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Opinión Posturas

Inteligencia artificial y plusvalía

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En una charla sobre desafíos y oportunidades de la inteligencia artificial (IA), uno de los oradores dijo (cito de memoria) que mientras en la izquierda sigamos analizando la realidad con los esquemas del siglo pasado y sigamos hablando, por ejemplo, de imperialismo, las cosas no van a funcionar. Y remató: “Yo les digo a mis amigos frenteamplistas: ¿dónde está la plusvalía de Google?”.

No da para pudrir un evento organizado para hablar de otra cosa, pero tampoco da para dejarlo pasar, porque la frase es modélica: el epítome de los argumentos de la derecha repetidos y defendidos como si fueran de izquierda.

Sobre la vigencia del imperialismo y de las ideas no ya del siglo XX, sino del siglo XIX, en 2026 no es necesario extenderse; alcanza con mencionar la doctrina Donroe. Pero la idea de que las empresas tecnológicas abolieron el concepto mismo de plusvalía vale un análisis más detallado, porque está en el corazón del liberalismo y el libertarismo: refutar la afirmación de que la única fuente de valor es el trabajo humano.

Sin trabajo humano no hay valor, en el 510 y en el 2000 también. Cuando en un call center reemplazan telefonistas por IA, no eliminan el trabajo humano, reemplazan a los trabajadores que contestan el teléfono por trabajadores que construyen y operan IA. Porque la IA la programaron, la entrenaron, la operan, la soportan y la mantienen trabajadores. También hay trabajadores que producen energía eléctrica, equipos de aire acondicionado, trabajadores que se llevan la basura, y podríamos seguir durante mucho tiempo citando personas que trabajan para que la IA pueda contestar el teléfono creando la ilusión en el propietario de una empresa de que “ahora contesto sin trabajadores”.

En sus estudios para la elaboración de El capital, Karl Marx analizó en profundidad el tema de la generación de valor y la plusvalía, entre 1861 y 1863. Prácticamente la mitad de ese trabajo (12 de los 23 cuadernos que escribió) están dedicados a la plusvalía. En el primer volumen afirma: “El capital [...] en el sentido usual en que los economistas emplean esta palabra, como trabajo acumulado existente en dinero o en mercancías, el capital ejerce una acción productiva en el proceso de trabajo, al igual que todas las condiciones de trabajo, incluyendo las fuerzas naturales gratuitas, pero no es nunca fuente de valor. No crea nunca un nuevo valor y solo añade valor de cambio al producto siempre y cuando él mismo lo tenga, es decir, cuando él mismo se convierta en tiempo de trabajo materializado, lo que quiere decir que la fuente de su valor es el trabajo”.

Al contrario de lo que afirma nuestro orador, en el capitalismo el aumento de la productividad por el desarrollo de la tecnología no disminuye o elimina la plusvalía, sino que sucede todo lo contrario: la aumenta. Porque crece el valor total y, como no crece la parte del trabajador, es una deducción obvia que la porción que se lleva el capitalista se hace mayor. Y esto también está analizado y escrito hace mucho tiempo por el propio Marx en la misma obra: “A medida que la industria se hace más productiva, disminuyen los costos de producción del salario. Se emplea menor número de trabajadores en proporción al producto y consumen, por tanto, una parte menor de él. [...] Aumentará, por tanto, la plusvalía del capitalista y su plusproducto. [...] En efecto, el aumento de la plusvalía significa que el trabajador puede producir sus medios de sustento en menor tiempo que antes y que, por tanto, representa menor tiempo de trabajo el valor de las mercancías consumidas por él”.

En el capitalismo el aumento de la productividad por el desarrollo de la tecnología no disminuye o elimina la plusvalía, sino que sucede todo lo contrario: la aumenta.

Siempre ha habido una discusión muy ardua sobre cómo calcular la plusvalía, algo que a la medida que la historia avanza, se hace cada vez más complejo. Pero eso sucede con la mayoría de los conceptos económicos. Por ejemplo, calcular el costo marginal de un token de IA es un rompedero de cabeza, lo que no hace que el concepto de costo marginal no sea válido; por el contrario, sigue siendo muy útil a la hora de entender la economía. Lo mismo vale para la plusvalía: la dificultad para su cálculo en el caso concreto de una aplicación de IA no implica que la tecnología digital o la IA generan valor de forma espontánea.

La idea de que el capital produce valor por una especie de derecho natural, por el mero hecho de estar ahí, es la base teórica para admitir al capitalismo como un sistema justo, evitando de un plumazo la discusión sobre el poder y la distribución de la riqueza. De esa forma el trabajador se lleva su parte y el capitalista la suya, mediadas por la negociación libre en el mercado. Es por eso que en la derecha odian la teoría de la plusvalía. Es la espina que tienen clavada, que con una lógica simple y sin fisuras muestra la crudeza y violencia del capitalismo no solo en función de lo que sucedía en el siglo XIX, sino previendo con solidez el desarrollo del capitalismo hasta nuestros días.

Si en la izquierda seguimos admitiendo los argumentos de la derecha, si en la izquierda creemos que como no hay más plusvalía Elon Musk acumula la riqueza equivalente al 25% más pobre de los hogares de Estados Unidos porque es muy vivaracho, y que la violencia de las guerras, aranceles e intromisiones inmorales se despliegan porque gobierna un loco y no porque es necesario defender violentamente la expropiación de una porción exorbitante de la riqueza que producen los trabajadores, estamos en el horno.

Mientras escribo, mi mente repite una y otra vez la canción “Disculpe el señor”, de Joan Manuel Serrat. El mayordomo le relata al señor cómo llegan miles y miles de pobres “que no tienen nada de nada. No entendí muy bien si nada que vender o nada que perder, pero, por lo que parece, tiene usted alguna cosa que les pertenece”, y los pobres siguen y siguen llegando hasta que termina: “Le dejo con los caballeros y entiéndase usted. Si no manda otra cosa, me retiraré, y si me necesita, llame. Que Dios le inspire o que Dios le ampare, que esos no se han enterado que Carlos Marx está muerto y enterrado”.

Daniel Mordecki es docente de Usabilidad y fue director ejecutivo de la Agesic.