a las dinámicas colonialistas. La defensa del territorio se presenta como una prioridad irrenunciable ante la intensificación de modelos extractivistas que amenazan los bienes comunes y la biodiversidad de nuestro continente.
Las consignas del encuentro apuntaron de manera directa contra el avance de los agrotóxicos, los transgénicos y la creciente extranjerización de la tierra, así como contra la depredación inmobiliaria gentrificante. Asimismo, las delegadas cuestionamos los impactos socioambientales de proyectos como el hidrógeno verde y la prospección sísmica, reafirmando una postura inclaudicable en defensa de los territorios, del agua y de la vida. Esta lucha ecofeminista se posiciona como una barrera crítica frente a los fascismos y al imperialismo del gran capital que condicionan la soberanía de los pueblos del Abya Yala.
En el contexto uruguayo, la reconstrucción de la identidad indígena enfrenta una complejidad particular debido a la anulación histórica provocada por un genocidio sistemático, tanto físico como cultural, cuyos efectos se perpetúan hasta la actualidad. Las mujeres originarias visibilizamos que somos sobrevivientes de dinámicas históricas de explotación sexual infantil, trata y servidumbre esclavista que han dejado huellas profundas. La recuperación de la memoria histórica se convierte así en un acto fundamental de justicia y reparación.
A estas violencias históricas se suma una sobreexigencia constante en los espacios de militancia, donde suele faltar la contemplación o creación de espacios dedicados al cuidado de las niñeces. Desde el movimiento se reclama la urgencia de reconocer el trabajo de cuidados como una labor militante en sí misma y como un aporte imprescindible para la construcción de un futuro de emancipación real. A la par, se denuncia la existencia de un colorismo opresivo que estructuralmente criminaliza y encarcela mayoritariamente a las personas afro e indígenas, teniendo también relegadas a nuestras poblaciones en una situación de pobreza estructural, como demuestran las estadísticas.
Para Uruguay, las comunidades internacionales apoyan de forma concreta el reconocimiento estatal de los pueblos indígenas y la ratificación del Convenio 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas y Tribales. Desde los movimientos sociales exigimos una agenda legislativa que impulse sin pausa leyes específicas de reconocimiento, reparación histórica, protección ambiental y salvaguarda del patrimonio cultural de las comunidades originarias. Estas medidas se consideran pasos fundamentales para desmantelar la invisibilización y desposesión cultural e institucional que ha prevalecido durante siglos hasta el presente.
Desde los movimientos sociales exigimos una agenda legislativa que impulse sin pausa leyes específicas de reconocimiento, reparación histórica, protección ambiental y salvaguarda del patrimonio cultural de las comunidades originarias.
Finalmente, el encuentro ratificó su dimensión internacionalista al acompañar abiertamente las luchas de los pueblos en Bolivia, Perú, Colombia, El Salvador, Venezuela, Cuba, Palestina y demás territorios afectados por la injerencia imperialista. Expresamos un respaldo total a la causa de las mujeres y colectivas feministas en Honduras y Ecuador que sostienen la pelea por el acceso a un aborto legal, seguro, libre y gratuito. Así, reafirmamos la sorofraternidad, solidaridad y apoyo en las luchas entre los pueblos de la patria grande.
Jimena Marrero Cruz es integrante de la Comunidad Guidaí Tekoha, profesora de Pedagogía e Historia, y magíster en Enseñanza Universitaria.